La 81.ª Asamblea General de Naciones Unidas comenzó esta semana bajo una paradoja de dimensión global: el momento en que más se reclama cooperación es también aquel en que resulta más difícil construirla. Las guerras en Ucrania e Irán siguen abiertas, mientras otros conflictos, como los de Sudán, Yemen o el genocidio en Gaza, continúan provocando desplazamientos y miles de víctimas. Al mismo tiempo, las disputas entre las grandes potencias endurecen las relaciones internacionales y cuestionan la capacidad de las instituciones multilaterales para hacer valer las reglas que las sostienen. El mundo se encuentra cada vez más polarizado y la escalada bélica no parece tener fin. Esa fue la advertencia que estuvo presente incluso antes de que los jefes de Estado comenzaran a desfilar por el estra...
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