México rebasa los 90 mil desaparecidos

Un continuo que no termina

En un nuevo libro, el Equipo Argentino de Antropología Forense cuenta su experiencia en tecnologías de búsqueda de desaparecidos tras 15 años de trabajo en México. Brecha conversó con dos de sus integrantes en el marco de su presentación.

Protesta por el Día Internacional de las Víctimas de Desapariciones Forzadas, frente al Palacio Nacional, Ciudad de México Afp, Pedro Pardo

El trabajo incluye los aportes de las investigaciones académicas y periodísticas realizadas en el país, reunidas en el «Primer encuentro internacional sobre nuevas tecnologías de búsqueda forense», llevado a cabo hace dos años en Ciudad de México. El libro1tiene dos apartados, uno sobre modelos probabilísticos de búsqueda, que permiten usar la matemática para predecir dónde buscar, y otro abre la discusión legal sobre cómo introducir esta evidencia generada con nuevas tecnologías en los procesos judiciales de investigación de los casos.

«Los Balcanes han tenido una enorme cantidad de fosas clandestinas, de tamaños que yo pocas veces he visto, con 500 o 1.000 personas enterradas. En Irak, hay distintos períodos de fosas clandestinas que siguen investigándose, pero lamentablemente México es muy difícil, porque, mientras en esos lugares la investigación empezó cuando terminó la guerra, acá estamos en un continuo que no termina», dijo a este semanario Mercedes Doretti, fundadora del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF). Desde fines de los años sesenta, más de 90 mil personas han desaparecido en México, la mayoría en este milenio, según cifras oficiales publicadas este 30 de agosto, Día Internacional de las Víctimas de Desapariciones Forzadas. Brecha conversó sobre este tema con dos de los integrantes del EAAF, Mercedes Doretti y Daniel del Cogliano.2

—Las evoluciones recientes de la ciencia forense, relacionadas con aportes de otras disciplinas, ¿tienen que ver con el mayor recurso a los enterramientos clandestinos de parte de los victimarios?

Mercedes Doretti —Lo seguro es que hoy podemos saber mucho más e investigar mejor de lo que se podía hacer 50 años atrás. Antes, la información era en gran medida testimonial, se contaba con algún testigo que decía «yo vi, yo sé», pero a lo largo de las últimas décadas el hecho de agregar la evidencia física ha dado un vuelco a las investigaciones de derechos humanos. En síntesis, no sé si la humanidad está mejor o peor en términos de ocultamiento de cadáveres, pero sí tenemos mejores herramientas para encontrarlos.

—A pesar de los esfuerzos de los familiares, los hallazgos de enterramientos clandestinos ocurren a un ritmo muy lento. Al ritmo de hoy, para encontrar a los ya desaparecidos se necesitarían 100 años. ¿La adopción de nuevas tecnologías podría facilitar la tarea?

M. D. —Si México empieza a aplicar de forma generalizada mayor tecnología en las búsquedas, se podrían obtener distintos beneficios. En primer lugar, se podrían cubrir superficies mucho más grandes sin tener que ir a pie, como hemos hecho durante 200 años en la arqueología. Aplicar tecnología no intrusiva, que no implique cavar directamente, sino tener información preparatoria que ayude a mostrar zonas específicas de interés, permite que llegues directo al punto. Podés cubrir zonas mucho más grandes, más rápidamente y con mayor precisión. Las nuevas tecnologías permiten incluso que veas lugares a excavar que no verías en una caminata a pie, simplemente porque se encuentran en capas del subsuelo que están fuera del alcance de los ojos humanos. Un ejemplo: al descomponerse un cuerpo que está enterrado, hay una liberación de nitrógeno importante en la zona de la fosa y sus alrededores. Ese nitrógeno pasa a las plantas que están allí, produciendo su eventual absorción y el cambio de la zona donde la liberación del nitrógeno se produjo. Esto se nota en la coloración de las plantas, en ciertas ondas específicas del espectro de luz. Esta es una de nuestras líneas de investigación.

