Asentamientos irregulares en Uruguay

Ver el árbol sin mirar el bosque (II)

El objetivo de este artículo es reflexionar con los lectores acerca del significado de los asentamientos irregulares localizados en las periferias urbanas críticas. No es mi intención enfocarme en el debate actual sobre los asentamientos y el Instituto Nacional de Colonización, en que el herrerismo intenta manipular a la opinión pública con su discurso en los medios de comunicación (por ejemplo, el senador Sergio Botana declaró: «Celebro que demos solución a los pobres de la capital y a los de la campaña»1).


CUATRO DIMENSIONES SOCIOTERRITORIALES DE LAS PERIFERIAS URBANAS CRÍTICAS

1.     Estos espacios presentan significativas desestructuraciones urbano-habitacionales. Se diferencian de las zonas de las ciudades que se encuentran razonablemente consolidadas, es decir, que cuentan con los servicios urbanos adecuadamente equipados.

                        La legibilidad de las periferias críticas se dificulta por una serie de precariedades urbanas; entre otros temas se apuntan los siguientes: calles de balasto y sendas peatonales no siempre bien mantenidas, ausencia de veredas y de cordón cuneta; la forestación de las calles consolidadas de la ciudad no existe en las periferias críticas; hay deficiente señalización; los trazados urbanos son confusos al mezclar la ciudad formal con la informal; con frecuencia los servicios públicos de salud, educación y transporte colectivo están muy distantes de los lugares de residencia; privación de redes de saneamiento y, cuando existen, la precariedad de las unidades habitacionales en materia de servicios sanitarios (baño y cocina) vuelve imposible su conexión a las referidas redes.

2.   Presencia de conjuntos habitacionales precarizados. En algunos casos fueron diseñados como transitorios y se volvieron permanentes, otros fueron diseñados como permanentes. En ambos casos se llevaron a cabo con arquitecturas y urbanismo pobre para pobres (tipologías con áreas extremadamente mínimas y con calidades constructivas y expresivas indignas). El abandono de estos conjuntos habitacionales por parte de las intendencias y de los sucesivos gobiernos, de manera frecuente, los convierte en verdaderos asentamientos irregulares.

                        De modo más analítico, los conjuntos habitacionales (CH) promovidos por las intendencias o por el Poder Ejecutivo a través de los ministerios correspondientes se pueden clasificar en cuatro tipologías: a) CH que se encuentran en buenas condiciones de mantenimiento. En este sentido, se destacan las cooperativas de ayuda mutua y de ahorro y préstamo, ya que en ambos casos los inevitables problemas que van apareciendo en las construcciones se encaran de un modo organizado, a través de la autogestión de sus comisiones directivas. Y esto es así gracias a la excelente ley de vivienda de Juan Pablo Terra, que en 2018 cumplió medio siglo de existencia. b) CH de buena calidad, que con acotadas inversiones se pueden mantener. c) CH de muy buena calidad urbano-arquitectónica, que con importantes inversiones conviene que vuelvan a su estado inicial. Por ejemplo, CH con calidades patrimoniales. d) CH con arquitectura y urbanismo pobre para pobres que se deberían demoler. Este hecho tiene la ventaja de generar en las periferias críticas lugares muy bien localizados desde el punto de vista urbano-habitacional, o bien para relocalizar a las familias que antes residían en pésimas condiciones habitacionales o bien para construir servicios urbanos de calidad que posean la mejor potencia simbólica posible. En este sentido, constituyen una adecuada referencia los parques biblioteca construidos en Medellín.

3.   En algunos casos la mezcla de situaciones urbano-habitacionales diversas incluye el tejido residencial formal inadecuado. Estas unidades habitacionales poseen bajos valores en el mercado inmobiliario, sobre todo por la zona donde se encuentran; no obstante, las familias pagan todos los servicios urbanos, agua, energía eléctrica y los impuestos que les correspondan. De manera frecuente estos alojamientos están muy precarizados, tienen humedades endémicas, servicios sanitarios irregulares e instalaciones eléctricas peligrosas para los usuarios.

4.    Los asentamientos irregulares tuvieron su pico de crecimiento en los años noventa. Se supone que hoy, con 100 mil pobres más que en 2019, la cantidad de población que vive en asentamientos se ha incrementado. De todos modos, es importante tener en cuenta que «ser pobre y vivir en un asentamiento irregular son dos fenómenos conexos pero diferentes. De 100 personas que viven en asentamientos, 53 son pobres según ingresos y 47 no lo son (2012)».2

EN UNA VISIÓN GLOBAL, ALGUNAS PARADOJAS DESAFIANTES

•      Aunque Uruguay se encuentra entre los primeros países de nuestro continente con muy buena calidad democrática, al mismo tiempo tenemos el peor indicador en la materia.

