Ya nadie va a escuchar tu remera - Semanario Brecha
La ciudad conmovida

Ya nadie va a escuchar tu remera

Los eventos deportivos globales han dejado de verse como fiestas cuasipatrióticas para convertirse en momentos de alta conflictividad social que evidencian la grieta entre poblaciones y gobiernos, en particular los gobiernos progresistas latinoamericanos.

Ciudad de México, colonia Moderna, mayo. Eliana Gilet.

Las generaciones más jóvenes protagonistas de los actuales movimientos antimundialistas en México reconocen, por ejemplo, precedentes en el Mundial de Brasil de 2014 (y todos los eventos deportivos que se realizaron en ese país por aquellos tiempos), cuando los comités populares contra la Copa, las tomas de los estudiantes de secundaria y el Movimento Passe Livre pusieron el cuerpo a la lucha mientras las ciudades se mercantilizaban al ritmo de la FIFA y el Comité Olímpico Internacional.

En México 2026, aunque las obras de infraestructura no generaron consecuencias similares a las que hubo en Río de Janeiro hace una década, recibir al Mundial exigió, de todas maneras, una reorganización del espacio público (comerciantes, vecinos precarios y trabajadoras sexuales fueron desplazados), para lo cual se asumió sin mayor conflicto una dirección foránea que pautó dónde y cómo hacer para fomentar supuestamente una ciudad «más verde». En el marco de los proyectos de la FIFA, en Ciudad de México se construyó una ciclovía hacia el estadio Azteca, un segundo piso peatonal elevado en el inicio del centro y, para garantizar que el fandom pueda moverse en transporte público hacia los partidos, se remozaron solo las estaciones de metro que van a recibirlos (que siguieron en uso, lo que dio lugar a situaciones bizarras e imágenes distópicas en el subterráneo, mientras la gente iba a trabajar). Esto hizo resonar una misma pregunta en todos lados: ¿por qué se invierte en arreglar cosméticamente la ciudad para el turismo y no para su uso cotidiano, algo tan urgente como necesario?

Pero, además, en el país de los 133 mil desaparecidos, el Mundial se ata a una historia más profunda que remite a las campañas para denunciar la existencia de presos políticos y desaparecidos en Argentina 1978; o, más atrás, al intento de sabotear la olimpíada hitleriana de 1936, que la república española organizó en Barcelona y fue abortado por el levantamiento militar franquista. A menudo los grandes eventos deportivos han dado lugar a movimientos de boicot, suerte de plataformas globales para demostrar que existe una disidencia, un problema, un dolor acallado por la algarabía estatal y de las empresas subidas al evento, mientras recitan la letanía del consumo.

Las familias de desaparecidos de Ciudad de México comenzaron a buscar una interlocución con la FIFA desde mitad del año pasado, cuando pidieron que el Mundial no se hiciera en su país. Ahora ocupan el corazón de las movilizaciones antimundialistas, rodeadas por varias capas de organizaciones y luchas que van desde conflictos hiperlocales en los barrios en torno al estadio Azteca hasta la megamovilización de la coordinadora democrática de maestros de México, que se instaló en plantón ocupando ¡todo! el centro histórico de la capital. Intervenido por la policía con vallas metálicas, el primer tramo de la ciudad se convirtió en un laberinto de puestos, carpas y calles devenidas peatonales a fuerza de la movilización popular. El gobierno de Claudia Sheinbaum afianzó su papel de gendarme para garantizar que las manifestaciones no ingresaran en el perímetro de «una milla» en torno al estadio Azteca ni al Fan Fest en el Zócalo, exigiéndoles a los vecinos que demuestren por medio de un código QR que viven en la zona y así dejarlos pasar el cerco. El despliegue policial y militar que demanda la FIFA para hacer su evento no logró camuflarse con el maquillaje mundialista que lo inundó todo y que dista ya de la imagen del simpático hincha que se pinta la cara con los colores de su bandera patria. ¿Tendrá la camiseta celeste la fortaleza suficiente para acallar cualquier disidencia cuando le toque a Montevideo recibir este aluvión para el partido inaugural de 2030? ¿O será como cantó el Indio Solari en la canción que da título a esta columna, y hasta el embrujo del fútbol mainstream pueda ser efímero?

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