En respuesta a la Red Uruguaya de Mujeres Abolicionistas

Si el patriarcado te ataca, sumate a enfrentarlo

Cuestionar la inclusión de personas en las luchas sociales y negarles la identidad nunca va a ser la forma de cambiar el mundo. Afirmaciones como las que se pueden leer en la columna «El feminismo será abolicionista o no será», publicada en este semanario (véase Brecha, 7-V-21), tienen consecuencias reales que afectan la vida de la gente. Como en España, que hoy es la cuna del discurso transodiante. Que la ley trans no se haya aprobado allí no es una casualidad: es una consecuencia, en parte, de las posiciones transfóbicas que sostienen mujeres que se dicen feministas, y esto no se puede dejar de lado a la hora de realizar un análisis profundo de lo sucedido.

En esta columna nos proponemos pensar sobre algunos de los problemas que plantean las abolicionistas del género (muchas identificadas como radfems), con la intención de continuar un debate que, creemos, no debería agotarse en afirmaciones acríticas.

SEPARATISMO

Este concepto encierra una discusión histórica acerca de la elección de ciertas estrategias políticas que pueden observarse en la historia de los movimientos por los derechos humanos y de izquierda. Al respecto, hay dos aspectos que queremos señalar.

Primero, es importante entender que, al pensar en reclamos y políticas integrales, se busca lograr una igualdad real. Esa igualdad es la meta por la que tanto estamos militando: una en la que todas las personas tengamos derechos que estén asegurados y no existan privilegios. Como dice la youtuber argentina Soy Becha: «Porque si existen muchas demandas sueltas, el Estado patriarcal y neoliberal puede responder a ellas muy fácilmente por desagregado, sin terminar con ningún tipo de opresión sistemática y estructural. En cambio, al articular las demandas, la lucha contrahegemónica es mucho más fuerte y efectiva».1 La interseccionalidad surge de la lucha de los movimientos de mujeres afro frente al movimiento de mujeres por derechos políticos. Es una praxis política característica de la segunda ola del feminismo, que supera a la primera. Dar una lucha interseccional implica que tenemos que levantar todas las banderas y trabajar en conjunto: la articulación es una necesidad imprescindible para lograr todos los objetivos específicos y, así, conseguir una igualdad real.

Segundo, el hecho de que existan espacios diferenciados de encuentro y debate no debería traducirse en la exclusión de personas de los movimientos. El problema no es la reunión entre mujeres cis, sino que se considere que las demandas del feminismo es de y para las mujeres cis. ¿Por qué la obsesión con definir un «sujeto político» del feminismo? Si estamos de acuerdo en que el objetivo es derribar al patriarcado, está perfecto que cada organización o grupo de personas promueva espacios en los que se sientan cómodas para conversar y pensar cuestiones comunes. Necesitamos los diagnósticos, los reclamos y las propuestas específicas para diseñar el rumbo por donde queremos ir, pero el objetivo siempre tiene que ser el mismo: llegar a una igualdad total. Si seguimos discutiendo qué personas son las más discriminadas o quiénes pueden ponerse el pañuelo violeta, lo único que logramos es dividir al movimiento y, por ende, debilitarnos y perder fuerzas.

Resulta fundamental, entonces, darse cuenta de que todas las personas tenemos que reconocer los privilegios que nos tocaron, no para martirizarnos por ellos, sino para utilizarlos para el bien común y ubicarnos en el lugar que nos corresponde dentro de cada lucha. Pero, además, un derecho logrado por un grupo de personas siempre es beneficioso para cada individualidad, porque nos hace vivir en un mundo mejor.

ABOLICIONISMO DE GÉNERO

Más allá del debate –a seguir dando– acerca de si debería dejar de importar en la vida y en las relaciones de las personas la identidad de género, el problema es que, en el supuesto transcurso hacia ese objetivo, se niega y excluye, en concreto, a determinadas personas. Como explica la militante trans Natalie Wynn en su canal Contrapoints, «negar la identidad de las personas trans por la búsqueda de la abolición del género sería como negarles la identidad a las personas migrantes por la búsqueda de la abolición de las fronteras».2

