Tan pusilánime como fascinante

Cine uruguayo: “Así habló el cambista”.

Así habló el cambista.

A lo largo de esta película,1 ningún personaje observa a Brause (Daniel Hendler) con una mirada cálida o cariñosa. Por el contrario, el recelo, la desconfianza o la más llana mueca de desprecio se esbozan, una y otra vez, en el rostro de sus interlocutores. Jamás se había presentado, en el cine uruguayo, un protagonista tan profundamente despreciable como este, que parece bucear constantemente entre el patetismo y la absoluta falta de escrúpulos.

Siguiendo los derroteros de películas sobresalientes, como El otro Sr Klein (Losey, 1977), Il divo (Sorrentino, 2008) e incluso El reino (Sorogoyen, 2018), Así habló el cambista logra, con suma habilidad, enfocarse e inmiscuirse en la vida cotidiana de seres humanos a contracorriente de lo que habitualmente se considera integridad moral, rectitud u honestidad. Como en aquellas películas, lo fascinante se encuentra en la osadía de explorar y compartir una representación posible de aquellos submundos ocultos que, camuflados en plenas dinámicas citadinas, pasan perfectamente desapercibidos. Nidos de serpientes en pleno funcionamiento, con sus lógicas y sus dinámicas, abordados mediante un acercamiento casi clínico al peculiar material humano que los habita.

Se elige uno de los períodos más conflictivos de nuestro país, entre los años 1956 y 1976, pero poniendo el foco en un personaje totalmente desinteresado de los problemas sociales circundantes. Brause es un cambista cuya vida pasa por comprar y vender dólares a inversores o turistas, en un comienzo con la tutela de su suegro, el señor Schweinsteiger (Hugo Machín), y más adelante por su cuenta. Entra en toda clase de negocios turbios con políticos, militares, guerrilleros, terratenientes, paramilitares y cuanto perfil oscuro se le presente en su oficina de la Ciudad Vieja, deseoso de un intermediario hábil para lavar, esconder o blanquear cuantiosas sumas de dinero mal habido. El Montevideo de la dictadura fue el escenario perfecto para que toda clase de forajido, tanto de los países vecinos como del propio, sacara provecho del secreto bancario y de la eliminación del control de cambio. Brause saca su propia tajada de todo y de todos.

A 11 años de su debut en el largometraje (Acné, 2008) el cineasta uruguayo Federico Veiroj sorprende, en primer lugar, por su prolificidad, sumamente atípica por estas latitudes. Tres películas, El apóstata (2015), Belmonte (2018) y Así habló el cambista, en los últimos cuatro años es un ritmo sorprendente, que habla bien de su creatividad y sus inquietudes personales, así como de mecanismos de producción notablemente aceitados. En segundo lugar, parece haber logrado no sólo la película de su carrera, sino probablemente una de las películas uruguayas más sólidas que se hayan filmado hasta el momento. Una ambientación histórica impecable y con tonalidades a juego con un período especialmente gris; un libreto preciso (adaptación de la novela homónima de Juan E Gruber, publicada en 1981), que aporta siempre información parcial, con personajes y situaciones enigmáticas, en las que el espectador tiene un rol activo; soberbias interpretaciones de Hendler y Dolores Fonzi, y una historia magnética y fascinante como hacía tiempo no se veía redondean brillantemente el cuadro de un personaje que cosecha, en su vida tanto pública como privada, aquello mismo que siembra y se pierde en círculos viciosos de soledad y desesperación.

1. Así habló el cambista. Federico Veiroj, Uruguay/Argentina/Alemania, 2019.

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