Pura magia

Reapertura del teatro Odeón: “Chacabuco”.

La compañía Pequeño Teatro de Morondanga, dirigida por Roberto Suárez, se embarca en tareas titánicas que todo amante del teatro agradece y aplaude de pie. En este caso, el grupo trabajó durante tres años en el proyecto de creación colectiva Chacabuco, que por esas cosas de la casualidad (o no) se conecta energéticamente con la reconstrucción de un teatro histórico (el Odeón), que en 1996 fue consumido por un incendio. El equipo artístico trabajó a pulmón y con sus propias manos para levantar este nuevo escenario de la Ciudad Vieja, donde puede verse su última creación, que parece estar hecha a su medida. Hay algo enigmático y poderoso en la fachada del antiguo teatro, que fue lo que llamó la atención del grupo; esas cualidades se trasladan a lo que se verá en escena. Suárez continúa con su línea de trabajo sobre la sugestión y comprende que el teatro es sobre todo pura magia que estalla en un encuentro efímero.

La puesta en escena tiende a un formato más tradicional que en sus trabajos anteriores (con disposición de sala frontal), y el sentido de pertenencia de los actores al pararse sobre las tablas de un teatro hecho con sus propias manos se respira en la anécdota: los personajes transitan por los espacios de una casa‑hogar. Suárez logra, en su trabajo decantado en el tiempo, un tono actoral intenso y afectado, delineando personalidades atravesadas por conflictos que hablan de un pasado misterioso. En Chacabuco la atmósfera enrarecida se apoya en el excelente trabajo de escenografía del talentoso Francisco Garay, que permite trabajar la escena en diferentes niveles.

Un grupo de familiares de un terapeuta moribundo se conecta con alguno de sus extraños pacientes, en un universo que por momentos se torna onírico y amenazante. Nuevamente con referencias estéticas cinematográficas (la atmósfera extraña de David Lynch), el grupo construye una pieza de humor absurdo atravesada por el dolor. El elenco, conformado por Soledad Pelayo, Pablo Tate, Chiara Hourcade (cuya interpretación se lleva todas las miradas), Rosario Martínez, Óscar Pernas, Yamandú Cruz, Mariano Prince, Gustavo Suárez, Inés Cruces, Bruno Pereyra y Pablo García, brilla con luz propia y logra tanto estremecer como emocionar, todo con la misma potencia.

Es un leitmotiv el trabajo sobre lo monstruoso, la construcción de ese otro que en su diferencia se aísla y posee, en esa aparente fealdad, rastros de belleza. Es una fortaleza en el devenir de la historia el manejo de lo no dicho y de la amenaza de un afuera que se cuela entre los vidrios resquebrajados de la casa, en un presente que arrastra las huellas de un pasado asfixiante. La palabra Chacabuco no es sólo una mención de la ciudad Argentina: tiene reminiscencias de la bonanza familiar y refiere a una inminente muerte que regresa para imponerse. Al igual que las paredes del teatro incendiado, los personajes intentan desesperadamente reconstruirse para escapar de ese drástico destino. Suárez logra, otra vez, una pieza tan sensible como reflexiva, rodeado de un equipo que derrocha talento. Las funciones en diciembre están agotadas: hay que reservar con tiempo para las que se realizarán del 27 al 29 de febrero escribiendo al mail teatro.odeonuruguay@gmail.com.

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