Manual de encantamientos – Brecha digital
Libros. La poesía de Manuel Barrios

Manual de encantamientos

Los poemas que no leo se siguen escribiendo , de Manuel Barrios. Astromulo, Montevideo, 2022. 94 págs.

La poesía de Los poemas que no leo se siguen escribiendo es un ave rara en nuestro medio, proclive a una literatura de representación antes que de invención de mundos. Parece que ambas líneas emergen, según lo había observado Amir Hamed en su antología Orientales: Uruguay a través de su poesía (2010), de dos autores fundacionales de la patria letrada: Lautréamont e Hidalgo, los cantos imaginarios del primero y la canción de protesta del segundo. De todos modos, la evolución de la poesía por estas tierras ha conocido matices en la polarización que signó este advenimiento. La poética de Barrios abreva de ambas tradiciones, en tanto su palabra no es solamente la creación de un territorio con sus personajes, su geografía y sus aconteceres, sino que es una exhortación al lector real y posible a que habite esta casa mágica en la cual es necesario ser partícipe: «Entonces dime/ ¿Cómo de la luz haremos claridad?/ ¿Has notado el día nuevamente alargarse?». Es una apuesta distinta a solo reflejar un mundo que es urgente transformar, es un llamado a la acción que se efectúa en la poesía como fin y no como instrumento: «Para pensar la poesía en términos de educación/ hay que pensar en los poemas en términos de poder./ Un poema es un pedazo de tierra ganada al silencio. La poesía, en esta estética, es creación de un territorio para morar, conquista y finalidad: Sí, ya tienes un camino:/ y tu camino es el de la poesía./ Entonces no tienes un camino./ Tienes una meta».

La invitación de Barrios a la creación conjunta, el juego que nos ofrece como forma de invención, postula su voluntad política en cuanto advierte la pérdida de lectores de poesía y de lectores a secas que rige actualmente a la cultura de masas. A través de paquetes de entretenimiento elaborados en los centros de poder global, el destinatario es confinado a la recepción pasiva de contenidos, como el doble significante de los aparatos tecnológicos que los albergan y que hoy construyen nuestros hábitats inmediatos con sus imágenes llenas de ruido y furia. Por ello el llamado no es solo a los lectores, sino también a los creadores: «Ahora ocuparemos por tiempo indefinido el lugar/ reservado al poema/ con una nueva porción de nuestras vidas». En tanto es un mercado que se nutre del espectáculo, la apelación es a repensar las prácticas de la literatura en una comunidad lectora que es urgente construir para no disolverse en ese no lugar que constituye el imperialismo del presente. Barrios nos da un mapa para tal aventura, un manual de encantamientos para no perderse en el laberinto de potencialidades y alienaciones de nuestro paisaje cultural contemporáneo.

Los poemas se organizan en un tríptico, al modo de los libros de conjuros o grimorios: «Bestial en tierra hueca», «María nuestra señora de los huesos», «El poeta y el lobo». Es un organismo que podría encauzar el ciclo de muerte y resurrección en el que el amor, la naturaleza, los ancestros y la poesía son talismanes para conjurar el sometimiento a las redes implacables de un sistema de control y de trabajo cada vez más inhumano: «La dicha trastoca la dicha. Un nombre se ha antepuesto/ a la vigilancia de los sentidos una vez emancipados./ De controlar el orden de los labios./ Olores, cambios, sensaciones./ ¡Nuevo orden mundial hasta cuándo!». La exclamación denuncia la esclavitud moderna asentada en la productividad como estilo de vida y su vehiculización a través de las máquinas hiperconectadas. La poesía de Barrios se nutre de una civilización en ruinas para la construcción de un sentido diferente, que direccione las prácticas humanas en forma más respetuosa y piadosa con el planeta y el prójimo: «La mente es sin duda marioneta/ Anzuelo que avanza por las ruinas del lenguaje./ La mente es un oleaje rodeado de pensamientos». Avanzar en la creación de hábitats alternativos, fundados en la belleza y la comunión humanas, es la base de la elaboración de los significados poéticos. Es ese su sentido político último: aunque no quede nadie que los lea, estos poemas se seguirán escribiendo.

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