En medio de ruidos varios relativos a la gestión de su cuarto gobierno, el Frente Amplio (FA) reunió a su Plenario Nacional, el pasado 30 de mayo. El escenario está marcado por una caída constante de la aprobación del Ejecutivo encabezado por el presidente Yamandú Orsi. Tras las mediciones realizadas por las encuestadoras Factum y Equipos (ambas con porcentajes altamente negativos en la valoración de la gestión gubernamental), el miércoles se conoció una nueva medición, esta vez de Opción Consultores. La encuesta también constató una caída continua de la aprobación del gobierno, que bajó a 20 por ciento, frente a un 48 por ciento de desaprobación. Y un dato que se repite en las mediciones es el aumento del descontento dentro del electorado frentista, que se ubica en un 19 por ciento, mientras que la aprobación alcanza el 38 por ciento.
El documento de coyuntura elaborado como base de la discusión del Plenario hace un repaso de las políticas públicas y los logros alcanzados por el gobierno, recuerda las circunstancias adversas en que asumió la nueva administración, en especial por el deterioro de indicadores macroeconómicos y sociales, así como la incertidumbre internacional que producen las guerras militares y comerciales. También esboza una descripción de los descontentos generales y a la interna de la fuerza política que se perciben en los primeros 14 meses de gestión. En opinión de varios cientistas sociales, la «revolución de las cosas simples» simplemente no ha impactado más que de forma parcial en la ciudadanía y tampoco encanta a gran parte del universo frenteamplista. En esa línea de razonamiento recordaron a Brecha que, si bien es cierto que son pocos quienes leen el programa que sale del Congreso, existe una inercia conceptual establecida de que un gobierno del FA implica cambios estructurales y no simplemente una mejor gestión de la cosa pública. Por eso, el gobierno se mueve entre dos realidades: la base de izquierda que sabe que las medidas paliativas (por ejemplo, la batería de transferencias monetarias hacia los sectores vulnerables) no mueven la aguja en los problemas de fondo causantes de la desigualdad y la pobreza, y aquellas áreas de la población que no perciben cambios importantes en su cotidianidad (porque, además, las transferencias se gradúan en el tiempo).
El descontento entre el electorado duro del FA se nutre de otros componentes, como la política internacional del gobierno y sus silencios ante el genocidio en Gaza; también en estos días se agrega una segura rendición de cuentas con cero incremento de recursos, basada solo en reasignación de dinero entre incisos, aunque se mantienen los fondos incrementales votados en el presupuesto quinquenal el pasado año. Consciente de esos problemas, el Frente decidió reeditar «El FA te escucha» y ya desde hace algunas semanas sus autoridades están en plena recorrida por el país.
Una constante desde el gobierno y desde la presidencia del FA ha sido señalar que el Poder Ejecutivo y la fuerza política son cosas distintas, que se gobierna para todos y que, como ha dicho Orsi cuando se le cuestionó su visita al portaaviones estadounidense o sus posiciones sobre Oriente Medio, él dirige la política internacional del país y no de una fuerza política. La paradoja es que el FA sale a explicar lo que hace el gobierno, a pesar de que en algunos temas no ha sido ni arte ni parte, pues el Ejecutivo ha actuado con autonomía total, no solo en política internacional, sino también en temas económicos.
EL SÁBADO
En su declaración final, el Plenario reconoció las distancias entre fuerza política y gobierno y también con la población, por eso, sostuvo: «Asumimos con autocrítica los períodos de alejamiento y consolidamos este reencuentro de cercanía como un principio ético inalterable. Las asimetrías regionales deben ser corregidas: no hay desarrollo nacional posible si el interior sigue postergado en sus oportunidades de empleo de calidad y conectividad. Somos conscientes de que en la sociedad existen diferencias y dudas sobre algunas de las acciones de nuestro Gobierno», por tanto, «es imprescindible profundizar el vínculo entre nuestra fuerza política y los compañeros y compañeras que se desempeñan en el Gobierno nacional sobre la base de la autonomía relativa del gobierno, la coordinación y la responsabilidad».
El diputado de la 1001 Bruno Giometti señaló a Brecha que la formulación de «autonomía relativa» es el rescate del documento de 2004 sobre el relacionamiento entre el gobierno, la fuerza política y las fuerzas sociales. Texto, afirmó, «que habla sobre tres conceptos: autonomía relativa, coordinación y responsabilidad. Autonomía relativa quiere decir que el gobierno, obviamente, no va a consultar las decisiones que se toman día a día en su órbita con la fuerza política. Pero la autonomía es relativa porque el FA es el partido político que fija los lineamientos estratégicos en los cuales se mueve el gobierno. Por eso no hablamos de autonomía absoluta. En las bases programáticas, no hay un área donde se diga que la autonomía es absoluta. Lo que no puede ser distinto es el sustrato político y los conceptos que hay detrás de las acciones y declaraciones». Para Giometti es cierto que existen ciertos términos diplomáticos que pueden ser distintos al lenguaje partidario, «pero, hablar de genocidio en Medio Oriente no colide con la diplomacia. En los lineamientos estratégicos es donde debe moverse el gobierno».
Otro tema singular que discutió el Plenario fue explicado por el dirigente del Movimiento de Participación Popular Charles Carrera a este semanario. Dijo que tanto los sectores como el movimiento marcaron su mirada sobre la realidad, «reconociendo que un desafío muy importante es actualizar al FA al siglo XXI. Seguimos teniendo herramientas, formas de trabajo y militancia propias del siglo XX. Hay que actualizarse, partiendo de la base de que el gobierno es el hoy y la fuerza política, el mañana. Los que estamos en la fuerza política estamos preocupados, queremos ser poleas de transmisión de las cosas buenas que se están haciendo, pero también tenemos que pensar que el Congreso es central para pensar en el FA del siglo XXI. Lo que queremos es discutir la inserción territorial. A nivel departamental tenemos una estructura de mucha participación en los plenarios departamentales, pero nosotros creemos que el presidente de una departamental tiene que tener una inserción y un diálogo permanente con la estructura central. ¿Por qué no soñar que los presidentes de las 19 departamentales puedan participar en la Mesa Nacional? Otro tema que nos preocupa es la amplitud que debe tener el FA. Hay un proceso que uno siempre destaca: la creación del Encuentro Progresista en 1994. Es necesario avanzar con actores sociales y políticos para un proyecto de desarrollo nacional».
Además de estos ítems, el Plenario reafirmó en su declaración final su identidad antimperialista y la disputa entre dos proyectos de país.







