—¿A vos también te sorprendió el triunfo de La Libertad Avanza [LLA] en las legislativas de fines de octubre?
—Sí, porque veníamos de una elección en la provincia de Buenos Aires en la que LLA había sido derrotada, pocas semanas antes, por 14 puntos. Y estaban los resonantes casos de corrupción que atañen directamente al gobierno,1 más el ajuste brutal a sectores muy sensibles para la sociedad, como los jubilados o los médicos, más las previsiones de las consultoras privadas. Había una serie de cosas de las que agarrarse para no esperar el resultado que finalmente obtuvo LLA.
—¿Solo el factor antikirchnerismo explica el éxito de LLA?
—Yo creo que la declaración del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, que unos días antes de las elecciones dijo que solo daría plata a Argentina si ganaba Milei, tuvo un efecto. Hay otra cosa, también: Milei generó en las personas mucha esperanza y lo volvieron a votar a pesar de que no lo dijeron en público. Piensan que solucionó la inflación. Es mentiroso, a mi entender, porque es cierto que bajó la inflación, pero después aumentaron el gas, el agua, la electricidad, no existen negociaciones colectivas, los sueldos están estancados. El tipo igual trajo una respuesta para, te diría, el principal problema que teníamos. El sacrificio que hizo la gente que votó a Milei fue demasiado grande como para abandonarlo ahora con apenas dos años de gestión.
—Un votante de LLA al que entrevistaste en un acto partidario te dijo: «Estoy acá porque lo único que me queda es la esperanza».
—Las personas no creemos ya en la política. Milei también es la emergencia de eso, de que no hay un cuadro político que nos convenza. Y Milei no tenía pasado político, «nunca se había equivocado». Entonces, entiendo que esa gente se haya dicho: «Lo voto, porque, total, ¿qué tengo para perder?».
—Lo primero que llama la atención en tu libro es el temor a hablar que tienen los militantes de LLA. Algunos aceptan hacerlo, pero en off, otros ni siquiera eso y no te responden los mensajes. Parecen, además, no estar acostumbrados al trato con la prensa.
—No están entrenados mediáticamente, es verdad. Muchos que hablaron conmigo fue porque me conocen de cuando no los iba a ver nadie. Mi experiencia con LLA arranca en 2020, mirándolos en YouTube, porque no podía creer cómo este grupo de personas iba en contra del discurso dominante en la pandemia, el de «quedate en casa» al que yo misma adhería. Fui a las marchas anticuarentena, y muchos streamers de entonces que hoy ocupan cargos públicos me conocen desde entonces.
—Hay un reconocimiento tipo: «Estabas acá desde el principio, hablo contigo».
—Sí. Y Milei nunca le suelta la mano a una persona que en algún momento le dio espacio. Hay algo de eso que derrama. Entonces, claro, muchos me conocen, me vieron, me ven, no están de acuerdo conmigo, pero me pueden responder un whatsapp y aceptar una nota en off. Yo prefería el off antes de no tener entrevistas. Y también me propuse no ir a buscar a personas que públicamente defenestren a LLA o a Karina Milei. Si yo iba a hablar, por ejemplo, con Carlos Maslatón [un abogado y político muy cercano a Javier Milei en el inicio de la carrera política y hoy adversario del presidente], sabía qué pensaba, porque lo veo. Y aparte, si yo descartaba las fuentes que me declaraban solo en off, iba a terminar conformándome con otras que al quedar fuera del espacio hablaban mal de Karina. No me parecía justo. Entonces, hice acuerdos: me juntaba en una plaza a la noche, y estaba dispuesta a que me cambiaran luego el lugar, o hacía videollamadas o audios de WhatsApp que se borran apenas los escuchás. Eran las reglas del juego. Esto da cuenta, además, de que Karina Milei genera mucho miedo, mucha resistencia y que no son pocos los militantes de LLA que son muy cuidadosos a la hora de hablar de ella.
—Eso está clarísimo en el libro, hay un temor…
—… a que Karina se entere y los eche. Hay una cosa que no se está diciendo. Los hermanos Milei tienen toda esa cosa espiritual, mística, clarividente, adivinatoria. Pero cuando dicen, por ejemplo, «Karina ordenó una limpieza en el despacho que dejó tal», yo leo limpieza y pienso en cableado, en escuchas.

Hay en LLA autocontrol, autovigilancia, obediencia debida, un sistema de castigos. Y eso es Karina Milei. Esa es la forma que, en su rusticidad y desconocimiento, encontró para ordenar el poder. Hace cuatro años vendía tortas, y hoy le toca administrar el Estado casi al nivel de su hermano.
—En un momento del libro mencionás una conversación entre los hermanos en la que Karina dice: «Nos van a operar». Como que ella tenía ese temor, también. Sin embargo, tanto ella como su hermano parecen estar superblindados.
—Karina es la mujer más blindada del gobierno desde el inicio. El tema con Javier Milei es que se cuenta a sí mismo todo el tiempo. Está blindado, está protegido, pero él mismo abre la puerta de su intimidad. Karina es todo lo contrario. Es cierto que los dos viven en estado de paranoia, pero Javier es capaz de decirlo públicamente y Karina, no. El caso $Libra lo tuiteó, lo publicitó, lo promocionó el presidente. ¿Operaciones contra ellos? ¿Cuáles? Tienen un muy mal manejo de la comunicación.
