Las nuevas máquinas de guerra - Semanario Brecha
La inteligencia artificial potencia la agresión militar

Las nuevas máquinas de guerra

La agresión militar israelí-estadounidense contra Irán pone de manifiesto la revolución bélica y represiva desatada por la inteligencia artificial, así como antes la ola de detenciones y deportaciones de inmigrantes por el ICE en Estados Unidos y el aniquilamiento de la sociedad palestina de Gaza por Israel.

Uno de los manifestantes de una protesta en la que muchos yacían sobre el suelo frente a las oficinas de Palantir, en Nueva York, Estados Unidos, el 21 de marzo. EFE, EPA, Olga Fedorova.

La inteligencia artificial (IA) permitió la decapitación del liderazgo iraní, multiplicó la eficacia de los bombardeos sobre Teherán, favoreció la obtención de supremacía aérea de parte de los agresores.

Palantir es la líder estadounidense en IA aplicada a la guerra y a la represión. En 2011 demostró su eficacia al identificar el escondite de Osama bin Laden en Pakistán, algo reconocido a medias por su fundador, Peter Thiel, en su libro de 2014 Cero a uno: notas sobre las start-ups o cómo construir el futuro. Forbes calificó el software de Palantir de «aplicación matadora».

Thiel es un milmillonario formado en derecho y en filosofía e impulsor del aceleracionismo, una teoría que pregona desde la derecha una sociedad tecnológica, antidemocrática y monopolística que surgiría de la revolución de la IA. Fue uno de los principales contribuyentes a las campañas de Donald Trump.

Su tecnología nació como un «híbrido humano-computador, para identificar redes terroristas y fraude financiero», según escribió en Cero a uno. «Ya sabíamos que el FBI estaba interesado, y en 2004 fundamos Palantir, una compañía de software que ayuda a extraer conclusiones de diversas fuentes de información», añadió.

El enfoque «híbrido humano-computador», desarrollado primero en PayPal, empresa que fundó con anterioridad y luego vendió, consiste en que un equipo de analistas corrige los resultados de millones de datos procesados por el software en supercomputadoras, proceso que habría requerido el trabajo de cientos de miles de analistas humanos.

Este tipo de software ha contribuido a bombardeos de altísima precisión en Gaza, en Yemen, en Líbano, en Irán, así como a los asesinatos selectivos perpetrados por Israel. El Instituto Internacional de Estocolmo para la Investigación de la Paz afirma que Israel depende en gran medida de tecnología de inteligencia de Estados Unidos.

Esta tecnología fue utilizada por Washington para asesinar al general iraní Qasem Soleimani en 2020 en Irak. También para secuestrar al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, y su esposa, Cilia Flores, según el Wall Street Journal.

Palantir es la empresa preferida de la CIA, del Pentágono y de las agencias de seguridad de Estados Unidos. Desde 2020 tiene contratos con el Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) para localizar a familias de inmigrantes y en 2024 concluyó una alianza estratégica con el Ejército israelí para su campaña en Gaza.

La red neuronal Maven, de Palantir, junto con el modelo de lenguaje de Anthropic, permitió reducir en el ataque a Irán la kill chain –la cadena de asesinatos de personas predeterminadas– de varios días a pocos minutos, es decir desde la definición de un objetivo, o de varios cientos al mismo tiempo, hasta su eliminación con intervención humana.

UNA BREVE HISTORIA DE LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL

En solo 14 años, la IA y la biología sintética están protagonizando una acelerada revolución tecnológica tan trascendente para la humanidad como el descubrimiento del fuego o de la rueda, afirmó uno de sus precursores, el británico Mustafá Suleyman. Y, viendo lo que está ocurriendo, de la pólvora y la bomba atómica también…

Esta revolución tiene que ver con dos aspectos cruciales de la humanidad, la inteligencia y la vida, escribió Suleyman, cofundador de la primera start-up de IA, DeepMind, en su libro ya clásico La ola que viene (Penguin Random House, 2023).

El punto de inflexión de la IA ocurrió en 2012, cuando el equipo de investigadores del científico Geoffrey Hinton, de la Universidad de Toronto, utilizó «aprendizaje profundo» (deep learning) para crear un modelo mucho más preciso que cualquiera anterior, según la periodista de Bloomberg Parmy Olson en su premiado Supremacy, AI, ChatGPT, and the Race That Will Change the World, publicado en 2024 («Supremacía, IA, ChatGPT y la carrera que va a cambiar al mundo», todavía no traducido al español).

Los resultados del equipo de Hinton dejaron perplejo al mundo de la IA, centrado entonces en la academia y los departamentos de Investigación y Desarrollo de las grandes tecnológicas de la primera ola de los noventa, impulsada por las computadoras personales, internet y los teléfonos inteligentes.

El aprendizaje profundo mejoró el aprendizaje reforzado desarrollado por el genio matemático británico Demis Hassabis, el verdadero pionero de la IA, fundador de DeepMind en 2010. Peter Thiel fue uno de sus primeros inversores.

