El dilema del Kremlin y la cohesión europea - Semanario Brecha
La Unión Europea y su piromanía

El dilema del Kremlin y la cohesión europea

Los europeos intentan provocar una respuesta militar del Kremlin que confirme la «amenaza rusa» sobre Europa. Hacen lo mismo que Israel con Irán: intentar implicar a Washington en su guerra.

El presidente ruso Vladimir Putin en Moscú, en mayo. AFP, Ramil Sitdikov.

En la última reunión del Grupo de los Siete (G7) en Evian, Francia, a mediados de junio, los europeos lograron de nuevo atraer al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, a su causa y concretar más apoyo a Ucrania. Los ataques en la retaguardia rusa con drones y misiles de largo alcance contra Moscú y San Petersburgo y contra infraestructuras energéticas no cambian gran cosa en la realidad militar operativa, pero no pueden ser subestimados. No es que esos ataques sean bendecidos por Estados Unidos y la Unión Europea (UE), es que son manejados por ellos, desde sus satélites, sus datos de inteligencia, su información y sus armas. El famoso Espíritu de Anchorage, la reunión de Alaska entre Trump y Vladímir Putin de agosto del año pasado que tanto irritó a los europeos, ha pasado a mejor vida. Esos ataques colocan a los dirigentes rusos en una situación complicada.

En abril, Rusia registró 100 muertos y 600 heridos civiles en su retaguardia (el mismo mes, según Naciones Unidas, Ucrania tuvo 300 muertos y 1.300 heridos civiles). Esas víctimas rusas, tan inocentes como las ucranianas, suelen ser ignoradas en el informe occidental de la guerra, pero los informativos rusos abren su informe con ellas. La vida en las regiones fronterizas con Ucrania, así como en Crimea, empieza a ser complicada para mucha gente. En consecuencia, la opinión pública rusa, que en general no es en absoluto belicista, sí que reclama a sus autoridades una protección efectiva. Y entre los generales y comentaristas de la tele hay una presión e, incluso a veces, sugerencias de la debilidad de Putin, naturalmente sin nombrarlo… Así que el Kremlin, por un lado, está siendo presionado por la situación a que dé una respuesta contundente. Pero, por el otro, no puede ignorar que esos ataques están diseñados justo para eso: confirmar con una respuesta contra algún país europeo la leyenda de la «amenaza rusa» e incentivar con ella a Estados Unidos a implicarse de manera directa invocando el artículo V de la OTAN que prevé respuesta conjunta contra el ataque a alguno de sus miembros.

No está claro que, si se llegara a tal situación, ese artículo se aplicara en verdad, pero, desde luego, sí serviría para justificar el actual rearme alemán y europeo en general, así como su profecía de una guerra contra Rusia para dentro de dos o tres años…

PRUDENCIA Y PACIENCIA

En Moscú hay gran irritación hacia el errático Trump, pero Putin es prudente. Seguramente se pregunta qué es más arriesgado, si responder a la OTAN o no hacer nada y que los rusos se sientan desprotegidos en su hasta ahora tranquila retaguardia con escasez de gasolina. Seguramente considerará si esos ataques cambian o no la situación militar operativa de fondo. También considerará que el trío europeo (Emmanuel Macron, Friedrich Merz y Keir Starmer) carece de perspectiva, porque todos están con un nivel de apoyo extremadamente bajo (lo último del alemán Merz ronda el 13 por ciento), al presidente francés se le acaba el plazo y al laborismo británico tres cuartos de lo mismo, así que merece la pena no precipitarse y ver cuál es el relevo de esos personajes.

Y, mientras tanto, el ejército ruso mantiene su lento y constante avance –hay una clara voluntad de economizar bajas porque el precio de la carne humana en Moscú ha subido con claridad en las últimas décadas– al tiempo que los informes que llegan del lado ucraniano son muy alarmantes, sin que se pueda excluir un desmoronamiento del frente. Si todo eso es así y Putin y sus generales creen que están ganando –como lo cree la CIA y el Pentágono–, entonces lo correcto es armarse de paciencia y no perder los ánimos. La «victoria» rusa, independientemente de lo que eso signifique, pasa por la paciencia.

Saliendo al paso de las dificultades de aprovisionamiento de gasolina que los rusos sufren en los últimos días por causa de los ataques ucranianos, Putin se mostró confiado y desafiante: «Dada su catastrófica escasez de personal, las fuerzas armadas ucranianas parecen creer que esto podría ser su salvación. Pero salvar al régimen de Kiev no forma parte de nuestros planes». Al mismo tiempo, mientras en las tiendas se agotan los stocks de bidones para acumular gasolina, el presidente habla sin parar en los medios de comunicación, cuyos informativos abren siempre con 10 o 15 minutos de Putin aquí, Putin allá, Putin esto y Putin lo otro. No creo que eso transmita confianza a los rusos, sino, más bien, la simple reflexión: «Que hable menos y que haga algo contra todos estos drones que comienzan a fastidiarnos la vida». Así que, de momento, contención y paciencia ante una situación que se está crispando.

