Lo que las paredes ocultan - Semanario Brecha

Lo que las paredes ocultan

“Casa Masucci. Susurros de un siglo”.

“Casa Masucci. Susurros de un siglo”.

La Casa de los Siete Vientos, el viejo edificio de la calle Gonzalo Ramírez casi Lorenzo Carnelli, es la sede del grupo independiente Polizón Teatro. La casa tiene su historia, y el espectáculo que allí se repondrá dentro de poco se encarga de repasarla. Como pueden muchos imaginarse, no siempre las habitaciones de esa casona plena de misteriosos rincones albergaron un espacio teatral. Los “susurros” del siglo al cual alude el subtítulo del espectáculo hacen referencia no sólo a las vidas de quienes se alojaron bajo dicho techo, sobrellevando alternativas de familia que ahora salen a relucir, sino también a los diversos períodos del acontecer político de un país que, de una manera u otra, se reflejaban en los habitantes del referido predio.

El texto de Graciela Abeledo, quien también se encarga de la dirección, tiene el propósito de dramatizar la historia de un lugar que recién en los últimos años se convertiría realmente en teatro, y resulta innovadora. La propuesta arranca en la misma vereda, donde, al principio, se ubican los espectadores al tiempo que posan la mirada en una falsa fachada frente a la cual un par de personajes arman una especie de preámbulo. Conviene adelantar que esa fachada es retirada de inmediato para darle paso a la verdadera, desde cuyas puertas y ventanas asoman puntuales conexiones con las escenas que habrán de desarrollarse una vez que los concurrentes atraviesen el umbral para recorrer las dos plantas –y algo más–, tomen asiento en algunos de sus vericuetos y se enteren de lo que sucedió en ellos tiempo atrás. Para lograr tales fines, la narración se encarga de mantener parte del misterio a lo largo de secuencias resquebrajadas que empujan a los concurrentes a suponer e imaginar hechos y conclusiones. La fórmula funciona como para que cada uno experimente la sensación de estar descubriendo un espacio acerca del cual nunca se le había ocurrido ponerse a pensar.

La propia Abeledo se encarga también de distribuir las correspondientes soluciones escenográficas de cada sitio a recorrer, así como de proponer el vestuario de las siluetas animadas por los bien entrenados José Guerra, Agustina López, Guillermo Reiman. Federico Rosas, Juan Carlos Pereyra, Laura Álvarez, Rachella Limongi, Patricia Gondar, Sofía Odera y Facundo Esquivo, varios de los cuales, de diversas formas, hacen referencia a la disciplina teatral que, en épocas más cercanas, se instalaría en la propiedad. Un audiovisual confeccionado por Nicolás Oromi agrega, a su vez, interés adicional a una trama en la que abundan los toques inesperados. El espectáculo, amén de los datos que aporta con respecto a la Casa de los Siete Vientos, hace pensar a los asistentes acerca de los secretos que se pueden ocultar en otras viejas propiedades montevideanas que, de ahora en adelante, quizás habremos de observar con mirada inquisitiva. La Casa Masucci, por lo pronto, reabrirá sus puertas dentro de unos días para que nuevas miradas se posen en sus recovecos con la malsana curiosidad de rigor.

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