Daniel del Cogliano —Es bueno el planteo del horizonte de los 100 años de búsqueda porque uno tiene que ver la película completa. Las nuevas tecnologías no son las que tenemos únicamente hoy. En poco tiempo habrá otras más poderosas que ahora nos cuesta imaginar. ¡Si Mercedes te cuenta de las herramientas que tenían 15 años atrás! Eran completamente distintas, pero lo interesante es que, por ejemplo, la tecnología LIDAR [acrónimo de light detection and ranging (detección por luz y distancia)] que usamos ahora viene a complementar la vieja y tradicional fotogrametría. Los vuelos aerofotogramétricos permitieron en las últimas décadas generar información muy valiosa para catastro y estudios naturales, obras de ingeniería y demás, pero tienen la dificultad de que cuando sacás una fotografía, podés ver los árboles pero no el terreno que hay debajo. De hecho, si allí hubiera un enterramiento, no podríamos verlo por la limitante de la cobertura vegetal. Ahora, LIDAR hace un escaneo láser con cientos de miles de disparos por segundo, entre 200 mil y 500 mil pulsos por segundo en los sensores nuevos, que crean una lluvia tan densa que, cuando se hace desde un avión, penetra cualquier intersticio del terreno, por lo que el sensor llega al suelo y registra a distancia. En sensores inerciales es posible calcular la ubicación del punto en el que se reflejó el haz en la superficie terrestre y darle coordenadas. Así, en un vuelo de dos horas se pueden cubrir 5 mil hectáreas para analizar y detectar todas las anomalías que quieras, previo a ir al terreno.

M. D. —Voy a complementar con un uso específico que vimos en un caso, a partir del trabajo con un modelo de probabilidad. Uno dice: en tal estado de México se encontraron ya 500 fosas que, según hemos visto, no pasan de ubicarse a diez o 15 metros de alguna ruta con acceso vehicular. Pero a veces pasa que los caminos existen hasta determinado tiempo y después se usan otros. He visto trabajos de búsqueda con tecnología LIDAR que permiten saber dónde estaban los viejos caminos que hoy están tapados por vegetación. Eso abre nuevas zonas a considerar, porque allí había un camino diez años atrás. Hacer todo eso sin este tipo de tecnología es muy difícil, lleva demasiado tiempo.

D. C. —Ya hemos usado esta tecnología para casos investigados con un objetivo arqueológico y hemos detectado el Camino del Inca debajo de una zona boscosa del norte argentino, en un trabajo que estamos haciendo en conjunto con antropólogos allá.

—¿Esta tecnología se trabaja en conjunto con los sistemas de análisis de datos?

M. D. —Puede complementarse o usarse por separado. En el caso Ayotzinapa, solicitamos el uso de LIDAR por lo que decía Daniel: las zonas a investigar estaban cubiertas de ese bosque achaparrado que hay en algunas áreas del estado de Guerrero. Las imágenes satelitales no nos permitían ver si había depresiones en el terreno que nos indicaran zonas de búsqueda. Finalmente, la información obtenida en LIDAR se pasó a una reconstrucción de partes de ese trabajo por un grupo de investigación de la Universidad de Londres, Forensic Architecture.3

Lo ideal sería que en todo México se hicieran estos análisis preparatorios y de contexto para contar con datos más ciertos y mejor conocimiento, y buscar de manera más precisa, pero las cosas no suceden en el orden perfecto que uno quisiera. Sobre todo en un país como México, que, por ser federal, cada estado tiene autonomía sobre cómo busca y a quién busca. Además, por un lado están las fiscalías y por otro, las comisiones de búsqueda, y a veces no se complementan.

