Con Jacqueline Ponzo, magíster en Epidemiología y especialista en Medicina Familiar y Comunitaria

«Los números, desde Navidad, no están mostrando la realidad»

Mientras la atención del sistema político se centra en las negociaciones de las vacunas, la doctora Jacqueline Ponzo ve con preocupación los problemas para rastrear y testear a la ciudadanía, que llevan a aumentar el porcentaje de casos en que se pierde el hilo epidemiológico. Además, afirma que hay métodos diagnósticos no utilizados que permitirían evaluar cuál es la situación a nivel poblacional.

Móvil de Asse para hisopados de covid-19, en la explanada del Palacio Legislativo. Héctor Piastri

—¿A qué se debe la poca cantidad de test realizados los últimos días?

—Los números entre Navidad y fin de año han estado afectados por las licencias en todos los ámbitos, lo que generó atrasos importantes en el proceso de testeo en todo el sistema de salud. Por ejemplo, en algunos lados no hubo auto test y la toma de muestras a domicilio estuvo totalmente resentida. En Canelones [N. de R.: donde trabaja Ponzo], durante las últimas dos semanas se constataron diversas dificultades en el proceso de rastreo y testeo. En ASSE [Administración de los Servicios de Salud del Estado] hubo demoras excesivas en la entrega de resultados e incluso pérdida de muestras y resultados. Hisopados solicitados el 31 o antes estuvieron en espera hasta el 4 de enero. Entonces hubo muchos días sin posibilidad de hacer el hisopado, salvo que las personas concurrieran a la urgencia, pero la recomendación de los equipos de salud era que no fueran y esperaran en la casa que las contactaran. También hubo descartes de muestras en el laboratorio, que suponemos que no llegaron en condiciones y en esos casos hubo que recontactar a las personas para decirles que su muestra se había perdido, que había que hisopar de vuelta y que, por lo tanto, no se le podía dar el alta ni a ellas ni a su familia. Todo eso genera una serie de dificultades en la gestión de la epidemia que repercute en la adhesión a las medidas por parte de la población. De todas formas, el RAP [Red de Atención del Primer Nivel] Canelones inició esta semana un nuevo sistema de gestión de las muestras, con lo cual se espera resolver estos problemas y tener resultados en 24 horas.

—¿Cómo se reflejan todos estos percances en los números conocidos en la última semana?

—Los números que tuvimos desde Navidad hasta ahora no están mostrando la realidad. Esta situación se ve muy clara en las gráficas de noviembre de Estados Unidos y Canadá. Ellos tienen el Día de Acción de Gracias y ahí, como acá, eso coincide con las licencias, entonces tuvieron en ese período una baja en el número de casos positivos, pero, pasados esos días, la curva retomó la tendencia. Eso es lo que está pasando en Uruguay. Ahora estamos con números que se aproximan más a la realidad, con más de 900 casos positivos. Esa estabilidad que tuvimos en torno a los 500 casos no tenía nada que ver con la realidad. El porcentaje de positividad de estos días –11 por ciento en promedio– muestra que la cantidad de test que estamos haciendo es menor a la necesaria. Tendríamos que estar testeando para tener porcentajes de positivos por debajo del 5 por ciento. Eso implicaría hacer más del doble de los test que hacemos. Y para ser consecuentes con la política del gobierno de mantener la movilidad es imprescindible mejorar la capacidad de diagnóstico individual y poblacional. De esto último se habla poco: una cosa es lo que me interesa diagnosticar en las personas, pero también es importante saber cuál es la situación del país, del departamento, del municipio, es decir, en términos de salud colectiva. Para eso hay otros métodos diagnósticos que podríamos estar utilizando y prácticamente no lo estamos haciendo.

—¿Cómo cuáles?

—En Salto se hizo hace poco un estudio de seroprevalencia por la Universidad de la República. Es muy importante avanzar con estudios de este tipo para evaluar qué población ha sido afectada por la pandemia y no se ha enterado. Son test que están en desarrollo y que tienen una sensibilidad limitada, pero para estudios poblacionales son útiles. En nuestro país también hay tecnología para la detección de fragmentos moleculares del virus en aguas residuales. Por esa vía el virus no se transmite, pero nos permite conocer si está circulando en algunas localidades.

—En este sentido, ¿los test de antígenos donados por la Organización Panamericana de la Salud podrían contribuir?

—Lo ideal es utilizarlos en pacientes más graves, que están ingresados, ahí es donde el rendimiento es mayor, pero para la identificación en población general no es la solución porque la sensibilidad es baja. Para detectar un problema en población asintomática, se necesita justamente que la sensibilidad sea muy alta. En este test se habla de una sensibilidad del 50 por ciento. Eso es lo mismo que el azar, tiro una moneda y tengo el 50 por ciento de probabilidades de que sea cara o cruz. O sea, en personas asintomáticas, es un test que no se debe aplicar para diagnóstico. Sirve si te da positivo, de lo contrario es muy peligroso porque se le puede decir a una persona que es negativo, pero no se puede afirmar que no tenga el virus.

Por decir fútbol

—¿Si se estuvieran haciendo los 10 mil o 15 mil test diarios que el gobierno había prometido, estaríamos en los 1.200 casos positivos por día que se preveían?

—No tengo dudas de que sí, nosotros estamos perdiendo detección en todas las etapas del proceso. Las demoras tienen mucho que ver con la saturación de los rastreadores. El Ministerio de Salud Pública no está dando abasto para hacer el rastreo, eso está quedando en manos de las instituciones que trabajan según su criterio. Supongamos que hay un caso positivo que tiene diez contactos, dos de su misma institución y ocho de otras, ahí es limitado el compromiso que la institución de salud tiene con esas ocho personas. No está establecida la obligación de seguir esos contactos hasta asegurarse de que se hagan el test. Se requiere un nivel de coordinación que hoy no existe entre el ministerio, el área de vigilancia epidemiológica, las direcciones departamentales de salud, los prestadores y, particularmente, los equipos de salud que están en el ámbito comunitario en contacto con los usuarios.

—Esta semana las negociaciones sobre las vacunas han sido el tema central. ¿Cómo ve posicionado a Uruguay?

—Las vacunas están en desarrollo, hay avances en cuanto a la información científica sobre su seguridad que son del último mes, entonces me parece que no es una situación desesperante la de Uruguay. Confío en que se están haciendo las gestiones y en el sistema que tenemos, que es muy sólido y tiene mucha experiencia, tanto en el reparto y adquisición de las vacunas como en hacerlas disponibles equitativamente para la población.

—¿Cómo ve el papel del GACH [Grupo Asesor Científico Honorario]?

—Es una fortaleza tener un análisis académico que oriente la toma de decisiones, pero en este momento la situación es bien distinta a la que teníamos al inicio, entonces tal vez sea oportuno hacer una reformulación de la organización del trabajo, de los equipos. Hoy cambiaron los desafíos, tenemos la tecnología, pero no estamos pudiendo testear a todos. Tenemos que ver entonces cómo mejoramos nuestra capacidad de identificar los casos y los contactos y, por otro lado, qué estrategia aplicar para mantener la actividad con este nivel de circulación del virus.

  • Ponzo es también profesora agregada de Medicina Familiar y Comunitaria en la Facultad de Medicina y miembro del Grupo Uruguayo Interdisciplinario de Análisis de Datos Covid-19.

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