Riesgo país - Semanario Brecha
La fragmentación sociourbana como un problema central

Riesgo país

¿Qué es la fragmentación sociourbana? La localización de poblaciones radicalmente aisladas según los ingresos de los hogares. La desigualdad social significa, para los pobres, un escenario de multiplicación de vulnerabilidades sociales y territoriales, mientras que, para los sectores sociales de ingresos medios y altos, estas vulnerabilidades se mitigan de manera significativa.
El gran Montevideo se compone de todo el departamento de Montevideo, al que se asocia una parte del espacio de los departamentos de San José y Canelones, zona que denominamos área metropolitana. Según el censo de 2011, allí se localiza el 54 por ciento de la población total del país. Quienes, en ese territorio, se encuentran entre el cuarto y el quinto quintil de ingresos cuentan con saneamiento (y sus correspondientes drenajes de pluviales), calzadas y aceras que se presentan consolidadas y forestadas, transporte público adecuado, buenos servicios de recolección de residuos sólidos, lógicas formales de alquiler y de propiedad, alumbrado público sensato, servicios públicos cerrados y abiertos cercanos a los lugares de residencia, zonas con vistas a paisajes urbanos interesantes y simbólicos de la ciudad.


En el entorno urbano de las poblaciones pertenecientes al primer y el segundo quintil, los paisajes representan la no ciudad: espacios loteados de manera formal junto a otros informales (asentamientos irregulares), localización de conjuntos urbano-habitacionales de pésimas calidades constructivas, tipológicas y estéticas que derivan de gestiones estatales y departamentales (a partir de la mitad del siglo pasado), ausencia de redes de saneamiento y de adecuados drenajes de pluviales. Una falta de derechos urbanos que se agudiza con el paso del tiempo.


¿POR QUÉ?


Las dinámicas demográficas intercensales muestran cómo los espacios urbanos periféricos crecen en población de manera persistente. Estos barrios conforman dos coronas urbanas: una se localiza al norte, al este y al oeste del área urbanizada de Montevideo y la otra nace en Ciudad del Plata –San José– y termina en Ciudad de la Costa –Canelones–.


Estas periferias urbanas ofrecen imágenes de desolación. Y, obviamente, de manera consistente es allí donde la alimentación, la salud, la educación, el empleo formal y la prisionalización arrojan las peores estadísticas. Son evidentes las interacciones perversas que presentan estas dimensiones. No existe reforma educativa que pueda revertir el desamparo de esas familias. Y menos aún cuando se hace de una manera improvisada y con recortes presupuestales.


Sin embargo, la agudización de la fragmentación sociourbana no aparece en la agenda pública (ni por parte del oficialismo ni por la oposición). Sí se encuentran en la agenda sus componentes principales: las ollas populares, los merenderos, la falta del acceso a la salud y a la educación, la situación de inseguridad ciudadana y el alto número de presos que presenta Uruguay en relación con otros países.


VISIÓN DE LARGO PLAZO


La democracia uruguaya se profundizará solo si logramos mitigar la fragmentación sociourbana de nuestras ciudades y del país en su conjunto. Este es el verdadero riesgo país. El objetivo principal para el sistema político uruguayo debería ser mejorar las estructuras de oportunidades para las familias que se encuentran en situaciones urbano-habitacionales precarias. Si no se mitiga la pobreza urbana, se reproduce más rápidamente. Se requieren planes, proyectos y gestiones elaboradas de manera combinada entre el conocimiento experto y el experimentado (el de los ciudadanos).


A nuestras izquierdas –organizadas en el Frente Amplio–, con el horizonte de ganar las próximas elecciones, se les presenta un desafío programático ineludible: complejizar y organizar mejor las inversiones públicas y no perder de vista el eje fundamental de la segmentación social y la segregación urbano-residencial, usando luces largas y simultáneamente mirando por los espejos retrovisores de la historia de numerosas generaciones de familias que viven con activos bajos, vulnerabilidades altas y muy limitadas oportunidades.


BREVE AUTOBIOGRAFÍA ESCOLAR


Cuento una anécdota personal para entender el problema de un modo vivencial. Nací en 1947, en Juan Lacaze. Mis padres, turcos sefaradíes, llegaron a Montevideo a mediados de los años veinte, contrajeron matrimonio y tuvieron tres hijos. Yo soy el menor. A mediados de los treinta, decidieron radicarse en Juan Lacaze y fundaron una tienda: La Obrerita. Tuve un buen desempeño en primaria, aunque era un alumno del montón. Cuando ingresé a la escuela pública, mi hermano mayor ingresó a la Facultad de Ciencias Económicas. Mis padres, con primaria incompleta, no podían ayudarme con los deberes. Mi mamá, por ejemplo, no sabía multiplicar. Los alumnos de mis clases eran muy heterogéneos: hijos de obreros de las fábricas, de capataces, de empleados públicos, de profesionales y, como en mi caso, de comerciantes. Fue junto con las maestras y el director, muy profesionales en sus roles, que logré un buen perfil de egreso. Fue mi natural integración social lo que me permitió progresar en mis aprendizajes. Esta es la heterogeneidad social que no existe hoy en los barrios periféricos.


