La campaña en ambulancia

Fuentes generalmente malpensadas que prefirieron el anonimato calculan que una ambulancia cero quilómetro equipada a full vale unos 3 mil votos, un tomógrafo, 2 mil y un llamado internacional para invertir en un hotel casino, apenas 500 votos, porque las intenciones pueden sufrir devaluaciones.

El presidente de la República, Luis Lacalle Pou, explicó que sus viajes al Interior no son una novedad: se inauguraron en marzo, días después del traspaso del mando; que el compromiso con sus ciudadanos es el contacto directo, de modo que aquellos dirigentes políticos que perciben una intromisión del presidente en las campañas electorales departamentales tienen mala leche o están nerviosos.

Por decir fútbol

Al presidente nunca se le pasó por la cabeza que viajes puntuales a capitales departamentales como a pequeños pueblitos, 15 días antes de las elecciones, pudieran ser interpretados como parte de una estrategia para que el peso de su presencia soberana –y el consecuente revuelo mediático– influyeran en la decisión de los electores. ¿Por qué debía el mandatario reprimir su impulso de repartir ambulancias, distribuir material hospitalario y darle una mano al turismo anunciando casinos en la costa? En especial cuando le sobra vitalidad para ir y venir, como corresponde a un dirigente dinámico.

«No me escucharon hablar nunca de un candidato, nunca meescucharon hacer una arenga», dijo, defendiéndose de las críticas. La memoria le traspapeló parte del discurso que pronunció en la ceremonia de bautismo de un portacontenedores de cabotaje en el puerto de Paysandú: «Se gastó mal, se gastó mucho, se dejó al país endeudado y hay que reaccionar».El traspié puede atribuirse a esa especie de piloto automático que referencia todo al Frente Amplio con tufo de campaña, aun transcurridos diez meses de los comicios nacionales.

La utilización de la imagen presidencial en la propaganda electoral es una picardía perfectamente comprensible. Hay que carecer de humor para reprocharle a José Yurramendi, candidato a intendente de Cerro Largo por el Partido Nacional, que difundiera un spot electoral en el que aparece junto con Luis Lacalle discutiendo sus propuestas políticas. Pero no todo es política: en el video aparece la familia de Yurramendi departiendo con la esposa del presidente, la primera dama, Lorena Ponce de León. El candidato colorado John Kennedy Rodríguez y el frenteamplista Rodolfo Nin Novoa deploraron la iniciativa, pero quien realmente se sintió estafado fue Pablo Duarte, el otro candidato blanco a quien Yurramendi le ganó de mano con el spot. En este caso, Lacalle no siguió el encomiable ejemplo de equidistancia del general Guido Manini, que no exhibe preferencias por los candidatos de Cabildo Abierto en Durazno y va a todos los actos por más que los competidores cabildantes no se hablen entre sí y cada uno reivindique el monopolio de la preferencia del líder-conductor.

Curiosamente las principales reacciones a lo que se malinterpreta como una inadmisible intromisión de Luis Lacalle provienen de sus socios en la coalición multicolor. A comienzos de setiembre, en Salto, el presidente inauguró el Polo Educativo Científico Tecnológico Binacional, que funciona en la órbita de la Comisión Técnica Mixta de Salto Grande. Algo tan inocente como la presencia de Lacalle en ese acto mereció el repudio del senador colorado Tabaré Viera, de la fracción de Julio María Sanguinetti; deploró la presencia de Lacalle y de gran parte de su equipo ejecutivo en Salto interfiriendo «con todo su peso» en una campaña que resulta muy disputada con el candidato blanco Carlos Albisu, que por una coincidencia preside la Comisión Técnica Mixta de Salto Grande. Al igual que Tabaré Viera, el candidato de Cabildo Abierto en las departamentales de Rocha, Martín Rodríguez, protestó por la «apropiación indebida» de la imagen del presidente, cometida por el oponente blanco del departamento, el exsenador José Carlos Cardozo.

Como por ahora las lealtades de los integrantes de la coalición multicolor están selladas con las diferentes concesiones (la presidencia de UTE o el mantenimiento de los fueros), las mismas fuentes malpensadas auguran que continuará esta especie de «influencia directriz» de Lacalle, inspirada, aunque en forma remota, en el presidente Julio Herrera y Obes: «Es indudable que el gobierno tiene y tendrá siempre, y es necesario y conveniente que la tenga, una poderosa y legítima influencia en la designación de los candidatos del partido gobernante».

Aquellas fuentes advierten que se ha agotado el stock de ambulancias, pero que el presidente no viajará con las manos vacías en lo que falte de la campaña electoral. Algo se le ocurrirá.

Por decir fútbol

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