La noción de trabajo designa la actividad que hacemos a partir de un esfuerzo de elaboración sensible y significante. El trabajo que realizamos no lo hacemos de manera indiferente, lo valoramos. Además, no es una actividad sorpresiva o espontánea. Como práctica social, el trabajo produce y es regulado por normas y reglas. Es, por ello, una actividad socializada y, en esta línea, tiene un sentido individual, pero también un sentido colectivo.
Como podemos ver, es una noción compleja, que combina múltiples significados que se fueron acumulando a través del tiempo. La propia noción de trabajo está muy ligada muchas veces a la idea de que hay que ganarse la vida. Y, por esta vía, el trabajo deviene empleo. Todo empleo es un trabajo remunerado. Pero, si bien el empleo y sus derivados –desempleo, empleo informal, etcétera– se han impuesto como conceptos en el capitalismo, no cubren necesariamente todo el mundo del trabajo.
La otra distinción notable es entre el trabajo orientado a la producción de bienes y servicios en el marco del desarrollo capitalista, y el orientado a prestar los servicios que las personas necesitan para vivir en esa misma sociedad: salud, educación, cuidados, etcétera. Estos servicios se pueden brindar a través de trabajos remunerados o de empleos. O pueden ser llevados a cabo sin remuneración, básicamente en el marco de la familia.
El cruce de estas dos grandes divisiones –entre el empleo y el trabajo no remunerado, por un lado, y entre el trabajo orientado a la producción de bienes y servicios en el marco del capitalismo y el orientado a los servicios para las personas, por otro– dan como resultado cuatro grandes espacios que podríamos llamar esferas del mundo del trabajo. Cada esfera tiene sus desafíos propios, pero también hay desafíos en las relaciones que establecen entre sí.
La primera esfera es la del trabajo de producción de bienes y servicios orientados al capital a través de trabajo remunerado (empleo), la segunda es la del trabajo remunerado orientado a los servicios a las personas (también empleo), la tercera es la del trabajo no remunerado orientado a las personas y, por último, la cuarta es la del trabajo no remunerado de producción de bienes y servicios para el capital.
Primera esfera
En la primera esfera, a la que tradicionalmente los sociólogos y los economistas le hemos dado mayor atención, aparecen dos grandes desafíos a tener en cuenta. Por un lado, el impacto de la inteligencia artificial (IA) sobre el empleo. Y por otro, los cambios propuestos en las relaciones laborales, con un pasaje forzado de las relaciones subordinadas (trabajo asalariado) al trabajo en relaciones de contratación independiente.
La IA va a cambiar muy fuertemente el panorama de esta esfera del mundo del trabajo, en particular en lo atinente a los servicios capitalistas: bancos, seguros, servicios administrativos existentes en función de las necesidades de la producción de bienes, etcétera. En Uruguay, la crisis de un capitalismo industrial orientado a la sustitución de importaciones fue compensada, en materia laboral, en parte, con la generación de empleos en el sector de servicios al capital ligado a las crecientes necesidades de los procesos de globalización, digitalización y aumento de complejidad de la sociedad y de la economía. Este crecimiento, ahora, se ve muy amenazado por la incorporación masiva de IA, que es muy probable que reduzca la necesidad de puestos con la simplificación y aceleración de los procesos. El desafío es qué pasará con la cantidad de trabajadores que perderán sus trabajos ante una revolución digital que parece inevitable.
En segunda instancia, lo que está en juego en el trabajo ligado a aplicaciones, por ejemplo, es un cambio cualitativo de los principios legales. Se está pasando de un derecho laboral que protegía al trabajador, que objetivaba el trabajo –porque consideraba que la relación de trabajo es desigual entre el que contrata al trabajador y el propio trabajador–, a una relación de trabajo concebida como un contrato entre partes iguales, criterio que marca una diferencia neta entre el trabajador en relación de dependencia y el trabajador considerado independiente. El trabajo de las plataformas pone en cuestión toda la legislación del trabajo porque contrata como trabajadores independientes a trabajadores que hacen trabajos –objetivamente– en régimen de subordinación. Y si bien estos trabajadores llegan a ganar los juicios, todo hace pensar que las plataformas prefieren perder juicios a someterse a la legislación vigente. Es muy posible que los juicios perdidos tengan un costo menos elevado que las ganancias extraordinarias que obtienen por no cumplir con las leyes laborales del país. El desafío, en este sentido, es que estas estrategias empiecen a expandirse a otros sectores productivos.
