¿Auge económico en Estados Unidos?

Discursos y realidad en el país de Trump.

Crecimiento trimestral del PBI (2009-2019)

Como parte de su campaña por la reelección, el presidente estadounidense insiste en que el país atraviesa un período de bonanza nunca antes visto. Sin embargo, una mirada en profundidad de la economía de la primera potencia mundial devuelve una imagen menos optimista y abre varios interrogantes.

A partir del inicio de la guerra comercial, el crecimiento económico estadounidense ha comenzado a desacelerarse. Desciende del 3,2 por ciento en el segundo trimestre de 2018 al 2,1 por ciento en el último trimestre de 2019, con referencia al mismo trimestre del año anterior. Las consecuencias son la reducción del déficit externo, debido a la menor importación de insumos industriales, y el incremento del déficit fiscal, debido a la menor recaudación tributaria. Esto contrasta con lo que el presidente Donald Trump dijo en su aparición en el Foro Económico Mundial, en Davos, que medios como Financial Times han señalado como un discurso dirigido a los votantes en un año de elecciones.

Gran parte de ese discurso descansó en el sector laboral. A partir de este Trump proclama que la economía estadounidense está en un “auge económico no visto antes”. El dinamismo en la generación de empleo es innegable y ha llevado la tasa de desempleo a mínimos que no se veían desde hacía 50 años. Sin embargo, no todo es miel sobre hojuelas.

Para diciembre de 2019 el número de empleos generados llegó a los 152,4 millones y la tasa de desempleo al 3,5 por ciento a finales de año. Por sí solas esas cifras son positivas, pero existen interrogantes que resultan pertinentes si se habla de una mejora para la clase trabajadora. La primera, y más importante, son los ingresos del conjunto de esos trabajadores en la economía. De acuerdo con los datos de la Oficina de Análisis Económico del Departamento de Comercio de Estados Unidos, desde 2000 hasta 2018 los ingresos de los trabajadores pasaron del 57 por ciento al 53 por ciento del Pbi. Es decir, a pesar de que el número de trabajadores se incrementó un 15 por ciento en ese período, la participación de los ingresos laborales en el Pbi cayó un 4 por ciento. Esto sugiere que el salario real de los trabajadores menos calificados ha descendido y pone en evidencia el problema de la distribución de la riqueza. Hay que tomar en cuenta que la reforma fiscal de finales de 2017 llevó a que el impuesto sobre las ganancias corporativas cayera en 2018 a apenas un 1 por ciento como proporción del Pbi. Dicha situación explica el incremento de las ganancias de las empresas a costa de los salarios y los impuestos.

Por otro lado, el incremento registrado en los salarios nominales tiene que ver con la lógica del funcionamiento del mercado de trabajo y no con una intención bondadosa de pagar más a la clase trabajadora: la tasa de desempleo lleva 12 trimestres por debajo de la Nairu (Desempleo no Acelerador de la Tasa de Inflación, por sus siglas en inglés), lo que nos indica que la holgura del mercado laboral se ha venido desvaneciendo. El resultado es que los salarios nominales tienden al alza. Al mismo tiempo, de acuerdo con la base de datos económicos de la Reserva Federal, desde el tercer trimestre de 2017 la economía de Estados Unidos lleva ocho trimestres operando por encima de su nivel potencial (o capacidad máxima de producción alcanzable sin incrementar la inflación). Estos dos aspectos no son sino reflejo de la misma situación.

Extrañamente, esta situación no está empujando a una mayor inflación, sino a un estancamiento secular de precios. El aumento arancelario debería estar impactando en los precios de los insumos, pero esto tampoco ha ocurrido. Lo que parece haber ocurrido es una desaceleración del aparato industrial manufacturero.

Es probable que la economía estadounidense siga operando de esta forma por un tiempo, pero es evidente que no podrá seguir así indefinidamente, dada la desaceleración vista en 2019 respecto de los años previos. El Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y la Onu pronostican para el período 2020‑2021 un crecimiento anual de entre 1,7 y 1,8 por ciento para la economía de Estados Unidos.

Los indicadores de producción manufacturera de ese país son declinantes –si bien desde setiembre de 2019 hay un ligero cambio no conclusivo– según el Índice de Gerentes de Compras. Este es un índice de la dirección prevaleciente de las tendencias económicas en los sectores manufacturero y de servicios. Resume si las condiciones del mercado, tal como las ven los gerentes de compras, se expanden, se mantienen o se contraen. Todo indica que el débil crecimiento de la economía se está apoyando en el sector servicios, mientras que las bolsas de valores continúan su expansión, más por el efecto de las tasas de interés negativas que por su rentabilidad real.

En este contexto hay que tener en cuenta que el año electoral en Estados Unidos viene con algunos elementos que impactan en la economía global: a) una postura mucho menos agresiva en aspectos del comercio internacional (tregua comercial con China y firma del T‑Mec); b) un escenario mucho más hostil contra el multilateralismo (paralización del tribunal de apelaciones de la Omc y desprecio al Consejo de Seguridad de la Onu), y c) una política económica expansiva (política monetaria más laxa, reducción de la tasa de interés y más gasto público en infraestructura).

*    Investigador titular del Instituto de Investigaciones Económicas de la Universidad Nacional Autónoma de México (Unam) y coordinador del Observatorio Económico Latinoamericano (Obela).

**  Facultad de Economía de la Unam, miembro del Obela.

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