Lejos de Glasgow – Brecha digital
El compromiso sobre el metano

Lejos de Glasgow

Aunque los costos del cambio climático son cada vez más evidentes, las promesas del gobierno uruguayo respecto a la disminución de las emisiones se muestran tan variables como el tiempo.

Adrián Peña, ministro de Ambiente, en la presentación de la Estrategia Climática de Largo Plazo junto con los ministros Mattos, Paganini y Arbeleche Presidencia de la República

Si bien el efecto invernadero, en sentido amplio, es un fenómeno natural beneficioso para la tierra, porque ha permitido el desarrollo de la humanidad, preocupa la manera en que ha sido alterado en los últimos años. Estos cambios, que se han dado de manera más brusca y en menor cantidad de tiempo, se deben a las altas emisiones de gases de efecto invernadero, principalmente de dióxido de carbono, metano y óxido nitroso. En la última Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP 26), realizada en Glasgow (Escocia), la novedad fueron dos compromisos que están por fuera de lo establecido en el Acuerdo de París: uno, usar los bosques y la tierra; el otro, que para 2030 los países firmantes reduzcan las emisiones de metano en un 30 por ciento respecto al nivel global de 2020.

Uruguay adhirió a ambos compromisos. El último se pone sobre la mesa debido a que, si bien el metano es un gas de vida más corta que el dióxido de carbono, por lo que desaparece más rápidamente de la atmósfera, si se redujera su emisión, los cambios en el calentamiento serían inmediatos. Sin embargo, hace unas semanas, el ministro de Medio Ambiente, Adrian Peña, declaró a La Diaria que la postura del gobierno era «un poco reacia» a firmar el compromiso de reducir el metano y que se había acordado con Argentina y Brasil no firmarlo ya. Pero Argentina y Brasil decidieron firmar, y Uruguay también lo hizo. Este compromiso está orientado, sobre todo, a los países que son grandes emisores de metano, especialmente por operar con combustibles de origen fósil (extracción, transporte y quema). No obstante, Walter Oyhantçabal, exdirector de la Unidad de Sostenibilidad Agropecuaria y Cambio Climático del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca, dijo a Brecha que este compromiso tiene un talón de Aquiles: como no es parte del Acuerdo de París, es probable que incumplirlo no tenga consecuencias. Y agregó: «Uruguay adhirió a esta promesa. Con qué argumentos, no lo sé».

URUGUAY EN CIFRAS

Hoy, en el mundo, el grueso de las emisiones de metano de origen humano provienen de las operaciones con combustibles de origen fósil, de la tala de montes y, por último, de lo que se llama cambios en el uso de la tierra, particularmente vinculados a la agricultura y la ganadería.

En Uruguay, el 93 por ciento de las emisiones de este gas provienen del sector agropecuario; el 6 por ciento, de la descomposición de la basura, y el uno por ciento restante, de la producción de energía. Esto representa un total de 787 mil toneladas o gigagramos. La principal actividad emisora es la fermentación entérica. Los vacunos y los ovinos –animales rumiantes– tienen la capacidad de vivir comiendo pasto, cosa que los humanos no pueden hacer; para digerir ese pasto, lo fermentan en el rumen, donde diferentes microorganismos lo descomponen. En eso consiste la fermentación entérica, proceso en el que se produce el metano, que estos rumiantes liberan principalmente al eructar. Pero esas emanaciones surgen de los mismos rodeos que explican que en el último año el país haya exportado carne por más de 2.700 millones de dólares.

Laura Astigarraga, grado 4 del Departamento de Producción Animal y Pasturas de la Facultad de Agronomía de la Universidad de la República, dijo a este semanario que el tema del metano en Uruguay «ha sido muy controvertido». Para la investigadora, la idea de disminuir la emisiones reduciendo la cantidad de cabezas de ganado «es muy de los países centrales». Por su parte, Ramón Méndez, expresidente del Sistema Nacional de Respuesta al Cambio Climático, observó que hay diferentes estrategias para manejar las pasturas que permiten acortar el lapso que va desde el nacimiento de un bovino hasta su faena. De esa forma, como el animal llega al final de su vida más rápidamente, termina emitiendo menos metano. La etapa que efectivamente se puede acelerar es la del engorde.

Sobre este tema, Oyhantçabal mencionó las medidas básicas que está tomando Uruguay para minimizar las emisiones de metano. Estas refieren a la eficiencia del sistema productivo y a la dieta. La primera consiste en lograr un rodeo eficiente, en el cual la mayoría de las vacas «quedan preñadas» y los animales engordan y salen a la faena más jóvenes, lo que conduce a una mayor eficiencia del proceso productivo. A mayor producción de carne por hectárea, se producen las mismas emisiones de metano que en un sistema no eficiente, por lo que se reducen las emisiones por quilo de carne. Según Oyhantçabal, un número importante de vacas no quedan preñadas «porque están muy flacas», por lo que el proceso productivo en la fase de cría es ineficiente, lo que produce grandes emisiones de metano. Por lo tanto, aumentar la eficiencia de la cría y lograr que una mayor cantidad de vacas queden preñadas es una manera de bajar las emisiones de metano por quilo de carne y evitar emisiones innecesarias por tener vacas que no están gestando ni amamantando un ternero. La segunda medida consiste en mejorar la calidad de la dieta. Cuando el alimento es de baja digestibilidad –por ejemplo, las pasturas ordinarias, como el heno y la paja–, el rumen produce más metano que cuando el alimento es de alta digestibilidad –como las pasturas jóvenes de alta calidad y los granos–. Por lo tanto, si se mejora la digestibilidad del alimento y la calidad de las pasturas, se disminuye la emisión de metano. Estos dos puntos van de la mano, porque, cuando se mejora la calidad de la dieta, se aumenta la eficiencia de la producción, lo que se traduce en que las vacas estén en condiciones que permitan tener un mayor número de vacas con crías y, a su vez, que el animal alcance el peso de faena más rápido.