Segunda esfera
Las tecnologías digitales tienen un fuerte impacto sobre el trabajo remunerado orientado a las personas. Los servicios ya no son cara a cara, sino también a distancia, a través de las pantallas, algo que se puede observar tanto en los servicios médicos como en la creciente deserción de los estudiantes de las clases presenciales. El desafío es saber si la calidad de los servicios se mantiene o se está perdiendo.
Estos cambios, además, modifican las relaciones entre las distintas categorías de trabajadores y trabajadoras. Por ejemplo, entre los médicos y las enfermeras. Parecería que estas últimas van incorporando tareas –y sobre todo responsabilidades– que antes tenían los propios médicos.
Estas transformaciones, a su vez, se hacen más complejas por la expansión de la lógica capitalista en términos de costos y beneficios que caracterizaba a la primera esfera. En efecto, vía new governance, estos servicios tienden a ajustarse a lógicas de rentabilidad y a tercerizar servicios, en particular en la salud, que pasan a privatizarse y rompen el contrato inicial entre la persona y la institución.
En otro plano, se puede observar que el poder de las administraciones ha desplazado de la primera línea de acción, al menos en parte, al de los médicos y los docentes. Es claro que este cambio en los sistemas de atención tiene un límite, pero el desafío es que no queda claro cuál es. Y lo que uno percibe es que las condiciones de trabajo de los trabajadores, sea cual sea su categoría, está sufriendo un fuerte deterioro en esta esfera. Y las condiciones de las personas que reciben estos servicios también.
Tercera esfera
La novedad más relevante en la esfera del trabajo no remunerado orientado a las personas ha sido la aceptación de que los cuidados deben ser considerados trabajo. El cuidado de los niños, tan antiguo como la propia reproducción, sin embargo, durante eras no se vislumbró como trabajo. Fue el feminismo el que permitió concebir el cuidado como un trabajo, tanto cuando no es remunerado como cuando lo es. Muchos economistas consideran que se ha generado una nueva y muy importante cantera de empleos con los cuidados remunerados. Se trata de una sustitución de trabajo de cuidados no remunerado, en el seno de las familias, por trabajo remunerado. El trabajo no remunerado de cuidados tiene un peso muy importante en nuestra economía y seguramente en las economías de todo el mundo. Según la socióloga Rosario Aguirre y la economista Soledad Salvador, las horas dedicadas a los cuidados no remunerados, si hubiesen sido pagadas con un salario medio, representarían más del 25 por ciento del PBI nacional.
Todo coincide con la entrada masiva de la mujer en el mercado laboral formal. Sociológicamente, esto acarrea un desafío en relación con la división sexual del trabajo en los hogares, con la exigencia de la corresponsabilidad de los cuidados y la emergencia de los cuidados remunerados, sea a través de cuidados individualizados o de instituciones especializadas. En los hogares más pobres, se percibe, no obstante, que el trabajo de cuidados se delega en niñas y adolescentes, que, por desgracia, de esta forma reducen en gran medida sus horizontes futuros de inserción en trabajos que correspondan con sus ambiciones.
Cuarta esfera
La cuarta esfera del mundo del trabajo, de la que se habla muy poco, es la del trabajo no remunerado para las empresas capitalistas.
El trabajo digital, pero sobre todo el trabajo para los bancos de datos de la inteligencia digital, son construidos en gran parte con trabajo de todos los que utilizamos herramientas digitales incluso sin ser conscientes de ello. Estas nuevas formas de trabajo no remunerado han permitido las enormes acumulaciones de capital de las empresas digitales en el mundo, sin generar actores laborales. Problematizar este tipo de trabajo es, quizás, el desafío más importante del trabajo de hoy en día: no caer en rechazar estas tecnologías, pero a la vez no producir más injusticias para los trabajadores.
(Marcos Supervielle es sociólogo. Profesor emérito, grado 5 de Sociología del Trabajo en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de la República)






