Las razones de cada uno

Tres obras: “La sangre de las sombras”, “13 y martes” y “Por riñas y disputas”.

Falta de respeto, celos, postergación, ausencia, aburrimiento, incomprensión… constituyen tan sólo una muestra de los tantos motivos por los cuales dos o más personas no se entienden, llegan a agredirse y, por lo tanto, a alejarse. Sucedió antes y sigue sucediendo. Lo viven tanto los personajes clásicos como aquellos otros con los que nos codeamos día a día.

La sangre de las sombras (Victoria), escrita y dirigida por Luis Vidal Giorgi, se interna en los terrenos de la mitología griega para posar una mirada sobre Clitemnestra, ya en prisión, luego de haber matado a su esposo Agamenón, al regresar éste de Troya acompañado por Casandra. El trabajo de Vidal Giorgi reflexiona acerca de lo acontecido de manera de poder plantear los motivos por los cuales la soberana se vio empujada a obrar de forma tan radical al cabo de una espera de diez años, así como su prolongada queja en cuanto a la irrupción de una Casandra que el autor hace también reaparecer para exponer su condición de extranjera en suelo enemigo. Dos mujeres, entonces, que, sin llegar a dialogar, tienen aquí algo que trasmitirle a una platea dispuesta a escuchar dos historias diferentes que se entrecruzan para sugerir cómo el destino conduce a los seres humanos –de carne y hueso o mitológicos– a protagonizar situaciones extremas. Dos personajes definidos que brindan así un testimonio de haberse conducido de acuerdo a sus sentimientos frente a lo inexorable, todo un desafío que las actrices Fabiana Charlo y Alejandra Aceredo aceptan y llevan a cabo adueñándose del amplio espacio que la escenógrafa Verónica Lagomarsino define como una especie de largo camino donde no está permitido volver atrás. Las voces, los gestos y el deambular de una en su celda y la otra en las cercanías prueban cuán acertadas y/o equivocadas estuvieron ambas recorriendo un camino existencial que les brinda considerable margen a Charlo y Aceredo para interesar a la concurrencia.

13 y martes (La Candela), del francoespañol Jean-Pierre Martínez, dirigida por Virginia Ramos, gira en torno a los accidentes, las coincidencias y el eterno acecho de lo inesperado que transita una más o menos armónica pareja gay, la cual, en tren de recibir un abultado premio en dinero, le brinda alojamiento a una amiga que vive ciertas dificultades matrimoniales que conviene no revelar. Todo sucede, como lo señala el título, un martes 13 que, por momentos, resulta tan amenazante para la visitante como para sus anfitriones, a lo largo de una comedia plena de vueltas de tuerca que Martínez plantea con irónica levedad, dándole pie al equipo que integran Raúl Fagúndez, Sebastián Bandera y Laura Ruggiero para proponer tres disfrutables siluetas, habida cuenta de los cuidados de Ramos para que el asunto no caiga en la caricatura y que, graciosos y creíbles, esos personajes se hagan escuchar por una platea dispuesta a pasar un buen rato.

Por riñas y disputas (La Candela), de Martín Arellano, con dirección de Hugo Blandamuro, constituye una labor del grupo Infaustos, el cual dispone del encuentro de cuatro parejas que sacan a relucir en qué condiciones se halla el vínculo que cada uno de esos dúos mantiene hasta el momento. La rutina, por lo pronto, parece haber desgastado la armonía de un matrimonio sin hijos, mientras que otro, que tiene dos, prueba que no es oro todo lo que reluce, a la vez que una tercera pareja se manifiesta a favor de las variaciones estilo swinger, y todavía otra más probaría que las cosas andan bien en la combinación treintañero-chica apenas salida de la adolescencia que sostienen entre sonrisas no siempre tan naturales. Como se sabe, las apariencias engañan, y la velada habrá servido para que salieran a relucir revelaciones, enfrentamientos y conclusiones para cada uno de los integrantes del octeto, el cual, más allá de la diversión que la comedia dispara a propósito de estos “casales”, revela los grados de observación que Arellano mantuvo con respecto a los cambiantes “estados de situación” que refleja la sociedad que nos rodea. El irónico desenlace, por su parte, trae también consigo una invitación a que cada espectador medite acerca de qué sucede en sus propias tiendas. El ritmo sostenido que Blandamuro inyecta al desarrollo y el diseño de la cama matrimonial dispuesta por el escenógrafo y actor Pablo Rodríguez contribuyen de manera apropiada.

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