Personajes en offside - Semanario Brecha

Personajes en offside

Teatro en cartelera: “La refinada estética de los hijos de puta”.

Teatro en cartelera: “La refinada estética de los hijos de puta”

El director y dramaturgo argentino Ricardo Bartís encuentra un paralelismo muy acertado entre el teatro y el fútbol. Salvando algunas distancias, dice que ambas expresiones coinciden en la pasión, en la exposición de los cuerpos y en la importancia de desarrollar una estrategia de juego. Esta pieza de Jimena Márquez, también autora de  Lítost (La frustración), de 2017, La escritora de comedias, de 2013, y Cajas chinas, de 2009, subraya esas conexiones, porque sus personajes utilizan vestimenta con inspiración deportiva y ochentosa en un espacio donde están demarcados un cuadrilátero de juego y un backstage con reminiscencias de vestuario. Además, la dramaturga y directora trabaja con su elenco un mecanismo textual de relojería para construir una ácida tragicomedia en que las entradas y salidas de los personajes de esa cancha devenida en escena resultan cruciales para el juego que se despliega ante nuestros ojos.

La anécdota presenta a una familia burguesa típica en el contexto de las fiestas navideñas: la madre (Marisa Bentancur), el padre (Alberto “Coco” Rivero en su vuelta como actor), y los hijos: Jimena Vázquez (quien fue figura del Carnaval de 2018 por su trabajo en humoristas Cyranos y siempre trabaja en las puestas de Márquez) y Pablo Colacce. Parece una escena costumbrista más, o el encuentro de otra poco novedosa familia disfuncional, pero lo extraño comienza a dibujarse en la postura de los personajes, en sus tonos de voz y en diálogos que se mueven entre lo cómico y lo violentamente trágico. A partir del núcleo básico de personajes, los vínculos se tejen como una historia coral, con los diversos matices que esta estrategia permite. Márquez va componiendo capa tras capa, y a medida que la anécdota avanza los significados se multiplican. La originalidad de los personajes juega a favor: un padre bromista de profesión que lleva el dinero a la casa y que construye de modo patético la dinámica de sus vínculos; una madre que lucha a toda costa por mantener las apariencias de normalidad; dos hijos que son el fiel reflejo de las frustraciones de sus padres, y que no se parecen en nada a sus deseos.

Hay en esta refinada estética (en un excelente trabajo de diseño de Virginia Cabrera e Inés Iglesias) una ironía constante hacia las apariencias sociales y un modo muy inteligente de presentar, a través del humor, una dura crítica a las máscaras impuestas dentro y fuera de los ámbitos familiares. Es tal vez la figura del hijo publicista, aparentemente exitoso en la profesión que aborrece, el guiño más brillante del libreto en su reflexión sobre la teatralidad social. También destaca la construcción de la intrigante hija pequeña, cuyo comportamiento perturbador nos sitúa permanentemente en un lugar de extrañamiento frente a lo que estamos presenciando. Márquez despliega en esta composición coral un grupo de personajes que no son héroes, que no destacan por sus virtudes sino por sus defectos y sus costados más oscuros; desde allí elabora sus recursos para generar humor. Transita por lógicas familiares violentas y enfermizas sin que la intensidad del partido la supere, y se posiciona como una pluma inteligente y cuestionadora que avanza con firmeza en la exploración de las posibilidades de la comedia.

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