Es raro. En Argentina se mata a una mujer por su condición de tal cada 31 horas. Sin embargo, esta asiduidad –ese horror– se traduce en qué barbaridad, qué terrible, a veces. Muchas menos veces, enciende una chispa de indignación y el caso coincide –cómo no, si se produce uno por día– con una movilización feminista y se vuelve cartel, remera, consigna. Pero, en general, en los casos que logran masividad se apunta a la víctima, se la juzga por su nombre, su apellido, su barrio, la ropa que llevaba puesta y los hábitos que tenía, se desdibuja al agresor y hasta la siguiente placa roja, amigos. Tras el anuncio en los medios de comunicación de que la policía cordobesa había encontrado el cuerpo de la adolescente Agostina Vega desmembrado en bolsas de residuos en un descampado una semana despué...
Artículo para suscriptores
Hacé posible el periodismo en el que confiás.
Suscribiéndote a Brecha estás apoyando a un medio cooperativo, independiente y con compromiso social
Para continuar leyendo este artículo tenés que ser suscriptor de Brecha.
¿Ya sos suscriptor? Logueate






