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¿Cómo se formó el público de la Cinemateca Uruguaya?

Una cuestión de ciudadanía

En un tiempo en el que peligran las salas de cine, el libro Cultura y cinefilia: historia del público de la Cinemateca Uruguaya, de Germán Silveira, supone un gran aporte en torno a la reflexión sobre la construcción de públicos y la formación de espectadores. Según su extensa investigación, el público de la Cinemateca Uruguaya «es el resultado de un proceso que se remonta varios años atrás, se nutre de todas las experiencias acumuladas y está íntimamente relacionado con una forma de ver y entender el cine aprendida a lo largo de ese devenir histórico».

Cinemateca Uruguaya. Héctor Piastri

En el inicio no se trataba de salas, eran antros. Pero el interés por el espectáculo y las estrategias agresivas del marketing hacían de la incomodidad algo intrascendente: en 1913 nuestra capital tenía 49 salas, 360 mil habitantes y 3 millones de espectadores. Faltaba más de una década para que la inversión empresarial –de la mano de Max Glücksmann y su Rex Theatre– trajera el lujo edilicio y la nueva y polémica gracia: el cine sonoro.

La crítica cinematográfica vernácula contó, en aquellos tiempos, con un precursor de lujo: el autor de Cuentos de amor, de locura y de muerte.Horacio Quirogadesarrolló una tarea crítica tan original como irregular; su trabajo fue iniciático en un contexto en el que la intelectualidad veía con sospecha el cine, y la prensa lo abordaba sólo de forma margi...

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