Los apocalípticos - Semanario Brecha

Los apocalípticos

Detrás de las declaraciones de Trump sobre Jerusalén

Donald Trump - AFP TIMOTHY A. CLARY

La decisión del presidente Donald Trump de reconocer a Jerusalén como capital de Israel, y su orden de trasladar a esa ciudad la embajada de Estados Unidos lucen extemporáneas según los criterios de la diplomacia y la política exterior, pero no carecen de antecedentes.

En 1995 el Congreso de Estados Unidos aprobó una ley reconociendo a Jerusalén como capital del Estado de Israel y ordenando el traslado hacia allí de la embajada para 1999. La ley tiene una cláusula que permite postergar por seis meses la mudanza. Los presidentes Bill Clinton, George W Bush y Barack Obama firmaron esas prórrogas cada seis meses.

Trump, quien durante su campaña electoral prometió que trasladaría la embajada al día siguiente de su asunción, firmó una postergación el 1 de junio pasado, pero ahora, en contra del consejo de sus asesores y de las advertencias de sus aliados internacionales, decidió cumplir con la ley de 1995.

Hay quienes arden en furia, y habrá quienes mueran por repudiarla, pero el único efecto práctico de la medida es que puso fin a la ficción de que Estados Unidos es el mediador imparcial en el conflicto entre Israel y los palestinos.

Es otra la cronología que guía a Trump: su promesa fue hecha a los cristianos evangélicos que son el segmento más militante de sus votantes en Estados Unidos y una veta gruesa de los cristianos en todo el mundo.

El año próximo se cumplen 70 de la fundación del Estado de Israel. En términos bíblicos, dos generaciones: la fundadora marcada por la Shoá y las impurezas de la diáspora, y la constructora del nuevo reino de David. Es a la tercera que le toca reconstruir el templo.

Es difícil determinar cuánto de las alucinaciones contenidas en el libro del Apocalipsis (del griego ἀποκάλυψις, apokálypsis: “revelación”) forma parte de las creencias de Trump, suponiendo que tenga alguna. Es más obvio su gesto para apaciguar a estos votantes, a quienes no se les ha cumplido con otras promesas, como la construcción del muro en la frontera con México o la expulsión de 11 millones de inmigrantes indocumentados.

Hay centenares de predicadores evangélicos que advierten sobre “las señales del fin de los tiempos”, y millones de creyentes que se tragan historias como la de la cría de vacas rojas, en cumplimiento con el mandamiento bíblico en “Números” 19, que estarán listas en 2018 para reanudar los sacrificios en el “tercer templo”, de acuerdo con los requisitos en “Génesis” 15:9. El único inconveniente para iniciar las obras es que el sitio lo ocupan ahora dos mezquitas en el centro de Jerusalén.

“Con un índice de aprobación pública que apenas supera el 30 por ciento, cuando se trató de elegir entre los evangélicos, judíos y grandes donantes por un lado, y los palestinos, europeos y gran parte del mundo por otro, la opción era clara”, escribió Aaron David Miller, vicepresidente y académico en el Wilson Center. “Ansioso por decir ‘Yo cumplo’, el presidente Trump se dio el gusto de faenar otra vaca sagrada destruyendo décadas de política exterior estadounidense.”

La movida no parece estar asociada a alguna medida diplomática genial del yerno de Trump, Jared Kushner, como que el caramelo dado ahora al primer ministro israelí, Biniamin Nethaniahu, lo obliga a hacer concesiones futuras a los palestinos, o que Arabia Saudí convencerá a éstos de conformarse con unas pocas cuadras en Jerusalén Este como capital de un eventual estado Palestino.

Los evangélicos para cuyo beneficio Trump dio este paso operan en el marco de la astrología bíblica y las alucinaciones proféticas, y su propósito no es la paz sino todo aquello que adelante la cronología apocalíptica: la reconstrucción del templo y la batalla del Armagedón que apurará el establecimiento del reino de Dios.

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