Drop Site News reveló el 26 de enero un borrador de resolución de la recién bautizada Junta de Paz de Donald Trump. La resolución esboza lo que, en esencia, es la segunda fase del poco realista plan de paz del presidente de Estados Unidos, que supuso el inicio de una nueva etapa de horror en Gaza bajo la apariencia de un alto el fuego.
Lejos de abandonar las imágenes ridículas y ofensivas que Trump compartió en ese video de inteligencia artificial del año pasado en el que aparecía junto a Elon Musk en una playa de una Gaza irreconocible, esta resolución es el plan de batalla para convertir Gaza en el patio de recreo de los ricos que Jared Kushner presentó en el Foro Económico Mundial de Davos. Es una Gaza en la que los únicos palestinos que quedan son los elegidos para ser los sirvientes del nuevo régimen.
Es una Gaza bajo ocupación estadounidense permanente.
LA «JUNTA EJECUTIVA» QUE CONTROLARÍA GAZA
La Junta de Paz (Board of Peace) ha sido la que más ha llamado la atención, pero no es el eje central en lo que concierne a Gaza. Se ha configurado como una fuerza internacional para desafiar a las Naciones Unidas y, en la actualidad, está integrada en su totalidad por figuras de extrema derecha y autocráticas; es probable que siga así.
La Junta estará dirigida por Trump y su función como presidente del consejo es de carácter personal, independiente de su papel como presidente de Estados Unidos. Tiene pleno poder sobre la composición de la Junta y pleno poder de veto sobre sus acciones. Trump seguirá controlando la Junta hasta que decida marcharse o muera, y tiene la autoridad exclusiva para nombrar a su sucesor. No se podría construir una autocracia más clara.
El Comité Ejecutivo (Executive Board) es el órgano que gobernará el territorio, aunque también tendrá otras áreas dentro de su cartera, por lo que ha delegado su poder en otro grupo, denominado Consejo Ejecutivo de Gaza (Gaza Executive Board).
Entre los miembros del Comité Ejecutivo se encuentran nombres muy conocidos, como Steve Witkoff, el principal negociador de Trump; Susan Wiles, su jefa de Gabinete; Jared Kushner, su yerno, y Tony Blair, ex primer ministro del Reino Unido y criminal de guerra en la invasión de Irak de 2003.
El resto pueden ser menos conocidos, pero todos son importantes y, en conjunto, dibujan un panorama muy preocupante sobre cómo se comportará esta Junta.
No solo no hay palestinos en la Junta Ejecutiva de Gaza, sino que tampoco hay nadie con experiencia en la defensa de los intereses palestinos. El Comité Ejecutivo, al que el Comité para Gaza prestará servicios de «asesoría», ya incluye a gran parte de estos «asesores»: Witkoff, Wiles, Kushner, Blair y Rowan, junto con el secretario de Estado, Marco Rubio, y el subdirector de la Agencia de Seguridad Nacional, Robert Gabriel.
Trump también nombró al director del Banco Mundial, Ajay Banga, y al abogado Martin Edelman, quien mantiene estrechos vínculos con Emiratos Árabes Unidos, para el Comité Ejecutivo. Aryeh Lightstone, exasesor del embajador de Trump en Israel durante su primer mandato, David Friedman y Josh Gruenbaum, un burócrata que ha trabajado estrechamente con Witkoff y Kushner, fueron nombrados asesores de la Junta Ejecutiva.
Aunque no hay israelíes en la Junta Ejecutiva, está repleta de partidarios extremistas de la derecha israelí y de Netanyahu. La propuesta no ofrece ninguna oportunidad a la población de Gaza para que tenga voz y voto en su situación actual, y mucho menos en su futuro. La Junta Ejecutiva gobierna todas las leyes. Una Fuerza Internacional de Estabilización (ISF) liderada por Estados Unidos controla toda la seguridad.
La ISF estará bajo el mando del general de división estadounidense Jasper Jeffers. Trump, y solo Trump, tiene el poder de destituirlo y debe aprobar personalmente a cualquier candidato para sustituirlo.
El plan establece, además, que «solo aquellas personas que apoyen y actúen de manera coherente [con el plan integral de Trump para Gaza] podrán participar en las actividades de gobernanza, reconstrucción, desarrollo económico o asistencia humanitaria en Gaza».
