«Me cambió la vida participar de las ocupaciones del 96» - Semanario Brecha
Con Florencia Flores Iborra, creadora del pódcast Pintó ocupación

«Me cambió la vida participar de las ocupaciones del 96»

Marcha de estudiantes de secundaria, el 30 de agosto de 1996. Archivo Brecha, Oscar Bonilla.

—¿Por qué creés que las ocupaciones del 96 son «una historia poco recordada»?

—Digo que la movilización de 1996 es poco recordada porque siento que no hay bibliografía que hable del tema. Si no vas a las ediciones de Brecha o de La República de la época, no ves mucha cobertura desde el lado de los estudiantes. Está el libro de Raúl [Zibechi], La revuelta juvenil de los 90, y otro de [François] Graña, pero no mucho más. Tampoco registros, porque no había redes, era todo analógico. En internet encontré la desocupación de la IEC [Instituto de Enseñanza de la Construcción] y más nada… Eso me hizo preguntarme y preguntarles a mis compañeros y compañeras: «¿Por qué no hablamos de esto?», «¿por qué no se habla de las ocupaciones del 96?», «¿hay intención política en no hablar del movimiento?».

Muchos de mis compañeros dicen que las pocas fotos que conocen son del álbum que tengo, por eso también quiero contar esto: para dejar una huella en internet, para que mañana, si buscás sobre la ocupación del 96, puedas acceder a esos materiales que yo hace cinco años vengo recolectando, y que hace muchos más vengo guardando. Fue un movimiento estudiantil grande, posdictadura. Estuvimos durante un mes ocupando 35 centros educativos. No es changa.

—¿Ese álbum de fotos fue el disparador del trabajo?

—Es un álbum de fotos de la ocupación del Liceo 15 de Montevideo en el 96, donde estudié. Estaba mudándome de un apartamento a otro en la pandemia y lo encontré, sin recordar que lo tenía. Fue viajar en el tiempo. Me dije: «¿Por qué tengo esto acá? ¿Quién me lo dio?», y recordé que mi madre me lo había dado 20 años antes, cuando ella trabajaba en el liceo. Lo encontraron porque iba a haber una reforma edilicia. El álbum resistió dos mudanzas a dos países diferentes: primero a Estados Unidos y después a Argentina. Yo me decía: «¿Qué valor tiene? ¿Por qué guardo esto y no otras cosas que no traje de Uruguay?». Ahí empecé a buscar a la gente que aparece en el álbum, y buscándola dije: «Che, esta historia hay que contarla». A mí me cambió la vida participar de las ocupaciones del 96, es algo que conozco desde muy adentro.

—Se suele recordar al IAVA, el Dámaso, el Zorrilla, el Bauzá o el Liceo 10 a la cabeza de las ocupaciones de 1996, pero el pódcast transcurre en el Liceo 15…

—Siempre tuve claro que mi objetivo de estudio no podía ser las ocupaciones en general porque no iba a poder llegar a eso, mucho menos a la distancia, viviendo en Argentina. También pensaba: «¿Qué tiene el 15 que no tenga el IAVA o que no tenga el Bauzá?». Entonces encontré un hecho: el 15 fue el único liceo de todas las ocupaciones del 96 que tuvo un atentado; nos rompieron los vidrios, vandalizaron toda la fachada. Además, está ubicado en pleno Carrasco, frente a lo que era la casa de Pablo Goncálvez. Nadie esperaba que nosotros ocupáramos, éramos los nenes raros, nos trataban como los chetos de las ocupaciones, cuando muchos de nuestros compañeros, por ejemplo, vivían en la Cruz de Carrasco. Así que dije: «Hay una historia distinta para contar acá, algo que puede sumar valor».

—¿Cómo fue dar con tus compañeros de aquel momento?

