El día que mataron a Juan por una discusión en el tránsito, Marta1 salía de estudiar. Le avisaron que había pasado algo con un repartidor de PedidosYa, empresa para la que trabaja, y más tarde supo que se trataba de un hombre con el que había compartido algún café. —El señor Juan era educado, buena persona, nunca lo vi molesto, tenía 5 años trabajando en PedidosYa– le dijo al semanario días después, una jornada de frío cortante a un lado de avenida Giannattasio. —¿Te lo cruzabas mucho? —Claro, siempre hablábamos, me invitaba un café, hablaba conmigo, compartía, así como todos compartimos. En la moto con Marta, el viento gélido se metía por la ropa y por los championes de lona. En el centro, cinco personas cruzaron mal una esquina y hubo que frenar de golpe. En la rambla, dos autos se adela...
Artículo para suscriptores
Hacé posible el periodismo en el que confiás.
Suscribiéndote a Brecha estás apoyando a un medio cooperativo, independiente y con compromiso social
Para continuar leyendo este artículo tenés que ser suscriptor de Brecha.
¿Ya sos suscriptor? Logueate