Idealmente, para Trump y Jared Kushner, Gaza se transformaría en una gigantesca «ciudad empresa». La mayor parte de la costa se dedicaría al turismo. La frontera oriental de Gaza con Israel se dedicaría a zonas industriales y enormes centros de datos, lo que sin duda reflejaría las enormes inversiones que Trump y sus amigos emiratíes están haciendo en inteligencia artificial.
Entremedias habría zonas residenciales separadas por parques, terrenos agrícolas y deportivos. En Cisjordania, estos parques y zonas agrícolas suelen declararse zonas militares cerradas y ser utilizados para otros fines por la fuerza ocupante.
Como ha quedado claro desde el principio, el único papel que se prevé para los palestinos es la administración de las decisiones de la Junta Ejecutiva. En otras palabras, a los tecnócratas, trabajadores y oficinistas palestinos se les «permitiría» llevar a cabo las decisiones tomadas por otros en su nombre.
Esta resolución solo aporta un poco más de sustancia a las ideas a medias que Trump ha estado planteando desde octubre. Y sigue contemplando un futuro próximo en el que Hamás se ha desarmado de manera voluntaria, Israel se ha retirado de Gaza y las ISF han asumido el control de la seguridad, lo que es bien recibido por los palestinos que permanecen en Gaza.
Todo eso sigue siendo pura fantasía.
Hamás ha dejado claro en repetidas ocasiones que está dispuesto a discutir el desmantelamiento de sus armas, pero que no se desarmará. Dado que Israel está, una vez más, financiando a bandas palestinas rebeldes en Gaza, el desarme total es un suicidio para muchos miembros de Hamás, la Yihad Islámica y otras facciones.
Estados Unidos está debatiendo la posibilidad de ofrecer amnistía e, incluso, un programa de recompra de las armas, pero estas ofertas son poco útiles si el desarme pone en grave peligro la vida de los miembros de Hamás, incluso si asumimos que Estados Unidos cumple su palabra y que Israel no persigue a estos combatientes.
Además, Israel se muestra muy crítico con todo este plan. Prefiere volver a golpear con fuerza a Gaza, en especial ahora que no hay rehenes, vivos o muertos, de los que preocuparse.
Netanyahu ha declarado abiertamente que Israel no permitirá la reconstrucción de Gaza –donde sigue matando a personas, incluidos bebés, no solo con sus armas, sino también negando a los palestinos los materiales necesarios para protegerse de las inclemencias del invierno– hasta que Hamás sea «desarmado». También que mantendrá el «control de seguridad» sobre Gaza de forma perpetua. Israel informó a Estados Unidos que quiere ampliar su zona de control en Gaza –que ya abarca más de la mitad de la Franja– en lugar de reducirla, como pide el plan de Trump. Según se informa, ya elaboró un plan para una importante operación militar, un retorno al genocidio en toda regla del año pasado, que prevé poner en marcha en marzo, a menos que Estados Unidos se niegue a permitirlo.
Y, por último, sigue habiendo mucha ambigüedad sobre la posible composición de la ISF. Aunque numerosos Estados se han comprometido a apoyar el desarme de Gaza, muchos también han expresado su renuencia a formar parte de la fuerza si eso significa tener que enfrentarse a grupos armados de resistencia palestinos.
Hay una buena razón para su reticencia. Lo que se está gestando en Gaza es un nuevo tipo de ocupación extranjera. Esta vez, Estados Unidos sería la fuerza principal sobre el terreno, a menos que permita a Israel renovar su agresión, algo que Trump no quiere. Sería el mayor fracaso de su larga lista de fracasos, lo que socavaría su afirmación de haber «acabado con las guerras en todo el mundo».
Puede que la población de Gaza tarde algún tiempo en reorganizarse tras los últimos dos años y medio, pero la resistencia llegará, como siempre lo ha hecho.
Mitchell Plitnick es Presidente de ReThinking Foreign Policy. Es coautor de Except for Palestine: The Limits of Progressive Politics (2021). Ha sido vicepresidente de la Foundation for Middle East Peace, director de la oficina estadounidense de B’Tselem y codirector de Jewish Voice for Peace. Tomado de Mondoweiss (30-I-26). Brecha reproduce fragmentos.









