Mil caracteres

“Yo tenía una vida”, de Patricia Turnes.

Yo tenía una vida, Feel de Agua, 2018.

Creo que este es el segundo disco1 de Patricia Turnes (el anterior se llama Lentes oscuros). Para cambiar, que dicen que está bueno, decidí escuchar la primera canción y arrancar a escribir sin saber nada del resto del disco. Se llama “Frente a mí”, dura casi tres minutos y medio, y la primera impresión es buena. Es una canción modal, de esas que se pueden acompañar con mi menor y re mayor (como aquella del Inti sol, que La Mojigata versionó libremente; pero no tiene nada que ver, es sólo para dar una idea). No tiene percusión y aparentemente lo que suena atrás es un teclado, aunque, claro, puede haber más cosas camufladas. La nota más grave de la melodía le queda claramente muy baja a su voz. Ahora suena algo que parece más una guitarra, pero siempre entreverada con lo de atrás. Hay como un pedal grave que varía con los cambios de acorde. La melodía es oscilante, parece bastante libre, pero cuando pasa suficiente tiempo se nota que es cíclica. Parecería que la letra fue escrita antes, porque está lleno de esos “acomodes” que uno hace cuando musicaliza una letra preexistente sin adaptarla a lo que la música va sugiriendo. Se describe una escena en la que quien habla en primera persona conversa con una ex pareja, que no tuvo mejor idea que agarrarla de confidente para contarle sus problemas con su pareja actual, y se expresa con claridad sobre esa situación, que no le resulta cómoda. Buenos textos, buena melodía; tal vez falle un poco la interacción. Bien, ahora escucharé el resto del disco todo junto, a ver qué pasa.

Ahora entiendo algunas de las cosas que señalé antes. Lo de los “desajustes” entre texto y música parece ser una opción, o, al menos, un recurso que aparece a menudo. Es un disco muy creativo. Hay muchas melodías de pocas notas, un poco insistentes, que me recuerdan a alguna de las primeras canciones de Maslíah. Aunque una de ellas (“Era una vieja loca”) se parece también a aquella que repetía “Que te ves bien buena, que te ves bien buena”, de un ámbito totalmente distinto, y que siempre me llamó la atención por su música. Las letras están a medio camino entre la cotidianidad y algo más abstracto y general, una zona que vengo a descubrir ahora, que no está todo lo transitada que podría. ¿A qué me refiero? A que se describen situaciones comunes, pero se les encuentra un ángulo poco usual, que, sin embargo, nos resulta familiar. Tal vez sean cosas que uno piensa o siente, pero de las que no llega a concientizarse del todo. Hay también argumentos más fuertes, como el del padre de alguien que supuestamente está rebuscándosela en el extranjero, pero aparece un día en La Aguada con otra familia y otra vida.

Pero, en general, son cosas triviales, al menos en apariencia. Se las describe con detalles secundarios, pero (insisto) que están más en la cabeza que en los hechos en sí. Bueno, algunas veces pasa eso y otras no, claro, pero es interesante. No insistiré con la explicación, porque es imposible y porque es mucho mejor que se descarguen el disco y lo escuchen atentamente. Hay una canción en la que ella va a hablar con un músico para decirle que le gustó lo que escuchó y explica algunas cosas que le iba a decir, pero el pinta prefiere irse a fumar un cigarro afuera. Es excelente. La melodía tiene tres notas. De la canción tal vez más lograda (“Nuestro perro fiel”) en cuanto a la interacción de la que hablaba (entre música y letra) sólo diré que es una forma muy poética y humorística de contar una historia de infidelidad en reiteración real, en la que el uso del recurso de mostrar los sentimientos a través de imágenes oblicuas alcanza su punto más alto.

Uy, me pasé como mil caracteres. La dejo por acá. Escuchen este disco.1   

1.   Yo tenía una vida,  Feel de Agua, 2018.

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