—De Karina decís que es una mujer muy rencorosa, muy vengativa, que a todo el que alguna vez la ninguneó se la cobró.
—Karina implementa en LLA un sistema absolutamente verticalista, donde hay que rendirle pleitesía y obedecerla. Te pone a prueba todo el tiempo y si le llegó un rumor o vio algo, incluso algo gestual que no le cerró, estás afuera.
Lo que me interesó contar en el libro fue cómo una mina común, emprendedora, con muchas características similares al estereotipo del votante mileísta, acumuló en tres años una cantidad de poder descomunal.
Como ciudadana, como periodista, creo que no hay modelo mejor que el de la democracia. Pienso, sin embargo, que con el triunfo de Javier Milei quedó demostrado que la democracia no supo cómo resolver problemas estructurales: pobreza, educación, acceso a la salud, precarización del tiempo. Y también me parece que la democracia tiene que aplicarse bótox. La avanzada tecnológica es antidemocrática: se pasa por libertad de expresión la posibilidad de que cualquier persona acuse con pruebas falsas en redes a otra persona. Se montan videos con inteligencia artificial, como esos de los que fue víctima la periodista Julia Mengolini. ¿Qué se hace con eso? La Justicia no tiene armas legales. Entonces, me parece que la democracia tiene que asumir que, primero, no tuvo la capacidad de resolver cuestiones de la vida cotidiana, básicas, de las personas. Y que hay que actualizarse: que los tecnorricos, que son los que tienen el real poder económico, deben estar adentro de una democracia nueva que contemple a todos. Por no actualizarse, aparecen los Milei.
—En el libro queda claro que Javier Milei no hubiera llegado siquiera a diputado si no fuera por su hermana.
—Ni a conferencista en su etapa pretelevisiva hubiera llegado sin Karina. El libro empezó cuando acompañé a Javier Milei en algunas caminatas en los tiempos en que quería ser diputado. Yo veía a una mujer a su lado y pregunté quién era. «Es la hermana, es como la asistente», me respondieron. Pero la mina ordenaba la custodia, y su hermano estaba como en estado de sumisión frente a ella. Cuando cubro en 2023 la campaña presidencial, Karina ya era una persona conocida por todos y subestimada por muchos.
A mí me parece que el dato muchas veces está en la periferia. Karina siempre era los hechos. O sea, Milei es el personaje y está buenísimo contarlo y es hipnótico, y cada vez que aparece lo miro, pero Karina es el hecho. Es la productora de Javier, en términos de haber armado un producto.
—Vos escribís desde un lugar de mucho respeto hacia ella, que contrasta con toda esta subestimación de «Karina la que hacía tortas, la que tira las cartas».
—Creo que LLA también llegó para invitarnos a pensar la política por fuera del marco tradicional, algo que valoro como positivo. Y te agradezco mucho que digas que el libro se hizo con respeto hacia ella, porque me han dicho en entrevistas: «Fuiste demasiado buena». No fui buena. A mí me parece que sobre las personas hay que escribir de manera respetuosa, que si hay que decir algo malo, se debe tratar de hacerlo de manera elegante. Cuando digo «Karina llegaba tarde a los chistes en la escuela secundaria», no te estoy diciendo «Karina es medio boluda», te lo estoy poniendo en otras palabras. Con todo su analfabetismo político, con su total incapacidad para entender algo de economía y con su manera rústica de ejercer el poder, tiene una capacidad de aprendizaje y de trabajo descomunal, y se atreve a jugar en sistemas que desconoce. Eso es todo un valor. Yo me ocupé de contar la historia de vida de esta mujer que no era nadie hace cinco años y hoy en los títulos es Karina, con nombre propio.
—Como «Susana», «Mirtha», «el Diego».
—Me parece que eso es producto del feminismo también, del feminismo de la última ola, el que ganó el derecho al aborto. Aunque Karina es una antifeminista declarada, nosotras, a pesar de las diferencias, hemos marchado, militado, escrito, para que las mujeres en general tengan posibilidad de llegar a esos niveles de poder y de decisión. Bueno, llegó Karina Milei, amiga. ¿No era para todas? ¿No militabas para que cualquiera llegara? Llegaron Karina Milei, la vicepresidenta Victoria Villarruel, la ministra de Capital Humano, Sandra Pettovello. No se puede decir que LLA no tenga mujeres. Eso también es una respuesta a ese último feminismo que se encargaba de contar vulvas en fotos, tipo «faltan minas». Bueno, ahora tenés a este gobierno antiderechos que te pone fotos donde sobran minas y ahí decís: «Me dieron vuelta el juego. ¿Qué hago?».
- Los de la moneda virtual $libra, la estafa a la Agencia Nacional de Discapacidad y los audios de su exdirector Diego Spagnuolo, la no candidatura de José Luis Espert, cercano a Milei y sospechado de lazos con el narcotráfico. ↩︎