El aprendizaje reforzado y el profundo usan «redes neuronales inspiradas laxamente en el cerebro humano» y este «sistema aprende cuando sus redes son entrenadas en gran cantidad de datos», escribió Suleyman. Hassabis, su socio de entonces, se inspiró en el trabajo de su predecesor británico, Alan Turing, y en el cerebro humano para desarrollar la IA. En 2005 comenzó a estudiar neurociencia y en 2024 fue uno de los tres ganadores del Premio Nobel de Química por utilizar la IA para predecir las estructuras tridimensionales de casi todas las proteínas conocidas.

En 2015, el estadounidense Sam Altman, impulsor de varias de las start-ups de Silicon Valley, decidió fundar OpenAI junto con Elon Musk para competir con Hassabis. Musk detestaba a Hassabis, consideraba que su proyecto de IA era un peligro para la humanidad, pero precisaba la IA para sus empresas. Peter Thiel también participó en su financiamiento.

Altman contrató a cinco personas que habían trabajado en DeepMind y conocían sus secretos y se convirtió en un adversario enconado de Hassabis. Musk no tardó en romper con Altman.

EL IMPACTO DE CHATGPT

Hassabis se dedicó a desarrollar juegos para crear modelos que le permitieran descubrir sus secretos. Con su red neuronal AlphaGo derrotó en 2016 y 2017 a los dos mejores jugadores de Go, un muy complejo juego de mesa chino.

Altman se orientó hacia los grandes modelos de lenguaje (GML), y sorprendió al mundo en 2022 con su bot ChatGPT3, que una semana después de lanzado había sido utilizado por más de 1 millón de personas.

El algoritmo de ChatGPT identifica secuencias de lenguaje, detectando palabras a las que debe prestar atención, y así aprende a autocompletar frases. Este modelo se llama transformer. La sigla GPT es por generative pre-trained transformer (transformador generativo preentrenado). Los GML ya no se limitan a producir texto, sino que también crean imágenes, videos, música, secuencias de DNA y muchos otros tipos de datos.

LAS GRANDES TECNOLÓGICAS SE APROPIAN DE LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL

DeepMind y OpenAI quisieron mantener su independencia de los grandes monopolios tecnológicos orientados a ganar dinero, como Google, Microsoft, Amazon, Facebook. Pero precisaban financiamientos milmillonarios, gran poder computacional, gigantescas cantidades de datos para entrenar sus algoritmos y muchísimo espacio en la nube. Las grandes tecnológicas se apropiaron, entonces, de su tecnología.

Un estudio del Massachusetts Institute of Technology de 2023 citado por Olson estableció que las grandes compañías tecnológicas pasaron a dominar en la última década la propiedad de los modelos de IA: del 11 por ciento en 2010 al 96 por ciento en 2021. Ese año, las agencias del gobierno estadounidense no involucradas en defensa presupuestaron 1.500 millones de dólares para IA. El sector privado invirtió 340.000 millones.

Microsoft se tragó a OpenAI y Google a DeepMind. Esta ayudó a Google a seguir como la fuerza dominante en las búsquedas en la web. OpenAI fortaleció a Microsoft en su ya dominante negocio en la nube con nuevas aplicaciones, como Copilot para programadores. Nunca en la historia existieron empresas tan poderosas tanto por su capitalización de mercado en billones de dólares como por los miles de millones de personas que consumen diariamente sus servicios (y la publicidad de Google, Facebook, TikTok, YouTube). Y lo lograron en solo dos décadas.

Sobrevino la gran competencia entre los GML de estos monopolios, puestos a disposición del público sin mayores controles de seguridad. El público no es solo un consumidor, sino también una materia prima, porque los modelos evolucionan a partir de su empleo por los usuarios. Estos modelos, que se nutren de internet y las redes sociales, reproducen los prejuicios dominantes, raciales, de género, nacionales, religiosos, contra minorías, inmigrantes. Los algoritmos de las tecnológicas que lucran de la publicidad precisan mantener a sus consumidores enganchados para aumentar sus ventas, así que les envían material que coincide con sus convicciones, creando cámaras de resonancia que radicalizan y/u orientan las tensiones sociales.

ANTHROPIC Y LOS AMODEI

El último salto en IA lo dio el estadounidense Dario Amodei, un físico e investigador de OpenAI preocupado por la comercialización de tecnología de IA y el lanzamiento de productos de IA al público sin importar sus peligros o consecuencias dañinas. Junto con su hermana Daniela, Dario Amodei abandonó OpenAI, fundaron Anthropic y en 2023 lanzaron su propio modelo de lenguaje, Claude. En un año recabaron 580 millones de dólares, y después, 6.000 millones de Microsoft y Google.

Los Amodei se mantuvieron independientes y coherentes con sus ideas de contener la IA y la biología sintética. A fines de febrero pasado Trump sancionó a Anthropic por las limitaciones que incluyó en su contrato de 200 millones de dólares con el Pentágono. Los Amodei impiden que su software sea utilizado para disparar armas autónomas sin intervención humana y para vigilar a grandes sectores de la población estadounidense.

