«Yo, Asurbanipal, rey del universo, señor de Asiria, he recibido aquí el homenaje de los reyes de los cuatro ángulos de la Tierra. A Nínive han venido a besar mis pies, con sus tributos y regalos, como corresponde a mi majestad.» Con mínimas actualizaciones, esta inscripción de un relieve neoasirio de 27 siglos de antigüedad bien podría adornar una de las novísimas placas con las que Donald Trump, señor de Estados Unidos, acaba de pavimentar el rosedal de la Casa Blanca. Tampoco desentonaría como pie de foto de la última visita de líderes europeos a ese establecimiento. Allí, el 18 de agosto, ocho de ellos se sentaron alrededor del escritorio del magnate neoyorquino y se turnaron ante cámaras en profusos agradecimientos, lisonjas y otras reverencias. «Señor presidente, querido Donald», le ...
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