Otra forma de alimentación es la que se suministra en la cría a corral (feedlot). Verónica Ciganda, directora del Programa Nacional de Investigación en Producción y Sustentabilidad Ambiental del Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria, dijo a este semanario que en Uruguay se lleva a los animales a un feedlot durante los últimos 100 días de su vida para alimentarlos aceleradamente con ración con distintos tipos de concentrados. Según Ciganda, estos concentrados tienen muy bajo contenido de fibra, lo que hace que la emisión por quilo del concentrado de grano consumido sea menor. Sin embargo, aclaró que los granos que se utilizan para la alimentación de feedlot pasan por un proceso de producción en el que también se producen gases de efecto invernadero: «Tenemos que poner esto en la cuenta de la huella de carbono, no solo quedarnos con la emisión del animal en sí mismo».

TRAS LA META

La contribución determinada a nivel nacional (CDN) es el compromiso que el país asume para cumplir el Acuerdo de París en cuanto al metano. El objetivo que se propuso la última fue reducir en un 57 por ciento la intensidad de las emisiones de metano por unidad del producto bruto interno. Según el visualizador de avances de la CDN,1 hasta el momento se ha reducido en un 49 por ciento. Además, la CND añadió la meta de reducir un 32 por ciento la intensidad de las emisiones de metano por unidad de producto, medido como quilo de carne vacuna en el animal. Hasta el momento el visualizador muestra que la disminución ya alcanza el 28 por ciento, por lo que Uruguay estaría en dirección de cumplir su propósito.

Según Méndez, «no hay dudas de que el principal sector que emite gases de efecto invernadero es el energético», pero, a pesar de eso, «a nadie se le ocurriría decir: “Tenemos que dejar de utilizar energía”, sino que el camino de la humanidad es utilizar energía generada con la menor cantidad posible de gases de efecto invernadero». Un problema que Méndez visualiza es que, si se permite que el debate sobre el metano se concentre en el ganado, termine habiendo «serios problemas para las exportaciones de nuestro país». Para el técnico, esto está asociado a otro tema central, la carne sintética, ya que el producto «ha mejorado tremendamente en la última década», no solo en calidad, sino también en costo. Apuntó que la carne sintética va a competir seriamente con la natural: «Esto puede tener consecuencias muy graves para Uruguay, y no veo que se esté encarando».

ESTRATEGIA DE CAMBIO

A fines de diciembre se presentó la Estrategia Climática de Largo Plazo de Uruguay. En esa instancia el ministro de Ambiente informó que se proyecta para 2050 y que tiene dos puntos fuertes: la adaptación y la mitigación. El primero trata de cómo adaptarse a los diferentes escenarios que podrían presentarse; el segundo, de cómo cumplir «el compromiso de reducir las emisiones y equilibrar las capturas o las remisiones».

Según el documento «Las emisiones de metano del sector AFOLU» [sigla en inglés para la categoría que incluye la agricultura, la silvicultura y otros usos del suelo], en 2050 las emisiones serían un 3,1 por ciento mayores que las reportadas en el inventario nacional de gases de efecto invernadero de 2017, lo que equivale a 22,55 gigagramos de metano. Este aumento estaría compuesto por un incremento de un 2,9 por ciento de las emisiones por fermentación entérica del ganado (20,57 gigagramos), un 2,2 por ciento de incremento de las emisiones por manejo de estiércol (0,33 gigagramos) y un 10,4 por ciento de incremento en las emisiones del cultivo de arroz (1,67 gigagramos) sobre cada categoría.

El documento plantea un «escenario alternativo», en el que el sector ganadero estabilizaría sus emisiones de metano y no contribuiría al calentamiento. Para este escenario, se plantea aumentar la productividad «con estabilidad de emisiones por unidad de producto». Para aumentar la productividad se propone aplicar buenas prácticas en el manejo ganadero –«pastizal en el ciclo de cría, una mejora en la digestibilidad de la dieta, una mayor porción de finalización a corral y otras propuestas tecnológicas acordes a una ganadería baja en carbono»–. «[Esto] implica que las emisiones de metano por fermentación entérica del ganado aumentan únicamente en un 0,2 por ciento (1,5 gigagramos). El total de las emisiones de metano se incrementa en un 0,4 por ciento (3,14 gigagramos), cambio compuesto por la mencionada variación de las emisiones del ganado, por una leve caída del 0,3 por ciento de las emisiones de la gestión de efluentes y un aumento del 10,4 por ciento de las emisiones del cultivo de arroz. Estos discretos incrementos virtualmente representan un escenario de estabilización de las emisiones de metano», añade el texto.

1. Herramienta disponible en https://visualizador.gobiernoabierto.gub.uy/visualizador/api/repos/porciento3Apublicporciento3Aorganismospor ciento3Aambientepor ciento3Avisualizador_cdn.wcdf/generatedContent.

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