Cómo resumir casi 80 años de creatividad en 8 minutos - Semanario Brecha
Rada en la Universidad

Cómo resumir casi 80 años de creatividad en 8 minutos

Lo que sigue son unas líneas –suerte de ayudamemoria– de lo leído en el homenaje brindado por la Universidad de la República a Hugo Fattoruso, Los Olimareños, Vera Sienra y Ruben Rada, el 12 de diciembre de 2024. Fueron cedidas gentilmente a Brecha para su publicación.

← Ruben Rada tocando con Opa, en 1987. Marcelo Isarrualde

Desde niño Rada tuvo una llamativa capacidad para disfrutar, asimilar y apropiarse de una enorme variedad de géneros musicales. Como el gran imitador que era, no se limitó a copiar al imitado, sino que logró desentrañar los aspectos esenciales de los estilos musicales que estaba intentado emular. Tango, folclore argentino y uruguayo, músicas brasileñas, del Caribe, de España y de Italia, y un largo etcétera. Y por supuesto, candombe y murga.

Pero Rada no se quedó en la imitación. En su faceta como compositor se destaca su enorme capacidad para elaborar ese complejo caudal de influencias creando un estilo y un sello propio. Entre 1966 y 1968, junto con Eduardo Mateo y la barra de El Kinto, tiene una participación fundamental en nada menos que la creación de un nuevo territorio dentro de la música popular uruguaya. Una original fusión de tradiciones afroestadounidenses como el blues, el jazzy el rock (también el beat y la psicodelia en aquella época) con tradiciones afrouruguayas como el candombe y otros ritmos latinoamericanos. Seguiría profundizando en esa veta con Totem, Opa, su trayectoria en Argentina y a lo largo de toda su carrera solista.

Otra peculiaridad única de su actividad como compositor es que la pudo desarrollar sin tener educación musical formal ni tocar instrumentos armónicos. Rada compone desde su conocimiento y su intuición, con la cabeza, el corazón y el alma. ¿Cómo lo trasmite? Simplemente se lo canta a su parceiro de turno, desde el entrañable Manolo Guardia hasta los más jóvenes de estos días. Toca el ritmo y les canta la melodía, las armonías y también los arreglos.

Vaya forma de crear una obra integrada por casi 400 canciones grabadas en algo así como 54 discos editados (y no estoy incluyendo sus centenares de participaciones como invitado en discos de otros artistas). La mera cantidad no es un indicador de relevancia, pero, si escuchamos lo que hay adentro, ¡madre querida!

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Rada es un vocalista extraordinario, dotado de una afinación perfecta y de un amplio rango de frecuencias. Esta es una apreciación fría si no hablamos, además, de su forma de interpretar, su expresividad, su feeling y su swing, características con las que logra conmover los sentimientos más íntimos de los escuchas. Pero otro aspecto que siempre lo caracterizó es la utilización de su voz para generar diversos sonidos: ya fuese de animales o de la naturaleza en general.
A sus notables scats y malabarismos vocales, agrega conjuntos de fonemas como un instrumento más y todos los instrumentos que toca con la voz.

No faltan las inclusiones permanentes de expresiones, palabras e incluso frases completas aparentemente «ajenas» o «externas» a la canción, que de algún modo le quitan solemnidad y la dotan de un aura más vivencial. Como aquel (entre cientos) «Vamo arriba muchachos», a los pocos minutos de comenzar el tema «Montevideo» junto con Opa.

Rada es un estupendo percusionista, frontman, showman y humorista. En primer lugar, está el amor por su familia y amigos, y el segundo lo ocupa la música. Desde la punta de sus pies hasta su última mota, Rada irradia música, vive música. Y lo mismo con el humor que también forma parte indisociable de muchas de sus canciones.

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Transcribo algo que escribió el musicólogo Coriún Aharonián a mediados de los noventa: «Conscientemente o no, Rada hace un difícil doble juego en sus letras (cosa que también aparece en sus músicas), en un vehículo en apariencia muy simple (y qué difícil que es escribir simple, caramba), maneja contenidos ricos dichos en forma muy concentrada, referencias a la memoria, a símbolos, a lo onírico. Y vueltas de tuerca. Eso sí, son letras-letras. Como las más populares de Rubén Lena. Son textos que adquieren plenamente su sentido (su gracia, su ternura, su denuncia, su dramatismo, su gesto todo), solo cuando están cantados. ¿Cómo hace este hombre para derrochar tanto refinamiento, tanta ternura, tanta creatividad, y al mismo tiempo poner cara de “aquí no pasa nada”?».

Yo agrego que alcanza momentos tremendamente expresivos, en los que logra pasar de una ternura conmovedora a un estallido desgarrador. Y eso lo amalgama de forma espléndida con la música. Un ejemplo maravilloso es «Chinga Chilinga», o también «La Rada», en la que dice: «Barcos de muchas banderas alegran mis días/ allá en la rada de mi ciudad./ Gente que espera su gente llenos de alegría/ y otros que lloran porque se van.// Después el pito del barco sonando desgarra mil vidas/ y muchos padres y madres preguntan/ sin poderse explicar, ni siquiera entender// ¿Por qué se van? ¿Adónde van? ¿Volverán?// De ver los barcos partir muero todos los días/ allá en la rada de mi ciudad».

Todo esto y mucho más decanta en otro aspecto relevante: la profunda admiración que le tienen sus colegas (más allá del público). Todas sus bandas de acompañamiento han estado integradas por músicos excepcionales, algunos de ellos grandes popes del jazz. Y la mayoría afirma que los mejores momentos de sus vidas en cuanto a gozadera y en lo musical se dieron cuando tocaron con Rada. Superídolo, no solo en Uruguay, sino en Argentina y en varios países. Este reconocimiento también llegó a partir de varios premios, en particular el Grammy Latino a la Excelencia Musical que se le otorgó en 2011.

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Hemos hablado de muchos estilos y de mezclas y fusiones entre ellos. Pero quiero recalcar que el Negro es el embajador más importante del candombe que ha tenido nuestro país.

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Por último, quiero mencionar su modestia. Cuando trabajé en su biografía, él no quería hablar de sí mismo. Pero disfrutaba muchísimo hablando, con mucha propiedad y placer, de centenares de músicos y artistas que él había admirado y de los que se había nutrido. Seguramente, esa modestia se deba a que nunca se olvidó de sus raíces. De aquellos orígenes en un hogar muy pobre desde el punto de vista económico, pero con un entrañable amor de parte de su mamá –que tanto luchó para que pudieran salir adelante–. Durante su vida también tuvo un periplo de muchas adversidades, racismo incluido, que pudo ir superando con una resiliencia llamativa.

Te agradecemos enormemente, querido Negro Rada, por habernos alegrado la vida durante tantas décadas con tus canciones, tu música y tu forma de ser.

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