Por una alfombra roja escoltada por blandengues ingresó el vicepresidente de El Salvador, Félix Ulloa, a la Torre Ejecutiva, el miércoles 7 de octubre. Allí se reunió durante una hora y media aproximadamente con el presidente de la república, Yamandú Orsi, y el canciller Mario Lubetkin.
En el encuentro, dijeron desde el gobierno, no se habló de la estrategia de seguridad que encabeza el gobierno de Nayib Bukele, sino de relaciones bilaterales, del «respaldo» que ha significado El Salvador para Uruguay mientras el país ejerce la presidencia pro tempore de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, de las «inversiones» que tienen salvadoreños en Uruguay y del impulso de un candidato latinoamericano para la Secretaría General de las Naciones Unidas.
Aunque no se habló del llamado modelo Bukele, Lubetkin reconoció que están «tomando reflexiones y ejemplos» adaptados a «nuestra capacidad país». «Hemos escuchado la experiencia que los amigos salvadoreños nos han contado de cómo están desarrollando internamente la política de seguridad», acotó.
Donde sí se habló, a cara descubierta, de seguridad fue en los encuentros que Ulloa mantuvo con legisladores de la oposición, como el senador del Partido Nacional Carlos Camy y el senador colorado Tabaré Viera, con quien también compartió un asado en Parva Domus. Según informó Búsqueda y pudo confirmar este semanario, en el asado también participaron los ministros del Interior, Carlos Negro, y de Ganadería, Agricultura y Pesca, Alfredo Fratti. Desde el Ministerio del Interior informaron a Brecha que Negro no sabía que Ulloa estaría en el encuentro, aunque representantes del Centro de Estudios Regulatorios y de Telecomunicaciones de América Latina (Certal), anfitrión de la reunión, dijeron a Búsqueda que la presencia de Ulloa fue explicitada en las invitaciones. El Certal es presidido por Pablo Scotellaro, empresario de medios de meteórico crecimiento en anteriores gobiernos del Frente Amplio (véanse «Nuevo jugador mediático» y «Derecho al olvido», Brecha, 3-III-16 y 24-VI-16). Scotellaro fue el organizador del cónclave en Parva Domus, confiaron fuentes del gobierno a este semanario.
El recorrido de Ulloa también incluyó una visita al Laboratorio Tecnológico del Uruguay y una reunión con los directores del Centro Nacional de Inteligencia Artificial de Uruguay del Instituto Vidart, Diego Garagorry y Matías Di Martino. La cuenta de Xde la vicepresidencia de El Salvador sostuvo que intercambiaron sobre la «transformación digital» que impulsa ese país y la «aplicación práctica» de la inteligencia artificial (IA) en salud, economía, seguridad y educación (con una mención explícita a la participación de Groken esta última área).
El uso de IA en seguridad por parte del gobierno salvadoreño está enfocado principalmente en el combate al cibercrimen a través de un sistema de la compañía de seguridad ESET y se enmarca en el modelo Bukele, que algunos quieren importar: un régimen de excepción vigente desde 2022 –prorrogado 45 veces– que comprende «violaciones de derechos humanos generalizadas, incluyendo detenciones arbitrarias masivas, desapariciones forzadas, tortura y otros malos tratos en detención, y violaciones al debido proceso», según el último informe de la organización Human Rights Watch (véase «La bukelización», Brecha, 4-IX-26).
¿QUIÉN ES FÉLIX ULLOA?
Doctor en Derecho con un posgrado en Políticas Públicas, pasó por París, Madrid y Estados Unidos mientras estudiaba. En su momento, supo ser sindicalista y defensor de los derechos humanos durante la guerra civil en El Salvador. Ulloa fue el «mano derecha» de Bukele que le dijo a Orsi que uno de sus referentes históricos era Raúl Sendic, de acuerdo a las explicaciones que el mandatario dio luego de afirmar que en seguridad «el ejemplo es Bukele». Con el devenir de los años, se convirtió en «un político más bien de segunda», como lo definió en diálogo con Brecha Óscar Martínez, jefe de redacción de El Faro, medio digital que funciona desde el exilio. En la vida «raquíticamente democrática» del país en este siglo «no tuvo ningún rol de importancia» y fue elegido por Bukele como compañero de fórmula «a último momento».
Antes de ser el vicepresidente de Bukele, Ulloa trabajó como «opinador a sueldo» del publicista salvadoreño Porfirio Chica, beneficiado por los gobiernos del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional primero y de Bukele después. En un reportaje de setiembre de este año, El Faro reveló mensajes entre Chica y un fiscal que buscaba ser reelecto. Allí, el estratega comunicacional afirmaba que tenía «ocho voceros en acción», que se paseaban por los medios como analistas independientes y simplemente transmitían lo que Chica les decía. Uno de ellos era Félix Ulloa.
En los albores del primer gobierno de Bukele, Ulloa «no tuvo ningún rol en el gobierno» hasta que se le encontró «una función»: aprovechar su «retórica decente» y que «conoce más palabras que la mayoría de los miembros del bukelismo» para convertirlo en «una especie de embajador internacional que va siguiendo la estela de algunos personajes» incómodos, dice Martínez. «Vos vas a Madrid y luego Félix pasa por Madrid; si creen que tu libro o tus investigaciones han hecho mucho ruido en el sur del continente, pues lo mandan para allá», explica el periodista.
La visita de Ulloa a Uruguay no parece responder a un «ruido» particular provocado por las investigaciones que exponen al régimen, aunque, durante una entrevista con Desayunos informales ayer, Ulloa no se privó de decir que su gobierno no tiene «problemas con la prensa», sino con «estos periodistas que se han autoexiliado».
«Contra ninguno de ellos hay ninguna causa, no se ha procesado, no hay ningún juicio, a pesar de que en el caso de Óscar Martínez y de su hermano habría, en este momento, las condiciones para procesarlos, porque uno de los dos hermanos vivió un año con una pandilla, o sea, durante ese año él fue testigo de los asesinatos, de las extorsiones, de las violaciones», sostuvo Ulloa, en referencia a Juan José Martínez, hermano de Óscar. Cualquier ciudadano –dijo– lo habría «denunciado a la Fiscalía, pero no: él hizo un libro y lo vendió». Sacando a relucir su chapa de abogado, adujo que en el momento del exilio de la redacción de El Faro estar en contacto con las pandillas no era un delito, pero sí lo es ahora, lo que irónicamente pondría en falta al propio gobierno que Ulloa integra, porque, según una investigación de la Fiscalía que fue ocultada y vio la luz gracias a una investigación, justamente, de El Faro, Bukele acordó con las pandillas una reducción de los homicidios a cambio de privilegios carcelarios y beneficios para sus miembros en libertad. Esta alianza se quebró en marzo de 2022, cuando el gobierno detuvo a integrantes de la Mara Salvatrucha, que respondió con el asesinato de 88 personas entre el 25 y el 27 de ese mes. Poco después se decretó el régimen de excepción.




