El desafuero de Guido Manini

¡Ay, Carmela!

Es injusto pensar –es un pensamiento de esa izquierda apátrida y vengativa– que el general Guido Manini Ríos está haciendo como el tero, que está tratando de eludir su comparecencia ante la Justicia por esa infamia que le atribuye complicidad en el ocultamiento de la responsabilidad de José Gavazzo en la desaparición del tupamaro Roberto Gomensoro Josman.

Hay que decir las cosas como son: si Cabildo Abierto no fuera una estructura absolutamente democrática y horizontal, y si en el general Manini sobreviviera alguna traza de esa verticalidad de mando que es un natural atributo militar y que él supo aplicar, entonces podría sospecharse que el actual senador cacarea sobre su disposición a rendir cuentas ante un juez y, por otro lado, ordena a sus subalternos políticos que se opongan al levantamiento de los fueros, ese chaleco antibalas legislativo que le impide al fiscal citarlo de una, en calidad de indagado.

Nada más lejos de la realidad. ¿Acaso Manini no ha insistido en que el Senado resuelva lo antes posible el mantenimiento o no de sus fueros? ¿Acaso eso no significa que está deseoso de desprenderse del privilegio? ¿Por qué las malas lenguas dicen que pedir un trámite rápido no significa necesariamente pedir que le levanten los fueros? ¿Es necesario que lo diga explícitamente para saber cuál es su deseo íntimo?

En todo caso, habla bien de los legisladores y los funcionarios de Cabildo Abierto que mantengan ese nivel de independencia respecto de su líder. Hay quien dice, incluso, que el anuncio anticipado de votar en contra cuando se discuta lo de los fueros es producto de la necesidad de demostrar que en Cabildo Abierto no hay obediencia debida. Al menos en el caso del senador Guillermo Domenech, queda claro que su postura en contra del levantamiento de los fueros deriva de un profundo análisis de introspección artiguista y, por supuesto, por la sugerencia de Dios padre.

Pero pronto quedarán las cartas a la vista. El 1 de setiembre se procederá a la votación sobre el tema en la comisión parlamentaria y, lo que es más importante, cada quien decidirá su postura en el plenario de la Cámara. Todos los ojos estarán puestos en los legisladores de Cabildo Abierto, por si hay algún tapado, algún disidente, algún desertor. Y también –aunque blancos y colorados son muy responsables– habrá algún malpensado a la búsqueda de grietas en la coalición. Lo mismo que en el Frente Amplio, que ya decidió votar el levantamiento de los fueros, pero en el que, quizás, alguien quiera acompañar la posición de José Mujica, que se opone a quitarle los fueros a Manini para no truncar su carrera política y convertirlo en víctima. Y esa puede ser una salida para quienes quieren dar vuelta la página: si todos los violadores de los derechos humanos fueran promovidos a cargos legislativos, automáticamente estarían a salvo de convertirse en víctimas y tener que responder ante un juez, y eventualmente ser procesados, extremo que a Manini le produce especial urticaria.

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