Hace 20 años, el 10 de febrero de 2006, la ministra de Defensa Nacional, Azucena Berrutti, llegó muy temprano, como de costumbre, al Palacio Blixen de Castro, sede del ministerio en la zona de Tres Cruces, que para entonces había sido rebautizado como Edificio General Artigas. Permaneció en su despacho (ese más modesto que había intercambiado con el subsecretario porque el escritorio del principal era tan grande que le daba vértigo) solo el tiempo necesario para hacer dos llamadas, la primera al comandante en jefe del Ejército, teniente general Carlos Díaz, y la segunda para pedir un taxi. Los dos oficiales que actuaban como ayudantes personales de la ministra se precipitaron escaleras abajo cuando desde el despacho del primer piso vieron a Azucena parada en la puerta de la casona de 8 de ...
Artículo para suscriptores
Hacé posible el periodismo en el que confiás.
Suscribiéndote a Brecha estás apoyando a un medio cooperativo, independiente y con compromiso social
Para continuar leyendo este artículo tenés que ser suscriptor de Brecha.
¿Ya sos suscriptor? Logueate







