“Me veo generando alianzas con el FA para evitar una embestida conservadora” - Semanario Brecha
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“Me veo generando alianzas con el FA para evitar una embestida conservadora”

Se enamoró perdidamente de la fórmula Sanguinetti-Batalla cuando tenía 12 años y se hizo colorado. Siguió los pasos de Pedro Bordaberry, con quien comparte el hecho de tener padres que no creen en la democracia. Ahora, con 34 años y basándose en desencantados frenteamplistas, Fernando Amado busca alimentar una expresión electoral propia, Batllistas Orejanos, con el fin de tomar las riendas de su partido y “desalojar el statu quo”.

Fernando Amado / Fotos: Fernando Pena

—¿Cómo fue su ingreso a la ac­tividad política?

—Con mucha tranquilidad espiritual y orgullo, digo que in­gresé por el Foro Batllista (FB) a fines de 2001. Había empezado a estudiar ciencia política, la fa­cultad queda a una cuadra de la casa del partido, me escapé para hacer mi primer curso de forma­ción. El expositor que me gustó más fue (Washington) el “Tur­co” Abdala, fue el que nos hizo sentir más cómodos. Le escri­bimos un mail y a los dos días estábamos en su despacho. Más allá de que era funcional a su es­trategia, estoy eternamente agra­decido porque machacaba con que tuviéramos una expresión electoral propia. Con él transita­mos en el FB hasta 2004 y con él nos presentamos por primera vez con lista propia a una elec­ción interna: sacamos 439 vo­tos. Eso me permitió ser conven­cional nacional. Fue importante porque era un momento en que dejábamos de ser gobierno y to­da la atención pasaba a estar allí, donde estaban todos los podero­sos. Ahí arrancamos a dar batalla dentro de la estructura. Se hace la reforma de la Carta Orgánica y a fines de 2007 se hace la elec­ción de jóvenes.

—Ese año nace Vamos Uru­guay. ¿Cómo conoce a Borda­berry?

—Sosteníamos que rumbo a la departamental de mayo de 2005, el Partido Colorado (PC) y el FB no podían repetir la oferta electoral de octubre, tenían que tratar de renovar. Decidimos no tener candidato y acompañar a Pedro, que era de la lista 15. Ahí lo conocimos, luego lo dejamos de ver. A su vez, mi grupo, Alter­nativa Joven, empieza a alejarse cada vez más del FB cuando co­mienza a saberse que Pedro esta­ba generando una corriente nue­va. Fui a entrevistar a Guillermo Stirling para mi tesis y me pre­guntó en qué andábamos; está­bamos pendientes pero sin saber dónde acumular fuerzas. Era no­viembre de 2006 y estábamos en el estudio Jiménez de Aréchaga, Viana y Brause…

—Donde también Bordabe­rry tiene su estudio.

—Agarró el teléfono, le dijo: “Pedro, ¿estás ahí?”. Pedro baja. Me dice para sumarnos; en ene­ro nos juntamos a comer y de­cidimos sumarnos a la aventu­ra de Vamos Uruguay (VU). La primera cosa que le dije cuando nos sentamos a almorzar fue: te­nemos una cosa en común y otra que no. Tenemos padres que no creen en la democracia: tu padre, notoriamente, y el mío, si bien ha sido militar en democracia, no podría sostener que es un de­mócrata empedernido. La dife­rencia es que vos venís de la 15 y yo del FB, yo me siento social­demócrata. Me contó qué pen­saba hacer y nos tiramos en una pileta sin agua. Armar un grupo para enfrentar a Jorge Batlle y a Sanguinetti, al FB y la 15, que todavía tenían una potencia im­portante, era una aventura donde todos nos deseaban buena suerte pero todos sabían que iba a ter­minar mal.

—¿No aprendió nada de Bordaberry?

—Hay errores que sé que no voy a cometer, no sé si Pedro los cometió conscientemente, en el sentido más profundo de la expresión…

—¿A qué se refiere?

