En medio de esta caótica situación que vivimos, en la que la supervivencia prima, y la resiliencia, la inventiva y una resignada forma de aceptar lo inevitable predominan, poco a poco adquirimos propiedades que jamás imaginamos. Quienes nos cercan hasta el límite, nos imponen restricciones cruelísimas y nos obligan a un permanente estado de vigilia que mina nuestro sistema nervioso central, o sea, todo nuestro cuerpo, no calcularon la naturaleza intrínseca del pueblo cubano: la empecinada fuerza de inventar, de salir a flote, de transformar mecanismos, cosas, hasta entonces incalculables. Esta categoría de resistencia no aparece en ningún manual. Es algo que hemos ido adquiriendo a lo largo de muchos años de carencias y sus consiguientes alternativas. No voy a comparar un período con otro,...
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