El valor de la palabra empeñada – Brecha digital
Otra promesa climática incumplida de los países ricos

El valor de la palabra empeñada

Hace más de una década, varios de los países más ricos del mundo se comprometieron a entregar anualmente 100.000 millones de dólares para combatir el cambio climático. El principal contaminante aún no está ni cerca de cumplir sus promesas.

John Kerry, enviado especial de la presidencia de Estados Unidos, durante la COP27, el 9 de noviembre. AFP, JOSEPH EID

Estados Unidos debería estar aportando casi 40.000 millones de dólares para cumplir con el objetivo internacional de financiamiento climático anual de 100.000 millones, pero, sin embargo, lleva entregados menos de 8.000 millones, según muestra un nuevo análisis del medio británico especializado en política climática Carbon Brief con base en datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) y la ONU, y aportes de Oxfam y World Resources Institute. Entre otros países ricos rezagados en sus compromisos aparecen Reino Unido, Canadá y Australia, que han hecho contribuciones financieras al objetivo acordado bastante más pequeñas que sus porcentajes de emisiones históricas.

El análisis compara las cantidades nacionales de emisiones históricas en el período 1850-2020 con las contribuciones proporcionales al objetivo de financiación climática anual de 100.000 millones. Se trata de una financiación que en la cumbre climática COP15 de 2009 los países desarrollados acordaron tener en marcha para 2020.

Estados Unidos, por ejemplo, es responsable del 52 por ciento de las emisiones históricas añadidas a la atmósfera por los países firmantes del Anexo II de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático, adoptada en 1992. Esta es la lista de naciones «desarrolladas» o «industrializadas» legalmente obligadas por el derecho internacional a dar financiamiento climático bajo los términos de la convención climática de la ONU. Entonces, si Estados Unidos hubiera contribuido su justa parte del objetivo de financiación climática de 100.000 millones de dólares, y si se contabilizan las contribuciones de financiación privada, debería haber entregado, en 2020, 39.900 millones de dólares. En realidad, solo llevaba aportados en aquel año, el último del que hay datos disponibles, 7.600 millones de dólares (el 19 por ciento de lo que le correspondía).

De manera similar, Canadá depositó solo el 37 por ciento de lo que le tocaba y se quedó corto en 3.300 millones de dólares, mientras que Australia dio el 38 por ciento de su parte y adeuda unos 1.700 millones. Reino Unido contribuyó con el 76 por ciento de la cifra a la que estaba comprometido y adeuda 1.400 millones. Alemania, Francia y Japón, por su parte, dentro de este esquema, han dado proporcionalmente más de lo que han contribuido al calentamiento histórico. Sin embargo, a diferencia de otros, gran parte de su financiación es en forma de préstamos.

LA JUSTA PARTE

En las negociaciones climáticas de la ONU de 1992, los países desarrollados acordaron proporcionar «recursos financieros nuevos y adicionales» para ayudar a los países en desarrollo a enfrentar el cambio climático. Esto se basó en que las naciones relativamente ricas firmantes del Anexo II de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático tenían una mayor capacidad para hacer frente a los desafíos futuros y una mayor responsabilidad histórica como causantes del cambio climático. (La inclusión en el Anexo II se basó en el hecho de ser miembros de la OCDE en aquel momento, lo que comprendía las naciones de Europa occidental, Estados Unidos, Canadá, Australia, Nueva Zelanda y Japón. Como tal, no incluía a grandes economías, como China.)

Para esa fecha, estos países eran responsables del 46 por ciento de las emisiones históricas acumuladas de dióxido de carbono (CO2) relacionadas a combustibles fósiles, procesos industriales, cemento, uso de la tierra y deforestación. Para 2020, todavía eran responsables del 40 por ciento del total mundial.

Su compromiso de financiamiento climático adquirió un enfoque más estricto en 2009, cuando dijeron que, «para 2020, movilizarían 100.000 millones de dólares por año» para «abordar las necesidades de los países en desarrollo». Pero no han logrado cumplir con este objetivo, según informó recientemente la OCDE.

En 2020, solo se entregaron 83.000 millones de dólares de financiamiento climático, incluidos 60.000 millones en ayudas bilaterales y contribuciones a través de bancos de desarrollo y 23.000 millones de dólares de fondos climáticos y fuentes privadas. No hay números oficiales para la contribución de cada país a este total de 83.000 millones, pero Carbon Brief ha hecho una estimación con base en los datos de la OCDE y las Naciones Unidas.

El gran déficit de Estados Unidos se explica en parte por el hecho de ser, con mucho, el mayor emisor histórico del mundo. Es responsable de alrededor de una quinta parte de las emisiones de CO2 liberadas a la atmósfera, aproximadamente el doble de la contribución de China, que ocupa el segundo lugar. Recientemente, luego de una promesa del presidente Joe Biden de contribuir con 11.400 millones de dólares al año para 2024, el Congreso de Estados Unidos aprobó solo 1.000 millones de dólares en financiamiento climático a principios de este año.

Si bien algunos países firmantes del compromiso han donado más de lo que les corresponde del objetivo de 100.000 millones de dólares, su aparente generosidad se ve empañada por su preferencia por otorgar financiamiento climático en forma de préstamos en lugar de donaciones. Los mencionados Alemania, Francia y Japón, por ejemplo, otorgan el 45, 75 y 86 por ciento de su financiación en forma de préstamos, respectivamente. De hecho, que la financiación climática se entregue como subvenciones en lugar de préstamos es una petición clave de muchos países en desarrollo en las actuales conversaciones sobre el clima de la COP27.

(Publicado originalmente en Carbon Brief. Traducción de Brecha.)

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