Además, negar la existencia de la identidad de género como una dimensión fundamental en la identidad de todas las personas es volver a principios biologicistas y esencialistas que perpetúan las opresiones patriarcales, defienden el statu quo y respaldan los discursos médicos y eclesiásticos que tanto daño han hecho. Esto no solo va en contra de la lucha feminista, sino que desconoce a las personas intersex, cuya existencia nos demuestra que la naturaleza no es binaria, como la ciencia sostuvo en el pasado. Porque la ciencia también es una construcción social que está inmersa en un contexto histórico y político, un territorio en continua disputa. Y no podemos negar que, como el género, tiene consecuencias materiales en la vida de las personas: no por ser una construcción social deja de ser real. El dinero, las fronteras, el lenguaje, la familia también son construcciones sociales que nos afectan e interpelan cada día.

El significado de la palabra mujer no tiene, ni tuvo, ni va a tener nunca una única respuesta: depende de los contextos históricos, sociales y culturales. Que haya mujeres con diferentes vivencias y sentires no hace que la lucha se debilite, porque el objetivo es el mismo y son necesarias las especificidades, porque las personas no somos una sola cosa: cada persona es una suma de rasgos y elementos, y necesitamos incluirlos para conseguir una transformación real. Esto nos lo enseña la historia del feminismo. Las sufragistas luchaban por el voto femenino. ¿Quién era el sujeto político en ese entonces? Nos costó entender que las vivencias de las mujeres afro eran diferentes y estaban atravesadas por otros problemas. ¿Esto quiere decir que el derecho al voto de la mujer estaba mal? No. Lo que sí estaba mal era pensar que ahí se terminaba la desigualdad o que todas podrían, inmediatamente, acceder a ese derecho de la misma manera.

¿Y LA TRANSFOBIA?

El otro problema –que, en realidad, es la base de los otros dos– es la transfobia. Esto no hay que minimizarlo ni intentar conciliar con este discurso de odio. Hay que evidenciarlo, marcarlo y extirparlo del feminismo. ¿Acaso el patriarcado no oprime y vulnera a las personas trans? Por supuesto que sí. Entonces, ¿por qué se quiere excluir a las mujeres trans del feminismo? ¿Por qué les niegan su identidad, como también se la niegan a los varones trans al plantear que sí son parte porque su sexo biológico es hembra?

En su columna reciente, las autoras abolicionistas explican la opresión de la siguiente manera: «Es una relación asimétrica entre personas o grupos fruto de una desigualdad estructural patriarcal la que determina esta condición de opresores y oprimidas en el caso de los sexos». Entonces, ¿no hay una relación asimétrica entre personas trans y cis que está determinada por el patriarcado, en tanto desigualdad estructural? ¿Las personas trans no son objeto de odio y consumo por parte de los hombres cis, el mismo sujeto construido para ocupar el rol de opresor? Y si, como ellas afirman, la discriminación refiere a la exclusión de la sociedad por ser «diferente»: las mujeres lesbianas, a quienes se nos echa de lugares, trabajos, nuestras familias, ¿tampoco somos «sujetos políticos» para el feminismo? Las mujeres afro, expulsadas de miles de espacios sociales, discriminadas a diestra y siniestra en todos los ámbitos, ¿tampoco lo son?

Que las mujeres cis tengamos un «rol» en la sociedad ideado por el patriarcado significa que tenemos privilegios frente a las identidades trans. ¿Por qué? Porque, al menos, algunas somos reconocidas y existimos ante la opresión. A las mujeres trans se les niega sistemáticamente su identidad, queriendo empujarlas a los no lugares de siempre. Aseguran: «Somos mujeres y reconocerlo no significa odiar ni negar la existencia de otras personas». Pero, lamentablemente, eso no es cierto. Al decir que ustedes son mujeres, están diciendo que las mujeres trans no lo son, porque son «otras personas». Están negando su identidad, y eso es violencia. Eso es transmitir un discurso de odio, eso es transfobia.

¿Por qué somos hoy una mejor sociedad? Porque contamos con más derechos para más personas. Entonces, sigamos por este camino, discutamos los problemas reales de cada persona e intentemos solucionarlos. Es simple: si el patriarcado te ataca, sumate a enfrentarlo.

1. Disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=7L8UaBPVGQo.

2. Disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=1pTPuoGjQsI&t=2s.

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