Espía entre los muertos sin alma - Semanario Brecha
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El último Indio

Espía entre los muertos sin alma

Quisiera despedir al Indio donde se lo despide: en las multitudes que nos habitan, en la misa pagana y disidente, en la vivencia de la poesía común convertida en templo y baile. Ese duelo es inevitable y le hace justicia a «una vanguardia creadora de masividad clandestina».* Nadie como él supo darle palabra, rito y belleza a una comunión ricotera capaz de atravesar, al menos, tres generaciones.

Funeral público para despedir al Indio Solari, en la ciudad de Villa Domínico, Argentina, el 7 de junio. Xinhua, Marcos Brindicci.

Y como la dimensión mítica no agotó la potencia de su lírica, quiero despedirlo también en la deriva posterior a 2001: en esas canciones en las que la muerte se volvió íntima, el amor resistió herido y la fe quedó abierta; en las que aparecieron fantasmas y cobardes, pájaros y brujas, martinis y tafiroles, mientras el presente empezaba a mirarnos desde sus nuevas intemperies. Con el primer disco junto con Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado, El tesoro de los inocentes (2004), se abrían otros sentidos en una poética que ya era parte de la simbología común. La liturgia seguía reconocible y encendida, pero empezaban a asomar otras preguntas, otros fantasmas, nuevas marginalidades. La disolución de los Redondos había dejado un vacío, pero no era todavía el tiempo de la despedida. Emerg...

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