Escribir para publicar implica, necesariamente, la posibilidad de que alguien responda. Más aún: escribir sobre corrientes intelectuales vivas implica que los objetos de estudio tienen derecho a réplica porque, en realidad, no son objetos, sino sujetos. Para un libro, además, no hay nada mejor que ser motivo de polémica. Aunque es cierto que hay polémicas de mejor y de peor calidad.
La cosa empezó bien con una reseña a mi libro El misterio de Alberto Methol Ferré. Un estudio del verticalismo latinoamericano, escrita por Andrés Rivarola Puntigliano y titulada «Un libro para discutir». En efecto, la cosa daba para discutir, por lo que un tiempo después escribí una respuesta que se titulaba «Seguir la discusión». Inesperadamente, la contrarréplica no vino del aludido, sino de la Asociación Civil Alberto Methol Ferré (ACAMF), que emitió un comunicado basado en una falacia tan bochornosa que solo pude responder pidiendo que, para poder discutir, la próxima vez ofrecieran algo parecido a un argumento.
Pues bien, llegó una nueva respuesta, esta vez escrita por una persona física, Enrique Martínez Larrechea, que tomó con gallardía la ingrata tarea de intentar salvar del ridículo al comunicado de la ACAMF. Esta vez sí hubo un intento de argumentar, lo que es una mejora. No sabemos cuánto más podría mejorar la situación, porque Martínez Larrechea decidió que su intervención era el punto final de la discusión de parte de los metholianos. A Martínez Larrechea le interesa, sobre todo, dejar claro el carácter insidioso (es decir, embustero, pérfido, astuto) de mis textos. Tal insidia, especula, podría ser vicaria, siendo yo víctima de perfidias aún más infames. Sobre esto poco tengo que decir, más que echar una carcajada maligna desde el altillo de mi casa y lamentar que probablemente no voy a ser invitado a la ACAMF.
Vayamos ahora al fondo del asunto. Martínez Larrechea ofrece una interpretación de la posición de Methol sobre las dictaduras latinoamericanas de los años setenta, que es uno de los temas en discusión. Niega que Methol haya podido defenderlas y dice que de lo que se trata es de una reivindicación general del rol de los Ejércitos en los procesos políticos latinoamericanos, poniendo como ejemplo la posición de Methol sobre Juan Domingo Perón y Hugo Chávez. Habría mucho para decir sobre esos casos, pero eso no es relevante para esta discusión. El texto al que aludí para ilustrar la posición de Methol sobre las dictaduras no habla en general sobre los militares, sino que defiende regímenes concretos de críticas concretas. En ese texto1 (publicado en 1977 y republicado en 1979), Methol desestimaba las acusaciones por violaciones de los derechos humanos, desresponsabilizaba a los militares de la situación de los países que gobernaban y sacaba una conclusión política: que la Iglesia debía trabajar desde dentro, «evangelizando a los centuriones». A pesar de que Martínez Larrechea oculta todo esto, cabe resaltar que, si estamos teniendo esta discusión, es porque estamos de acuerdo en que defender aquellas dictaduras es algo grave, lo que no es poco en los tiempos que corren.
Martínez Larrechea piensa que la idea de verticalismo y la reivindicación del hispanismo y de la España medieval por parte de Methol son inventos míos. Ante esto, cabría recomendarle que, como metholiano, se interiorice más en la obra de Methol. Methol lamentó la pérdida del eje vertical en la modernidad en 1949,2 lo volvió a hacer en 1955,3 defendió la verticalidad como principio organizativo de la Iglesia en 19684 y luego atacó hasta su muerte las posiciones que consideraba emparentadas con la horizontalidad inmanentista. Sobre esa base, construyó todo su pensamiento sobre América Latina como una reivindicación de la conquista española y de la España de la Reconquista.5 Admiró a Menéndez Pelayo6 y a Ramiro de Maeztu,7 y dijo sobre los antimodernistas reaccionarios del siglo XIX que tenían una «dramática grandeza, pues Cristo estaba en ellos».8 Methol no fue un integrista ni un antimoderno, pero sí fue un antiilustrado que buscaba encontrar un lugar en la modernidad para las ideas del integrismo.
Como digo en mi libro y desde el comienzo de esta discusión, sin embargo, no se trata de descartar a Methol, sino de entender su pensamiento. La corriente de la que participa Methol, que llamo verticalista, es parte legítima de la tradición política latinoamericana y tiene que participar de sus discusiones, en las que hay mucho en juego. Las relaciones entre la izquierda, la extrema derecha y el liberalismo son una cuestión central de nuestro tiempo. Varios países latinoamericanos están, en este momento, bajo asedio militar imperialista. La discusión sobre la cultura latinoamericana está planteada en todas partes. Dar bien estas discusiones necesita que seamos capaces de entender los momentos sombríos de nuestra tradición.
- «Sobre la actual ideología de la Seguridad Nacional», Medellín, número 10. ↩︎
- «Sartre o el fin del humanismo», Unitas. ↩︎
- «Los católicos y la civilización occidental», Nexo, número 2. ↩︎
- «Pablo VI o el honor de Dios», Víspera, número 7. ↩︎
- Marco histórico de la religiosidad popular, publicado por CELAM en 1977, y «Análisis de las raíces de la evangelización americana», Stromata, volumen 33, número 1/2. ↩︎
- «La ruptura de la cristiandad indiana», Medellín, número 48, 1985. ↩︎
- El mundo rural en los 50, Cuaderno de la Fundación, número 3, Fundación Vivian Trías, 1998. ↩︎
- «Las épocas», Víspera, número 6, 1968. ↩︎








