El presupuesto aprobado para el quinquenio había resultado más austero de lo esperado y los recursos destinados para abordar los problemas sociales más acuciantes –aquellos enfatizados durante la campaña electoral– no parecían suficientes. El equipo económico, encabezado por el ministro de Economía, Gabriel Oddone, había elaborado el proyecto sobre la base de una premisa: el deterioro de las cuentas públicas heredadas era mayor al previsto y, por tanto, el margen para expandir el gasto era, también, considerablemente más estrecho. La apuesta del gobierno se centró entonces en alcanzar un equilibrio fiscal, mientras procuraba crear las condiciones para acelerar el crecimiento de la economía. La expectativa era que una mayor actividad generaría ingresos adicionales y ampliaría el espacio par...
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