—A que pasó de tener un liderazgo bastante generoso, que ambientaba la diversidad, a querer mostrar a VU compac­to, como un cuadro de rugby donde todos tenían que pensar lo mismo y tirar para el mismo lado. Eso fue un cambio muy profundo, porque hasta 2010 VU no era así. Hasta ese mo­mento yo podía decir lo que pensaba y no escandalizaba a nadie. Otro cambio fue la des­naturalización de la esencia: nace para cambiar la forma de hacer política de los sectores tradicionales del PC y la mayo­ría de sus dirigentes terminaron en la estructura de VU.

—Esto último, desplazar a los sectores tradicionales, es lo que propone su nuevo sector.

—Claro, pero Pedro fue una falsa ilusión, porque lo más dolo­roso de todo es que pusimos mu­cha energía y mucha esperanza en todo el proceso, y nos fuimos topando con una y otra ilusión. Teníamos fe de moldear VU para donde nosotros queríamos y no como querían compañeros como Juan Ángel Vázquez, que venían del pachequismo. Bueno, perdi­mos. El molde se fue asemejan­do a una propuesta conservadora de derecha, a una propuesta poco liberal en el sentido humanista, y la decisión de acentuar un cami­no de herrerización hizo que nos sintiéramos cada vez más incó­modos.

Insisto en que los objeti­vos de su nuevo sector son los que Bordaberry planteó hace diez años…

—Claro, pero VU planteó un cambio para seguir siendo lo mismo. Nosotros planteamos un cambio para cambiar, y por eso es tan radical el planteo. Que se entienda de entrada: no es un cambio moderado ni de fachada.

—La pregunta es si no es un poco ambicioso pretender levan­tar un partido histórico “sin pa­drinos, sin ex presidentes y sin billeteras”. Porque Bordaberry tenía todo eso y fracasó.

—A ver, lo que estamos planteando es totalmente ambi­cioso. Lo más fácil sería hacer otra cosa. Si estuviera pensan­do en renovar la banca haría de­terminado trabajo como diputa­do, marcaría determinado perfil, buscaría una visibilidad que le pudiera servir a cualquier grupo del PC y, llegado el momento, me vendo al mejor postor para salir diputado de vuelta. Ese ca­mino estaba disponible pero de­cidimos negarnos a recorrerlo y saltar al vacío o a la esperanza. Para nosotros es para la esperan­za. Empezamos un camino que no sé dónde va a terminar, nos puede ir bien o nos puede ir mal. Pero es el camino que queremos recorrer.

—Ha dicho que va a desalo­jar el statu quo colorado. ¿Có­mo va a hacer?

—Ocupar los lugares de di­rección del PC a partir de ganar la elección interna y por ende gobernar nosotros, no los que están hoy. Decimos sin padri­nos porque hay que llegar sin influencias tras bambalinas. Me preguntan por qué les pego a Ju­lio y a Jorge, que no van a ser candidatos. No les pego, me des­marco y marco que siguen te­niendo incidencia…

—Justamente, su estrategia o su impronta es la del desmar­que, un Amado polémico y tira­bombas. ¿Qué hay después de eso? ¿Cómo va a generar alian­zas que le permitan engrosar su sector?

—La acumulación no va a ser con dirigentes. Va a ser con la gente. Y no es un eslogan o cliché demagógico.

La gente, igual, siempre es la vedette.

—Usted conoce la interna del partido. ¿De qué me sirve su­mar dirigentes que se represen­tan a sí mismos? Sería una suma­toria de problemas de dirigentes que tienen ego y determinadas características. Falso aquello de que hay dirigentes colorados que tienen votos. Nadie tiene nada en el PC. Quizás Bordaberry y Ta­baré Viera puedan tener público cautivo. O José Amorín, pero su estructura está alicaída. Si no se toma conciencia de la realidad del PC, se cae en razonamien­tos tácticos-estratégicos típicos de partidos que están en otra si­tuación.