Luego comencé a estudiar a importantes sociólogos, como Rubén Katzman y Carlos Filgueira –entre otros–, que produjeron nuevos conocimientos a través de los cuales asociaron estructuras de oportunidades muy acotadas con activos bajos y vulnerabilidades altas, que además contaban con el agravante del predominio de la homogeneidad social en los barrios pobres, un problema sustantivo y de carácter sociourbano.


DOS DIRECTRICES URBANO-HABITACIONALES PARA DEBATIR


Para mitigar la actual fragmentación sociourbana, es necesario que las inversiones urbano-habitacionales que se hagan en las periferias críticas no sean urbano-habitacionales y sí de importantes infraestructuras de servicios públicos. Los nuevos o reciclados conjuntos habitacionales deben ubicarse donde preexisten importantes inversiones en infraestructura urbana: saneamiento, aceras y calles consolidadas. Luego, para el caso de familias que prefieran localizarse en sus barrios, es imprescindible demoler viejos conjuntos habitacionales y usar estos espacios para localizaciones urbano-habitacionales con nuevas calidades constructivas y estéticas. De este modo, se promueve el mejoramiento barrial de las periferias, sin continuar extendiendo la mancha urbana.
En síntesis, las dos directrices fundamentales deben avanzar en simultáneo, densificando la ciudad intermedia, buscando la integración social en el territorio y realizando importantes obras de infraestructura urbana en las no ciudades periféricas. Es importante que ambas inversiones resulten acumulativas en el tiempo y estructurantes de las ciudades en su conjunto.


DOS INVERSIONES PÚBLICAS VIRTUOSAS EN MONTEVIDEO


Afortunadamente, contamos con un ejemplo tangible en el barrio Goes, que debería constituirse en un faro para futuras intervenciones: la remodelación del Mercado Agrícola, hoy patrimonio urbano y arquitectónico de Montevideo, rodeado de una plaza pública debidamente equipada, y la construcción de una serie de cooperativas de ayuda mutua (para sectores sin capacidad de ahorro), cooperativas de ahorro y préstamo (para sectores de ingresos medios), junto con el reciclaje de Alpargatas, para uso habitacional. El único modo de construir espacios urbano-habitacionales de esta escala y calidad es con planes, proyectos y gestiones virtuosas que se sustenten en inversiones estatales y departamentales coordinadas (en este caso, la Intendencia de Montevideo y el Ministerio de Vivienda y Ordenamiento Territorial). Así se demuestra que es posible construir ciudad en la ciudad existente; la obra ha mejorado la autoestima de los vecinos y además se ha convertido en un lugar turístico, al tiempo que es disfrutado por montevideanos de otros barrios. Cumple de manera más que adecuada con las dos directrices urbano-habitacionales ya desarrolladas.


En segundo lugar, está la construcción del ANTEL Arena, con todo el espacio público que lo rodea. Esta es otra manera de construir ciudad en la ciudad que también ha incrementado la autoestima de los vecinos de Villa Española. Al igual que el Hospital de Clínicas, es un servicio de carácter nacional. Está localizado en el centro estratégico de Montevideo y, por tanto, se encuentra muy bien conectado con el resto de la ciudad. Fue una obra arriesgada, pero inteligente. Primero hubo que demoler el Cilindro: una decisión acertada. Felizmente, quedan conjuntos de palmeras que se plantaron junto con la construcción del Cilindro, que enriquecen los nuevos espacios. El modo de gestión también resultó democrático: un llamado a concurso de anteproyectos auspiciado por la Sociedad de Arquitectos del Uruguay, lo que contrasta con el modo de gestión del expresidente Julio María Sanguinetti, quien, para construir la torre de ANTEL, recurrió a un arquitecto de la globalización, anteponiendo su «cultura» a la democracia profesional que ofrece el concurso público. Para el ANTEL Arena, también se requirió de acciones coordinadas entre la empresa pública (que en los noventa el herrerismo quiso privatizar) y los servicios de la intendencia.


Marshall Berman sintetiza, en la siguiente frase, una cuestión central a tener en cuenta: «Aquellos que somos más críticos con la vida moderna somos quienes más necesitamos la modernidad para que nos muestre dónde estamos y dónde podemos empezar a cambiar nuestras circunstancias y cambiarnos a nosotros mismos».

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