•      Como ya referimos, independientemente de los ingresos de los hogares en las periferias, algunas familias pagan los servicios básicos urbanos y otras no.

•      Aunque recuperamos la democracia en 1985, si estudiamos las dinámicas demográficas (1985-1996 y 1996-2011), la fragmentación sociourbana se ha agudizado en el gran Montevideo.

•      Si bien la población total de Montevideo permanece prácticamente estancada, su mancha urbana en las periferias críticas crece de forma sostenida.3 En 1985 el número de habitantes era 1.311.976; en 1996, 1.330.405, y en 2011, 1.356.427.

•      Otro factor que también agudiza la fragmentación sociourbana son los barrios cerrados, que, sobre todo desde 2020, se están incrementando.

Luego de esta breve descripción de las paradojas y volviendo al tema de las periferias urbanas críticas, cabe aclarar que mi intención no es estigmatizar estos espacios, sino hacer un esfuerzo para comprenderlos en su complejidad contradictoria, sobre todo porque una porción importante de esta población fue expulsada de la ciudad consolidada, dado que sus ingresos se desacoplan del costo de los alquileres y por un conjunto heterogéneo de vulnerabilidades: deficiencias en la nutrición, en el acceso a la salud y la educación, dificultades para acceder a un empleo formal y una previsión social insustentable.

En otras palabras, mientras en la ciudad consolidada las vulnerabilidades de las familias se suman, en las periferias críticas se multiplican. Al mismo tiempo, quienes viven en el tejido residencial formal pagan sus servicios urbanos, aunque, en términos generales, en los asentamientos irregulares no, por tanto estos ahorros pueden destinarse a mejorar sus alojamientos y en muchos casos a hacer crecer sus áreas habitables.

¿QUÉ HACER?

Para mitigar la fragmentación sociourbana existente tanto en el gran Montevideo (Montevideo más su área metropolitana inmediata), donde reside el 54 por ciento de la población total del país (según el censo de 2011), como en las ciudades intermedias del interior es necesaria una minuciosa planificación sociourbana, para lo cual la Ley de Ordenamiento Territorial y Desarrollo Sostenible ofrece una serie de herramientas muy pertinentes. Sin embargo, esta ley no aparece en la agenda pública. Además, para fortalecer el mejoramiento barrial se necesitan importantes inversiones socioterritoriales.

CONCLUSIONES

Mi anhelo es que la mitigación de la fragmentación sociourbana forme parte de un gran debate nacional. La ley de ordenamiento territorial es una guía imprescindible para ello. Este debate debe tener una gran apertura entre el conocimiento experto de los técnicos y el conocimiento experimentado de la ciudadanía, en particular la participación de los pobladores de las periferias críticas. Por supuesto que las intendencias juegan un papel central en este debate, pero también el Parlamento y el Poder Ejecutivo a través de diversos ministerios y empresas públicas, junto con los aportes de la Universidad de la República. De manera que resulta necesario generar, por un lado, planes de largo plazo para mejorar las inversiones públicas y, por otro, planes zonales consistentes con los planes maestros. De este modo, las inversiones resultarán acumulativas y estructurantes del territorio. Y parece sensato imaginar que la importante escala de las obras abarcará varias administraciones. Las áreas problema antes referidas así lo demuestran: desestructuraciones urbano-habitacionales, conjuntos habitacionales precarizados, tejido residencial formal inadecuado y asentamientos irregulares.

De esta manera, iremos hacia planes, proyectos y gestiones fortalecidos y de alta calidad.

El futuro deseable de Uruguay es multiplicar oportunidades para los más débiles.

Para finalizar, transcribo estas sabias palabras del gran historiador y filósofo estadounidense Marshall Berman: «Una de las cosas que pueden hacer que la vida moderna sea digna de ser vivida son las oportunidades mejoradas que nos ofrece […] hablar juntos, acercarnos y comprendernos unos a otros. Tenemos que sacarles el mejor partido a estas posibilidades; deberían configurar la forma en que organizamos nuestras ciudades y nuestras vidas».4  

1. Semanario Búsqueda, Frases de la Semana, 14-X-21.

2. Jack Couriel, Jorge Menéndez, Vivienda, Colección Nuestro Tiempo, 2013-2014.

3. Esta constatación tiene diversas consecuencias perversas, ya que dificulta el desarrollo del Montevideo rural y, desde el punto de vista del cuidado del ambiente, no contribuye a mitigar el cambio climático, se contradice con el principio de la eficiencia energética y tampoco promociona la biodiversidad.                

4. Marshall Berman, prefacio a la edición de Penguin de 1988, en Todo lo sólido se desvanece en el aire. La experiencia de la modernidad.

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