(izq a der) Mercedes Doretti y Miguel Nava, del equipo argentino de antropología forense, Hidla Legideno, madre de uno de los 43 estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa, Meliton Ortega, vocero de Ayotzinapa y el abogado Vidulfo Rosales durante una conferencia de prensa en Ciudad de Mexico en 2016 Afp, Alfredo Estrella

—El retraso en la aplicación masiva de tecnología en las búsquedas ¿tiene que ver con la falta de capacidad técnica de los funcionarios mexicanos o con esas dificultades de articulación entre los distintos niveles de gobierno?

M. D. —El actual gobierno [de Andrés Manuel López Obrador, en funciones desde diciembre de 2018] es el primero que reconoce la profunda crisis que hay en los servicios forenses del país [en manos del Estado hay unos 52 mil cadáveres sin identificar]. Enfrentar ese problema sería un desafío incluso para los países que ya contaran con estas tecnologías. Pero en México esto es peor porque hay una enorme crisis de equipamiento, infraestructura, capacitación y cantidad de peritos. Por suerte, ahora esto está más admitido por parte de las instituciones del Estado, aunque no se ha solucionado todavía. A partir de la implementación de la Ley General de Desaparición [vigente desde diciembre de 2017] se crearon 32 comisiones de búsqueda con subsidios federales, que incluyen rubros destinados a equipamiento que no pueden usarse en sueldos. Muchas comisiones ya están comprando equipamiento, drones, georradares. También venimos escuchando en muchos estados que la capacitación tiene un límite. Hay instrumentos que requieren expertos que los servicios forenses no tienen, pero que sí están en las universidades y centros de investigación. Nosotros pensamos que a veces simplemente es mejor buscar a esa persona de otra disciplina que por lo general no tenemos en los equipos forenses, aunque en la última década se ha empezado a incorporar a arqueólogos y antropólogos. Sabemos, de todas maneras, que muchos servicios ni siquiera cuentan con profesionales de estas áreas. Cuando no hay recursos para sostener en planta esas disciplinas, la solución es crear convenios con universidades locales para que trabajen en la asistencia de los servicios forenses, en casos específicos. Lo estamos empezando a ver en México, aunque tiene que ser muchísimo más generalizado.

D. C. —Agregaría que lo que siempre ayuda es que los centros de investigación públicos apoyen estas actividades y que las universidades vean con buenos ojos que sus investigadores participen de ellas, permitiendo que este trabajo sea parte de la demostración periódica de su producción, y que sea valorado en el currículum.

—El libro se presentó en un momento clave para México, en el que hay mucha expectativa respecto a la apertura de alguna ventana de luz en estos temas. ¿Por dónde se debería comenzar?

M. D. —Tiene que ver con muchísimas cosas, pero para mí, en gran medida tiene que ver con voluntad política. Si hay voluntad política surgen los programas, las soluciones, los fondos. Específicamente en lo que hace al área forense, es importante la interconexión de las agencias investigadoras, un problema grave en México. La separación en este momento de la Fiscalía General de la República (FGR) de gran parte de sus tareas en el Sistema Nacional de Búsqueda no ayuda en esta coordinación necesaria en el área forense [en marzo de este año, una modificación legal sacó a la FGR del Sistema Nacional de Búsqueda con el argumento de preservar su autonomía]. Tiene que haber voluntad política de realmente invertir en capacidad humana y en tecnología para que a este drama pueda dársele una solución, y me refiero a una solución a las familias a las que ya les ha sucedido esto. Pero es obvio decir que las desapariciones tienen que parar.

1. Nuevas tecnologías en búsqueda forense. Recursos para la crisis de desapariciones en México, de libre acceso en eaaf.org.

2. Mercedes Doretti estuvo entre las fundadoras del EAAF, en 1984. Actualmente es directora para América del Norte y Central. Daniel del Cogliano es doctor en Ingeniería de la Facultad de Ciencias Astronómicas y Geofísicas de la Universidad de La Plata. Ambos son argentinos.

3. Ayotzinapa, una cartografía de la violencia, de libre acceso en plataforma-ayotzinapa.org.

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