—Muy movilizante. Mi única preocupación genuina es no romantizar el movimiento, porque lo que te acordás también sufre cambios en función de la memoria… Y lo mismo pasa con los compañeros. En general uno recuerda las cosas buenas, y hasta lo ve con cierto romanticismo a la distancia, y yo me fui de Uruguay con 30 años. En el proceso de producción, la mayoría de los testimonios son de excompañeros del liceo, que en muchos casos no veía hace 20 o 25 años. Tuve que reencontrarme con mi historia y mi pasado, y fue algo muy desafiante. Hay 15 testimonios de 15 compañeros a los que encontré, pero estoy esperando que se publique el pódcast para hablar con los que no.

—¿Cuál era la lucha de la generación del 96 y cómo maduró entre sus protagonistas?

—La reforma [de Germán] Rama fue inconsulta. Se dio a conocer a través del presupuesto [para el período 1995-1999] y recién analizándolo se entendía de qué iba la cosa. Hoy como docente, a 30 años de ese movimiento, leo las declaraciones de [Carmen] Tornaría [exconsejera del Codicen] y el diagnóstico que hacían las autoridades, y en algunas cosas lo comparto; precisábamos la universalización de la educación, la formación y perfeccionamiento docente, actualizar programas. Pero el presupuesto que daban era insuficiente y la reforma no solucionó los problemas.Quizás éramos un poco ingenuos en querer ser consultados para algo que hoy capaz tampoco tendría lugar, pero la verdad es que desconocieron a las asambleas técnico-docentes y las soluciones que se planteaban, lejos de formar, precarizaban más.

No es casualidad que mucha gente que atravesó esa situación ahora se dedique a las ciencias sociales, al periodismo o la docencia. Una de las hipótesis del pódcast es que muchos de los que participaron en el 96 son los cuadros políticos de la izquierda actual y del Frente [Amplio]. Ese es un dato que siento que habla bien de nuestro sistema democrático; los gurises que empezaron sus armas militantes en el 96, con 16, 17 años, hoy son las personas que están en cargos políticos. Después podemos discutir si te coopta el partido o la agrupación adecuada, si tus ideales traicionan o no a ese movimiento que fuiste hace 30 años. Pero es otra discusión.

—¿Pintó ocupación es solo para la generación que ocupó en 1996 o también se dirige a las actuales?

—Una de mis preguntas era: «Las ocupaciones de 2023 [durante la transformación educativa del gobierno de la Coalición], cuando empecé a grabar, ¿eran consecuencia de la reforma [de Rama]? ¿O se estaba peleando algo que teníamos en el 96 y que decíamos que si lo cambiaban lo íbamos a perder?». Descubrí que sí y que no. Líber Arce murió manifestándose por el boleto estudiantil. Nosotros en el 96 teníamos eso garantizado, peleamos por otras cosas. Esas otras cosas quizás hoy las tienen garantizadas, y se pelean por otras que tal vez igual nosotros pusimos en conversación. Por ejemplo, el feminismo: hubo antecedentes, un primer taller sobre aborto en nuestra generación. Nosotros no hablábamos de participación o de cuota femenina, pero había horizontalidad, se empezaban a gestar otros vínculos y formas de organizarse.

Que ahora los estudiantes reivindiquen la salud sexual, la diversidad, la salud mental, me parece que habla de tener otras cosas resueltas que se evidenciaron en la acumulación de estos procesos. No digo que sea lineal; no hablábamos de salud mental en la ocupación ni de feminismo, pero hay algo en la acumulación de la lucha que, cuando un derecho está mínimamente cubierto, podés cuestionar otras cosas. Me parece que ahí hay un vínculo de la acumulación de las generaciones, de las discusiones a nivel generacional que yo celebro.

Uno de los motivos para hacer este pódcast fue y es transmitir a las nuevas generaciones que la salida es colectiva y, en estas sociedades tan dormidas, me parece que es importante despertar esa chispita. Estoy convencida de que soy docente por la experiencia de las ocupaciones y por eso también creo que es importante contar: para contagiar a otros.

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