Otra cosa sería si en, digamos, un año, no hubiera desmoronamiento/capitulación ucraniana y los ataques de la OTAN vía Ucrania fueran a mucho más. La lógica del conflicto podría hacer, entonces, inevitable alguna respuesta rusa contra países de la UE para «poner a Europa en su sitio», mientras el potencial militar europeo siga siendo modesto y el apoyo de Estados Unidos, ambiguo. Con esa reserva a medio y largo plazo, la impresión es que la respuesta se centra en Ucrania. Rusia no ha usado ni de lejos todo su potencial militar para evitar una confrontación con la OTAN, pero, cuanto más aprieten los europeos, más sufrirá Ucrania y la población civil ucraniana.

Desde la nota del Ministerio de Asuntos Exteriores ruso del 25 de mayo que anunciaba «golpes sistémicos» contra Kiev, esa respuesta ya está siendo realidad. Están anunciando con claridad que los ucranianos, las ciudades ucranianas casi intactas por completo, van a sufrir mucho más ahora…

Se ha apuntado muchas veces lo peligroso que es todo esto, lo fácil que se puede ir de las manos, en especial en el Báltico, en Kaliningrado y en el mar Negro, y la insensatez que supone atacar instalaciones estratégicas rusas vinculadas a la disuasión nuclear, como se ha hecho en repetidas ocasiones bajo patronazgo británico y estadounidense. Todo esto es escalofriante. Por mucho menos, en los años ochenta se produjo en Europa occidental la gran movilización contra el despliegue de los euromisiles. Hoy no hay nada de eso a la vista, aunque es verdad, como ha apuntado Manolo Monereo, que el gasto en rearme que se va a hacer en menoscabo del gasto social plantea un desafío tan descarado y abierto a la mayoría social que el humor de la hasta ahora adormecida opinión pública europea está abierto a todos los imprevistos. Confiemos en ello.

A LA UNIDAD POR LA GUERRA

En la UE, describir la realidad es considerado «traición». Decir que la invasión de Ucrania fue una violación del derecho internacional y que, al mismo tiempo, fue una acción preventiva porque, aunque Ucrania no estaba en la OTAN en 2022, esta sí estaba en Ucrania desde 2014, desde el mismo momento del cambio de régimen (y eso se lo conoce en detalle por informes de la prensa de Estados Unidos), te convierte en «partidario de Putin». En Alemania, el país central de la UE, adquiere cotas demenciales. La gente pierde su trabajo en la universidad o en los medios de comunicación por ello. Uno puede ser «sancionado» por la UE en Bruselas y convertido en un indigente sin acceso a su propia cuenta bancaria, o sin posibilidad de viajar, como le ha pasado al coronel suizo Jacques Baud y a algunos otros.1 ¿Por qué están llegando a estos extremos?

Una explicación es la de que cualquier intento de negociar diplomáticamente con los rusos es visto en la UE como muy peligroso para la unidad y estabilidad de la UE. Y lo es: los intereses de seguridad de bálticos y mediterráneos, por ejemplo, son diversos y muy diferentes. En Bruselas hay un manifiesto desbarajuste. El presidente del Consejo Europeo, Antonio Costa, quiere establecer un canal diplomático con Moscú, pero el canciller alemán Merz se opone. Francia también tiene sus reservas. Hace tiempo que el presidente Macron envió un emisario al Kremlin sin proponer nada realista y serio. Los países bálticos, por su parte, no quieren mantener ningún tipo de conversaciones con Putin. Polonia rechaza el formato E3 constituido por Merz, Macron y el británico Starmer –aunque este ya haya saltado y vaya a ser relevado por otro igual–. Lo importante es comprender esa E. No es «Europa 3». Es «3 Energúmenos». El no declarado programa de los 3E puede resumirse en el lema «A la cohesión por la guerra».

El resultado es que, en lugar de entablar un diálogo con Rusia y China, sin el cual la UE nunca será estratégicamente autónoma, la Europa 3E apuesta por nuevas sanciones y aún más presión. Su gran batalla es implicar a Estados Unidos en la guerra contra Rusia. Su papel hacia Rusia en este momento es el mismo que el de Israel hacia Irán: implicar como sea a Trump en su guerra. La UE e Israel son los dos principales pirómanos del momento.

(Tomado del blog del autor. Brecha reproduce fragmentos.)

  1. N. del E.: Véase «Castigado por disentir», Brecha, 3-VII-26. ↩︎

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