—¿Su acumulación va a ser sólo afuera entonces, con los desencantados frenteamplistas?

—Sí. No descarto que en este camino haya descontentos colo­rados que se sumen, eso va a pa­sar, pero la apelación es a conec­tar con gente común y corriente que no está politizada, en el sen­tido de estar militando, y que no viene votando al PC. No es utó­pico, está pasando, no sé cuán­tos serán. Tenemos la intuición de que la pecera es mucho más grande de lo que se imagina.

Ha dicho que hay sectores del Frente Amplio con los que no tiene nada que ver. ¿Con qué sectores simpatiza?

—Dentro del Mpp hay per­sonas con las cuales podríamos tener puntos de coincidencia y gente con la que no me podría entender. Dentro del PS también. Me pasa lo mismo con la oposi­ción, con (Jorge) Larrañaga po­dría tener coincidencias. Aho­ra, con (Edgardo) Novick, ¿qué coincidencias puedo tener?

Larrañaga busca acumu­lar en distintos partidos de cara al balotaje. ¿Qué actitud va a to­mar Batllistas Orejanos si el PC decide ser parte de eso?

—Hacer una colcha de reta­zos al revés es absolutamente in­viable para nosotros. Juntar todo lo que existe por el simple hecho de sacar el FA no nos convoca, más bien genera rechazo. Algu­nas otras propuestas que tienen más que ver con lineamientos ideológicos, no las descartaría. En política se está para defen­der ideas, entonces si hay grupos que tienen coincidencias, nunca lo descartaría.

Subyace el supuesto de que no habrá mayorías parla­mentarias en el próximo perío­do. ¿Con quién se ve haciendo alianzas?

—Tenemos muy claro que si gana el FA es muy probable que necesite gobernabilidad para al­gunas cosas, para llevar adelante proyectos. Si gana Lacalle Pou es­tá más difícil hacer alianzas. Ahí yo me veo generando alianzas pa­ra que una embestida conservado­ra no arrase con una cantidad de conquistas populares, porque mu­chas tienen, por lo menos, un tufo batllista. Nuestra vocación es ser un puente entre dos mitades que no se hablan, y dar gobernabilidad siempre y cuando sean cosas en las que estamos de acuerdo.

—Se ubica ideológicamente en la centroizquierda. ¿De dón­de absorbió eso? De su casa ob­viamente no.

—No, y de hecho no creo que estén muy contentos con to­das las cosas que digo, hago y pienso. Han sido y serán siempre temas de diferencia. La verdad es que fui armando mi identidad a partir de contrastar con la reali­dad las cosas que me fueron me­tiendo en la cabeza.

—¿Por ejemplo?

—En mi casa me contaban determinada película, relatos de la historia que después en mi li­bertad fui queriendo confirmar. Empecé a madurar qué era lo que yo quería hacer realmente, y no convertirme, como muchas veces pasa, en una prolonga­ción de tus padres. Mi pasaje por Ciencias Sociales tuvo un prota­gonismo en mi proceso de ma­duración político-filosófica. Por la formación, pero también por cultivar el pensamiento crítico. Voy a estar eternamente agrade­cido a esos docentes que insis­tieron en cuestionarme todo, pe­ro también en hacer un ejercicio importante de objetividad en el análisis de las cosas, más allá de que en sí todo es subjetivo.

—¿La Udelar jugó un papel muy importante en su carrera política, entonces?

—Ah, sí. Fundamental. Es la universidad, los profesores, el empezar a acumular conoci­miento, información, leer auto­res, teoría política, estudiar ca­sos concretos y la historia todo al mismo tiempo, pero en un momento fermental, a los 18, 19, 20 años. Es una edad en la que vas viendo con quién que­rés estar, con quién no, con qué te sentís cómodo, qué querés re­presentar…

—Ahí empezó a cruzar Mar­tínez Trueba, a la casa del PC.

