Mujer de temple

Film Stars Don’t Die in Liverpool, ReinoUnido, 2017.

No mueren en Liverpool, asegura, al menos, el título original de esta película,1 basada en las memorias del actor inglés Peter Turner, enamorado compañero de la estrella estadounidense Gloria Grahame (1923-1981), en sus últimos años, o sea, cuando ésta, aburrida de Hollywood, decide hacer teatro en suelo inglés. El paso tomado no era, en realidad, tan alocado, ya que Grahame, además de contar con antecedentes teatrales y antepasados británicos, era una actriz con múltiples posibilidades que Turner, varias décadas menor que su pareja, reconocía sin la menor duda. Por cierto que la historia de Turner se refiere, antes que nada, al sentimiento que los unió en los postreros años de la actriz, un tema que Paul McGuigan, un realizador sin antecedentes atendibles, acierta a desarrollar con la emotividad y la discreción que la evocación merece. Buena parte de tal desarrollo, vale la pena resaltar, se apoya en la sutil naturalidad que maneja McGuigan para integrar –con estupendo soporte de la fotografía en color, la ambientación y los efectos lumínicos– los pasajes alusivos al reencuentro de los protagonistas, luego de cierto período de alejamiento, a la etapa final de una relación que contó con el beneplácito y la compañía de la propia familia del muchacho.

Todo un asunto, entonces, que cuenta asimismo con múltiples lazos de unión con la personalidad de una mujer que tenía, realmente, lo suyo, algo que se notaba en cualquiera de los filmes en los que actuó, de la mano de directores de peso como Frank Capra, Fritz Lang, Vincente Minnelli, Edward Dmytryk, Elia Kazan y Nicholas Ray, quien fuera uno de sus maridos –y padre, por cierto, de un hijo con su anterior esposa con el cual Gloria se casó tiempo después.

No hay dudas: Gloria fue una mujer original y, criticable o no, una adelantada a su época de apogeo en la década del 50, sin olvidar que, antes que nada, la dama en cuestión era un ser humano decidido a hacer lo que sentía, le pesase a quien le pesase. A Gloria, por ejemplo, se la ve aquí en un registro documental del momento en que se le otorgaba el Oscar como mejor actriz secundaria de 1952, por su labor en Cautivos del mal (The Bad and the Beautiful), del mencionado Minnelli, al subir al escenario e interrumpir los aplausos con un mero “¡Gracias!”, seguido por una veloz huida hacia las bambalinas que dejó sin palabras al locuaz Bob Hope, encargado de la animación del acontecimiento. Tal la imagen que se ofrece aquí de ella, y la espléndida Annette Bening se lanza a interpretarla con los altibajos de misterio, fervor y, sin duda, seducción y femineidad que el personaje tenía, como lo señalan las miradas y actitudes de Jamie Bell (Billy Elliot), componiendo al evocador con la compenetración del caso, a lo largo de un relato en cuyo afinadísimo elenco asoman también Julie Walters, como la madre del autor, y hasta la insigne Vanessa Redgrave, invitada a recrear la silueta de la progenitora de Grahame, otra mujer que, al parecer, se las traía. El resultado de todos los aportes mencionados, en verdad, le llega a una platea que entiende muy bien los honores que el equipo en su totalidad le dispensa a una dama singular. 

  1. Film Stars Don’t Die in Liverpool, ReinoUnido, 2017.

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