El Pentágono tiene un gran atraso en el desarrollo de armas autónomas, como señaló el exdirector de la CIA y excomandante de las tropas de su país en Irak David Petraeus, el 12 de marzo en Foreign Affairs. El verdadero laboratorio de la guerra autónoma se encuentra en la guerra de Ucrania, con innovaciones tanto de Kiev como de Moscú, y en menor medida en Oriente Medio, dijo.

Trump acusó a Anthropic de «izquierdista» y la incluyó en la lista de empresas de riesgo para la cadena de suministros del gobierno estadounidense. Pero Palantir depende tanto del software de Anthropic que esta ruptura tomará efecto recién dentro de seis meses. La tecnología de Anthropic le es fundamental en la guerra en Irán para definir objetivos, planificar estrategias y guiar drones y misiles. Altman se ofreció inmediatamente al Pentágono para reemplazar a Anthropic.

DOCTRINAS Y UTOPÍAS DE LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL

El altruismo eficiente es una doctrina nacida en la Universidad de Oxford entre 2011 y 2012. Sostiene que sus adherentes deben trabajar en las start-ups, en las empresas tecnológicas, en las finanzas, para amasar fortunas y dedicarlas a la filantropía, invirtiendo donde beneficien al mayor número de personas. El creador de esa doctrina fue un joven filósofo de Oxford, William MacAskill.

Si bien el altruismo eficiente fue dominante en Silicon Valley y Redmond, Washington (sede de Microsoft), actualmente las tecnológicas y muchas start-ups como OpenIA se han alineado con Trump, que las protege de intentos de regularlas en Estados Unidos o en el extranjero.

Peter Thiel prevé, por su lado, un mundo de monopolios todopoderosos y soberanos, cuyos gérmenes son los ya existentes (Google, Microsoft, Amazon, Oracle, Facebook, Nvidia, Apple), el fin del Estado nación, de la democracia, de la competencia, del libre mercado, de las burocracias ineficientes. Thiel adhiere al singularismo del filósofo Nick Bostrom y pregona «el acelerado despegue hacia un futuro mucho mejor, que será tan diferente del presente que desafía cualquier descripción». «La singularidad es una tentativa para nombrar el resultado imaginario de las nuevas tecnologías, tan poderosas que trascenderán los límites actuales de nuestro entendimiento», escribe Thiel.

Ray Kurzweil, el singularista más conocido, parte de la ley de Moore, sobre la duplicación cada dos años de la cantidad de transistores en un chip, que hasta ahora se ha cumplido. Traza las tendencias de crecimiento exponencial en decenas de terrenos, proyectando un futuro de IA superhumana. Según Kurzweil, «la singularidad está cerca, es inevitable, y todo lo que debemos hacer es prepararnos para aceptarla».

Suleyman califica al singularismo de ejercicio vano de adivinación y es partidario de la contención de la IA por parte de los Estados nacionales, pero reconoce que la velocidad exponencial de la innovación desafía a los reguladores.

Las comunidades de la IA de Silicon Valley, Redmond y Londres adhieren a otras varias utopías y doctrinas surgidas de la revolución tecnológica en curso, unos entusiastas y otros temerosos del enorme poder que las nuevas tecnologías encierran y los billones de dólares en valorización e inversiones involucrados.

Entre estas utopías y doctrinas está la de la emigración a Marte, para que la especie humana sobreviva a la amenaza de extinción por la IA en la que trabaja Musk, el transhumanismo, que aspira a incorporar capacidades computacionales al cerebro humano y crear una superespecie que vivirá el doble de tiempo que la actual, los doomers, que pregonan detener el desarrollo de la IA porque puede poner fin al género humano…

OTROS IMPACTOS DE LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL

La IA ya sustituye de manera eficiente la actividad humana en numerosas áreas y amenaza con eliminar oficios y profesiones. Uno de los fundadores de Twitter, Jack Dorsey, anunció que despedirá al 40 por ciento de los 10 mil empleados de su sistema financiero y de pagos Blok y los sustituirá con la IA; sus acciones se dispararon un 20 por ciento.

A los jefes todopoderosos de los nuevos monopolios tecnológicos, Trump les ofrece asociarse, protegerlos y proyectar su poder en el mundo a fuerza de sanciones y chantajes para competir por la supremacía planetaria con China.

Alex Karp, cofundador de Palantir junto con Thiel, afirmó recientemente que su modelo de lenguaje apunta a que la «fuerza letal» de Estados Unidos sea la más poderosa del mundo y le permita conservar su hegemonía militar.

China es otra historia. Las gigantes tecnológicas chinas cooperan entre sí y con el Estado para contrarrestar el boicot tecnológico estadounidense. Su momento Sputnik en IA fue la aparición del bot DeepSeek dos años después de ChatGPT, mucho más barato y con tecnología abierta, a diferencia de la opacidad de las compañías estadounidenses. DeepSeek y su R1, Owen de Alibaba y Ernie de Baidu están entre los mejores modelos de IA disponibles, según la periodista Parmy Olson. China destaca en modelos orientados al control social y la represión, y domina en robótica, computación cuántica y tecnologías verdes.

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