—Yo ya me sentía colora­do. Me enamoré a los 12 años de la fórmula Sanguinetti-Bata­lla, y eso es un acierto de Pan­cho Vernazza, que después fue el publicista de Mujica. No tengo una explicación racional. Desde ese momento me sentí colorado. Con el tiempo sentí que era el equilibrio del estadista, frío, qui­zás calculador, pero inteligente y maquiavélico, con el hombre bueno que vino de abajo, de La Teja, sin maldad, puro. Después del flechazo igual pasó mucho tiempo para que me enrolara en la actividad política partidaria…

—Y pasó tiempo antes de que se desenamorara de la figura de Sanguinetti…

—Todo un proceso. Algunos pueden usarlo para marcar con­tradicciones, me parece un ejer­cicio caprichoso. Tengo 34 años recién cumplidos. Por supues­to que he cambiado mucho mis formas de pensar en los últimos años, he terminado de madurar razonamientos, tomé decisiones importantes sobre qué quiero re­presentar. No me quejo, pero no es nada sencillo representar la antítesis de lo que quieren que representes en tu casa. Son deci­siones muy difíciles internamen­te, en el estómago, en el corazón. Pueden tener sus costos, pero fui sintiendo que tenía que hacerlo, y de repente…, hay momentos que te ata pero luego hay que li­bertarse porque no vas a ser vos mismo…

—¿Cómo toma las preguntas recurrentes sobre su padre, Fer­nán Amado?

(Piensa.) Sé que es difícil de entender, esto también me lo dio Ciencias Sociales: la toleran­cia y la naturalidad de la crítica y la autocrítica. Soy hijo del ex comandante en jefe durante el gobierno de Sanguinetti, pero no se me escapa que fue intendente interventor de Maldonado. Todo el Ejército estaba metido en la dictadura. Él estaba en un lugar intermedio, no era un tomador de decisiones pero tampoco era un alférez, pero ha reivindicado su papel y el papel de las Fuer­zas Armadas. Él es verde, yo soy político. Él tiene una mira­da bastante negativa del político, por ende tiene una mirada nega­tiva de la profesión que yo abra­zo. Es una relación complicada, por momentos con alto nivel de intensidad de tormenta, por mo­mentos no. A veces el mejor ca­mino es evitar la confrontación ideológica. Estoy seguro de que no le hace gracia que vaya a la Marcha del Silencio, a la coloca­ción de la placa de la memoria en donde funcionó la Dirección de Inteligencia Policial y se sacó el retrato de Víctor Castiglioni, o a la conmemoración del Día del Detenido Desaparecido…

¿Y le hace gracia que us­ted siga viviendo con él? Más allá de las bromas, es difícil entender cómo se prolonga esa convivencia teniendo los medios para evitarlo.

—Porque más allá de todo nunca sentí incomodidad en mi casa desde el punto de vista de precisar mi espacio, que a mucha gente joven le pasa, incluso a mi hermana le pasa. Son relaciones complejas en las que las discu­siones cuando se tornan políticas son despiadadas y dolorosas. En el fondo estoy seguro de que a él le gustaría que a mí me fuera bien…

¿Y su madre?

—Mi vieja es una persona muy divertida, muy particular. Es un ama de casa. Sufre mucho con todas mis cosas, tiene mie­do. Mi vieja apoya desde un lu­gar… clandestino no es la pala­bra, más “cómplice”, si querés. Tiene un rol de apoyo moral si­lencioso. Uno se cría en determi­nados entornos y para algunos es una traición que después uno no represente a esos entornos. Eso es lo difícil. Me pasa en mi fa­milia y en mi partido, porque terminó siendo un reducto bas­tante reaccionario, conservador y de derecha, cuando el partido no fue eso históricamente. El PC quedó encerrado en su pro­pia peripecia histórica, en un proceso que comienza antes de la dictadura, cuando empieza a tener una expresión mayoritaria una derecha popular que empie­za asfixiar las expresiones más progresistas, que se terminan yendo. Después, como para co­nectar todo eso en una línea de coherencia histórica, Sanguinetti y Batlle trataron de salvar el pa­pel del PC y también la figura de Pacheco. No digo que no pueda haber pachequistas, lo que es ab­solutamente incomprensible es que en el PC, en términos ge­nerales, hoy lo terminen sacrali­zando. No es una figura de con­troversias, cuando debería serlo.

