El Colegio Médico y las corporaciones (III)

Debate abierto

Una respuesta a la columna del doctor Humberto Correa publicada en la edición del 24 de enero.

Estimado profesor Humberto Correa:

He leído su extensa respuesta al artículo del doctor Díaz Berenguer. Comparto muchos de los conceptos referidos a la actividad médica y sus cometidos, y su valor. Pero usted expresa que la categoría de anestésicos y cirujanos en sus distintas variedades son en realidad especialistas. ¿No lo son también otras categorías a las que el Msp y la Udelar otorgan el título y autorizan para ejercer el cargo? Nunca he sentido que las autoridades de las Saq se crean superiores a otras especialidades si bien son distintas. Si alguien lo pensara así, estaría profundamente equivocado. Un aspecto más controvertido es quién fija la recompensa para estas actividades. Usted concordará conmigo que en la evolución de la medicina se han integrado la ingeniería, la arquitectura, la investigación, la informática, etcétera, lo que ha producido cambios que se dirigen fundamentalmente a la documentación del diagnóstico y a contar con mejores tratamientos. El nuevo paradigma resulta inabarcable para una sola mente humana. ¿Es lo mismo la actividad de un internista que la de un médico de familia, un dermatólogo, un emergencista, un psiquiatra, un intensivista o un cirujano? ¿Tienen los mismos horarios de trabajo? ¿Tiene la misma actividad un intensivista de un Cti cardiológico que el de un Cti neurológico? Comienzan las subespecialidades. Usted propone un comité independiente. ¿Cómo estaría conformado? ¿Existe algún comité con tal diversidad y conocimiento de todas esas actividades? ¿Existiría objetividad? El Colegio Médico, el Sindicato Médico. La Femi, las Saq, todos han sido denostados. ¿No podríamos –a semejanza de otros trabajadores– tener en cuenta consejos tripartitos de salarios (integrados por los médicos, la administración y el Ministerio de Trabajo) por cada especialidad acordando la recompensa por nuestro trabajo? Deberíamos dejar de compararnos unos con otros y luchar cada uno porque cree que le corresponde. En un país maravilloso, con un Fondo Nacional de Recursos, con institutos de medicina altamente especializada, con una universidad popular y un Fonasa, debemos encontrarle una solución a este lastimoso diferendo, en el que se mezclan política y acción gremial. Falta mucho. No tenemos control de calidad ni recertificación. Estamos muy centralizados. Pero con esos problemas nos tendremos que ver en el futuro.

Saluda atentamente,

Roberto Delbene

Médico cirujano (jubilado)

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