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Vivir y escribir en Cuba

Agua por todas partes, de Leonardo Padura. Selección y edición de textos: Lucía López Coll. Tusquets, Buenos Aires, 2019. 361 págs.

Agua por todas partes, de Leonardo Padura. Selección y edición de textos: Lucía López Coll. Tusquets, Buenos Aires, 2019. 361 págs.

Más que cubano, más que habanero, Leonardo Padura (1955) repite siempre que se siente mantillero. Así los llaman a quienes viven en Mantilla, el barrio periférico de La Habana donde él nació y permanece, y antes que él, su padre, su abuelo y su bisabuelo. Desde ese barrio antiguo y descascarado ha mirado la vida y la ciudad, ha construido su concepto de patria, ha escrito libros que ganaron premios encumbrados. Por eso aún lo sorprenden –y lo enojan– los periodistas que, en lugar de preguntarle por su literatura, intentan que denigre la política del país y justifique su decisión de no emigrar. Se cansa de responder que él es un escritor cubano que vive y escribe en Cuba porque necesita a Cuba para vivir y escribir. Subraya que en todo lo que escribe está el amor por su patria y esto incluye problemas, paradojas y complejidades. En “Yo quisiera ser Paul Auster”, un capítulo del libro Agua por todas partes, se extiende en consideraciones en torno a esta postura. Confiesa que hubiese deseado ser Auster, no sólo por envidia literaria, sino para que los periodistas curiosearan en otros asuntos de los que cree saber bastante, “de béisbol, por ejemplo, o de cine italiano, de cómo se construye un personaje en la ficción o de dónde saco mis historias y qué me propongo con ellas”. Las respuestas a estos interrogantes “evitados por la prensa” afloran a lo largo de Agua por todas partes, un libro que recopila crónicas, testimonios, memorias y ensayos sobre la literatura y el oficio de escritor. Publicados en el correr de 20 años, la repetición de temas e ideas era inevitable; lo fastidioso es que no se dispusiese un orden de edición que sorteara las redundancias.

Puede asumirse que la primera persona de esta escritura autobiográfica, desde la que el autor se piensa a sí mismo y a su ejercicio creativo, comienza en la foto de tapa, con el niño Leonardo Padura de uniforme escolar. La mano derecha sostiene una lapicera, quizás para corregir la inclinación zurda del futuro –y frustrado– beisbolista, los ojos oscuros enfrentan la cámara con seriedad, el codo está cerca de acariciar la imagen de Martí.

Padura dedica muchas páginas a contar sus inicios como escritor, habla de sus dudas e influencias, de las inevitables restricciones ideológicas, de las coordenadas éticas desde las cuales escribe sus novelas, de la literatura como forma de vida. Convoca a escritores que admira, sobre todo novelistas, porque su afán es homenajear a un género del que se siente deudor. Pero también rinde homenaje a algunos poetas, y el título del libro honra un verso de Virgilio Piñera: “La maldita circunstancia del agua por todas partes”, que, en opinión de Padura, define la evidencia más palpable de la insularidad geográfica de Cuba, el significado que tiene “vivir encerrados por el agua”. Desde este lugar sitiado interpreta “una de las constantes de la literatura cubana: la definición de una identidad a través de sus traumas”.

El tema del exilio es recurrente en su producción. Como ya se mencionó, Padura optó por permanecer en su circunstancia y escribir sobre ella. No le fue mal. Por el conjunto de su obra recibió el premio Princesa de Asturias de las Letras en el año 2015, y antes había logrado reconocimiento internacional con las novelas policiales protagonizadas por Mario Conde, el detective que hubiese querido ser escritor y que, sin ser su álter ego, permite al autor interpretar y reflejar la realidad cubana.1 De todo esto habla Padura en Agua por todas partes. También muestra la zona más íntima de su trabajo en novelas que no incluyen a Conde, como la celebrada El hombre que amaba a los perros (2009), inspirada en la historia del asesino de Trotsky, Ramón Mercader, que vivió sus últimos años en La Habana. Del tiempo prolongado que demandó su escritura, el autor enumera anécdotas y reproduce cartas. Hay críticas al régimen que a algunos podrán resultarles explosivas –y les será difícil entender cómo este mantillero puede seguir viviendo en Cuba y no ser blanco de represalias–, y otros aún las juzgarán tibias. En Herejes (2013) cuenta las peripecias de una familia judía que huye de Europa junto con novecientos judíos, llevando consigo un pequeño lienzo de Rembrandt para comprar un salvoconducto y refugiarse en Cuba. No hay puerto que los acepte. Del siglo XVII y el taller del pintor, viajamos a países que se jactan del valor irrenunciable de la libertad, pero donde el ejercicio del libre albedrío incluye riesgos y condenas. El libro es un extenso relato sobre cómo se transforma en material narrativo lo que en la mente del escritor fue alguna vez una luz tenue envuelta en el humo de un gran cigarro cubano.

1.   Las cuatro primeras novelas de Conde fueron adaptadas para la televisión y estrenadas en Netflix en 2015 con el título Cuatro estaciones en La Habana.

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