Destaca su participación en la Marcha del Silencio y de­más, pero no apoyó el voto ro­sado.

—No.

—¿No hay una contradic­ción ahí?

—En lo lineal sí, podría in­terpretarse como una contradic­ción. Pero como decía, he ido evolucionando. Fui tomando co­raje para salir de ese encasilla­miento en el que me obligaban a estar. Me he ido radicalizando en este tema. He ido cada vez tomando más conciencia de la importancia de la gravedad y lo trascendente que termina siendo para el presente y el futuro. Otra cosa que me cuesta entender es cómo todavía hoy tenemos obs­táculos para razonar de manera distinta o para desalinearnos de determinadas tesis.

—¿Se refiere a la teoría de los dos demonios?

—Es una gran falsedad. Es una forma de ponerse en un lu­gar de “yo, el bueno”. Este malo y el otro malo se pelearon y yo, el bueno, vine a pelear y salvé la institucionalidad. Y por este malo primero surgió este segun­do malo y trajo lo otro, entonces le echo la culpa al primer ma­lo. Es muy obvio que fue todo mucho más complejo. Estamos realmente muy lejos de un nun­ca más, porque el sistema políti­co es incapaz de hacer una auto­crítica sincera. El PC no ha sido capaz de responsabilizarse. El golpe lo dio alguien electo ba­jo el lema colorado, y Pacheco fue el principal creador de Juan María (Bordaberry), que fue presidente constitucional pero sus convicciones democráticas eran muy débiles. En democra­cia, el PC llevó al Senado, ¡al Senado!, al canciller de la dic­tadura (Juan Carlos Blanco) y a quien sería el primer preso por delitos de lesa humanidad. Si no somos capaces de darnos cuenta de la magnitud simbóli­ca que tiene eso, si mantenemos el silencio cómplice, es compli­cado. No quiere decir que es­carbemos, quiere decir que te­nemos que enfrentar los lastres del pasado con grandeza y con humildad y hacer autocrítica sin miramientos. Listo, fue así, ¿hay que dejar de ser colorado por eso? Yo no dejo de ser colo­rado por eso.

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 La roqueada orejana

¿ Habló con Los Olimareños antes de usar el tema Orejanos para presentar su nuevo sector?

—No, porque es de Serafín J García. Siem­pre me gustó. Cuando salía a hacer ejercicios era una de las canciones que tenía para escu­char. Decidimos usarla porque representa mu­cho de nuestra peripecia en el PC. Pero era de muy mal gusto usar la versión de Los Olimare­ños o del Pepe Guerra, sabiendo su orientación ideológica. Uno de los desencantados –aunque dice que no es desencantado porque hay cosas del FA que le hicieron bien pero lo seduce esta nueva propuesta– vive en un asentamiento del Cerro y es metalero. Le dijimos, che, Daniel, ¿te animás a hacer una versión roqueada de “El orejano”? Le encantó la idea y la hizo. Sé que han criticado, pero fue casera en el sentido más literal de la expresión.

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 “No descarto ser candidato a intendente”

Ha dicho que sería precandidato presidencial. ¿Abandonó sus planes de ser intendente?

—Qué maldad (risas). Es como ver la vaca… Es muy seductor, te mentiría si te dijera que no me interesa. Por ahora estoy tratando de que cristalice Batllistas Orejanos y que la gente se tome en serio nuestro planteo. En la acumulación de hechos se va a ir notando que esto no es juego para después acomodarme.

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