El primer año de gestión de Yamandú Orsi cerró con un baldazo de agua fría. En la antesala del 1 de marzo, diversas encuestas revelaron una desaprobación significativa no solo de la población general, sino de las filas de la propia militancia frenteamplista. Las explicaciones desde el gobierno intentaron encapsular el fenómeno como un problema de comunicación. Sin embargo, esta divergencia parecería reflejar una distancia más profunda entre el Poder Ejecutivo y su base social. En uno de los extremos, se ubicaría el proyecto de desarrollo prometido en campaña y las expectativas de la militancia. En el otro, la prudencia fiscal del equipo económico y la limitada capacidad para abordar las problemáticas urgentes en materia social. LA CASA EN ORDEN No fue casual que Orsi, ante la Asamblea Gene...
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