Situaciones contundentes

“Calígula”, “Cuando pasen las siete lunas”, “En la trampa”, “¿Todavía existen islas…?”

“Calígula”

Los pasos de un personaje de peso, la inesperada desaparición de otro, la separación de una pareja o la decisión de emprender otros rumbos pueden dar lugar a nuevos acontecimientos que marquen la vida de sus responsables. Tal lo que cuatro espectáculos de distinto tenor dan a entender en la poblada cartelera.

Calígula (Teatro Circular, sala 1), del francés Albert Camus, dirigida por Alfredo Goldstein, se atreve a observar al denostado emperador con una óptica actual, dando a entender que ciertas actitudes y conductas de ayer se pueden repetir en cualquier tiempo. La visión, en verdad, revela extremos de ambición, violencia, arbitrariedad, sensualidad y desequilibrio que arrojan luz sobre hechos controvertidos que implican a la figura del título y a quienes, por uno u otro motivo, le rodean. El texto le abre así camino al director para establecer un desarrollo tan osado como irónico en cuanto a cómo el tiránico titular se relaciona con cada uno. El desfile no descarta una mirada crítica, sostenida por varias siluetas que se mantienen a un lado, a lo largo de una puesta incisiva y, de a ratos, intrigante, en donde resalta la energética composición de Moré, en el papel central, apoyado con solvencia por Paola Venditto, Oliver Luzardo y Guillermo Robales, cuyos desempeños, por momentos, se encuentran con el decir algo apresurado o errático de algún otro integrante del elenco, en las idas y venidas de un Camus que exige que siempre se pronuncie la palabra exacta en el momento señalado.

Cuando pasen las siete lunas (Platea Sur), adaptación de La dama del alba, del español Alejandro Casona, llevada a escena por Martín Gurlekian, ilustra con significativo vuelo alegórico cómo, en ocasiones, un sitio que queda vacío puede llegar a ocuparse con inesperada aceptación. El hermoso texto del autor de Los árboles mueren de pie exige, claro está, la participación de intérpretes entrenados en el decir, el peso de los silencios y la fuerza de las miradas que el equipo, en su mayoría de integrantes, todavía no reúne. Al mismo tiempo, sin embargo, resulta encomiable que grupos como Sentirteatro, a cargo de la presente puesta, o Teatro de la Memoria, que meses atrás diera a conocer una versión de Prohibido suicidarse en primavera, del mismo Casona, en lugar de comprometerse con títulos más que olvidables o recurrir a recetas de humor sin ingenio, busquen enfrentar las dificultades que encierran obras reconocidas del teatro universal. La entrega de la gente comandada por Gurlekian consigue que, por momentos, se llegue a rescatar la emoción implícita en el original, más allá, por supuesto, de los tropiezos de rigor. Una vez más, afortunadamente, puede advertirse que no todo el mundo se conforma con trillar el camino fácil.

En la trampa (La Gringa Teatro), escrita y dirigida por Marisa Barboza, muestra a un par de personajes en conflicto –muchacha en trance de separarse de su pareja, madre que enfrenta la muerte de una hija– frente a sus respectivos psicólogos que los escuchan y aconsejan. Como en la vida misma, las sendas de cada uno, incluidos los profesionales a cargo, se mezclan y complican. Tan interesante punto de partida, planteado con un simétrico criterio escénico que sigue los pasos de las mencionadas siluetas, se diluye empero a medida que avanza una acción que involucra puntos que quedan sin aclarar y un final algo apresurado. El elenco, integrado por Pablo Modernell, Micaela Fraga, Sandra Bartolomeo, Magdalena Ponce, Marcelo Rocca y Lorena Lambiaso, cabe resaltar, busca siempre inyectarle verosimilitud a sus caracterizaciones.

¿Todavía existen islas desiertas? (Teatro del Museo Torres García), escrita y dirigida por Diego Araújo, revela los entretelones del absorbente trabajo de cuatro empleadas de un call center, las cuales, un buen día, extenuadas, deciden partir a una isla deshabitada. Un gran paso, entonces, que el texto propone con un sentido más alegórico que realista, para luego dar a entender que hasta en un terreno del tipo deseado cabe que acontezca lo inesperado. A pesar de que en los tramos finales el prolífico e inquieto Araújo (Los indeseables, Cliché) no consiga concretar el asunto de manera irreprochable, conviene, sin duda, apreciar el intenso comienzo del trabajo dedicado a mostrar al cuarteto cumpliendo a fondo con las exigencias laborales, así como los consiguientes asomos de rebelión, secuencias que dejan en claro el bien orquestado rendimiento de Maru Margalef, María Emilia Pé, Mili Pérez Pi y Cindy Jara. Las muchachas, hay que decirlo, aprovechan a fondo el desafío.

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