Desalineados

Ernesto Talvi concretó su renuncia a la cancillería.

Ernesto Talvi en su ultima conferencia en Cancillería como ministro de Relaciones Exteriores / Foto: Focouy, Gastón Britos

La renuncia del canciller, el miércoles, el mismo día que Uruguay asumía la presidencia pro témpore del Mercosur, poco se pareció a aquella “salida acordada” entre el ministro y el presidente a mediados de junio. Su breve gestión ministerial tuvo varios desencuentros con Lacalle Pou, que ya designó como sustituto a Francisco Bustillo, un funcionario diplomático de su estrecha confianza.

El pasado martes, a las 11 horas, el presidente, Luis Lacalle, y una comitiva del gobierno se reunieron en Torre Ejecutiva con representantes de la Organización de las Naciones Unidas (Onu). Por su parte, sobre las 13, el aún canciller, Ernesto Talvi, ausente en la reunión con la Onu, presentó en conferencia de prensa en el Palacio Santos sus lineamientos para la “nueva diplomacia económica y comercial 5.0”,sin la presencia del presidente.

Esta desavenencia entre los principales socios de la coalición es una perla más, la última, de una colección de desacuerdos que se intensificaron desde la negativa del líder colorado a llamar “dictadura” al gobierno de Venezuela (El Observador,6-VI-20). Incluso, durante la campaña electoral había pasado algo similar –aunque con posiciones invertidas– respecto de calificar o no como golpe de Estado los episodios de octubre en Bolivia.

La “salida acordada”con el presidente,que Talvi anunció públicamente el 11 de junio, terminó precipitándose de forma abrupta. No sólo no esperó hasta fin de año (como era la intención del saliente canciller, según manifestó en su carta de renuncia), sino que no aguantó siquiera a que llegue el reemplazante, Francisco Bustillo, actual embajador en España, quien volará a Uruguay el fin de semana. Hasta que asuma el lunes, el ministerio estará a cargo de Carolina Ache Batlle, que luego volverá a ocupar su lugar como subsecretaria.

Durante la semana trascendió que Talvi estaba distanciado tanto de Ache (ambos pertenecientes al sector Ciudadanos del Partido Colorado) como del director general de Secretaría, Diego Escuder (asesor de Lacalle Pou en política exterior durante la última campaña). Además, habría tenido una discusión acalorada con la directora general para Asuntos Económicos Internacionales, Victoria Francolino (El País, 1-VII-20). Mientras tanto, su reemplazo por Francisco Bustillo pasaba del rumor a la confirmación. Funcionario de dilatada trayectoria en el servicio exterior, Bustillo es de estrecha confianza de Lacalle.

En este tenso escenario, el miércoles, luego de reunirse virtualmente con los cancilleres del Mercosur en el marco del traspaso de la presidencia pro témpore del organismo, Talvi presentó ante el presidente (y en su cuenta de Twitter) su carta de renuncia, que fue aceptada esa misma tarde. “Nada más lejos de mi intención que ser un obstáculo en su deseo de nombrar al ministro de Relaciones Exteriores que considere más apropiado para acompañar su gestión”,decía, entre otras cosas, la breve carta.

ALINEACIÓN O BALANCEO. “Uruguay no merece estas desprolijidades, y la cancillería tampoco. Estábamos en la víspera de una reunión semestral del Mercosur. En política exterior las formas también cuentan, hacia afuera y hacia adentro”, dijo a Brecha Ariel Bergamino, subsecretario del Ministerio de Relaciones Exteriores en la pasada administración frenteamplista. Para Bergamino, Talvi “no tuvo tiempo de conocer a fondo la cancillería, […] nunca llegó a hacer pie”. Según su opinión, “desde el 1 de marzo hasta ahora, la política exterior de Uruguay se hizo en Presidencia de la República. Las líneas rectoras se trazaron en la Torre Ejecutiva y no en el Palacio Santos”.

En la misma línea se manifestó, en diálogo con Brecha, Roberto Conde, que ocupó la misma subsecretaría durante el gobierno de José Mujica: “Este gobierno se ha alineado absolutamente atrás de la política internacional estadounidense. Por ejemplo, ha suspendido el proceso de separación de Uruguay del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca”. Conde citó un análisis de la Asociación de Juristas Brasileños que afirma que la modificación interpretativa que ha promovido la Organización de los Estados Americanos (Oea) respecto del texto del tratado lo fuerza a que habilite la “persecución política dentro de nuestros territorios”,utilizándolo para ambientar un nuevo Plan Cóndor en el continente.

Según la edición de Búsqueda del jueves 18 de junio, “distintas fuentes políticas cercanas al presidente señalaron que Talvi no estaba del todo cómodo con la injerencia de Estados Unidos en la política internacional de Uruguay, y que así se lo hizo ver a Lacalle Pou. Según las fuentes, Estados Unidos está dispuesto a ‘bloquear’ cualquier intento de desembarco de China en la región mediante acuerdos comerciales”. El embajador de Estados Unidos, Kenneth George, había visitado al presidente en Torre Ejecutiva horas antes de la reunión con Talvi en la que se decidió su salida.

El jueves 25 de junio fue el propio Talvi quien se reunió con George. “Fue una discusión sumamente profunda y productiva sobre los temas internacionales que nos importan a ambos países”, manifestaba vía Twitter, ese día, el ahora excanciller. Si damos por bueno que en diplomacia las formas importan, vale resaltar su elección de la palabra “discusión”, teniendo en el menú alternativas como “conversación”, “encuentro” o “intercambio”.

Además de las diferencias con Lacalle en torno a Venezuela (Talvi reflotó el Grupo Internacional de Contacto y dijo que la Oea “ya no es el ámbito adecuado” para buscar soluciones en ese país), el economista se había sumado a su rival en la interna colorada, Julio María Sanguinetti, al discrepar con el voto que el gobierno comprometió a favor de la candidatura del estadounidense Mauricio Claver-Carone para la presidencia del Banco Interamericano de Desarrollo. Talvi también había perdido la pulseada con el presidente en las designaciones de los embajadores uruguayos en Argentina y Estados Unidos.

Tras el primer anuncio de la salida del dirigente colorado de la cancillería, Lacalle Pou llevó a trabajar al piso 11 de la Torre Ejecutiva al embajador retirado Álvaro Moerzinger, como asesor presidencial para asuntos exteriores. Según dijeron fuentes políticas a El Observador, su contratación ya estaba prevista y no se había ejecutado antes por la emergencia sanitaria.

¿Cuál será el papel de Moerzinger ante el cambio de conducción en el ministerio? ¿Qué pasará con la diplomacia 5.0 anunciada por Talvi (y el protagonismo que pretendía darle a Uruguay XXI y a la Organización Mundial del Comercio)? ¿Habrá giros respecto a Venezuela o el Mercosur con la llegada de Bustillo? ¿Hará la cuarentena del protocolo “estricto” el nuevo canciller tras llegar de Madrid? Brecha quiso hacer estas preguntas a Diego Escuder, pero no tuvo éxito en sus llamadas.

Habrá que esperar para saber si con el reposicionamiento de Talvi hay cambios de peso en la “arquitectura de gobierno”de la coalición (Óscar Bottinelli dixit). Se maneja que su sector se hará cargo del Ministerio de Ambiente una vez que se cree. Lo cierto es que dos mojones importantes del primer año de gobierno multicolor (el día cien y la asunción de la presidencia del Mercosur) quedaron signados por encontronazos entre sus dos “principales socios”.

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