Escribo estas líneas para tratar de entender una confluencia de desastres que pueden cifrarse en una palabra: Milei. Esas calamidades, como suele ocurrir con lo real-argentino, han sido profusamente espectacularizadas, y es por eso que para los uruguayos no es sencillo salvar las distancias del que balconea con un poco de conmiseración y convencido de que esas cosas acá no pasan. Tampoco es fácil eludir el tópico que consiste en declarar que para un compatriota la Argentina (o su metonimia, el peronismo) resulta incomprensible. Yo quiero ensayar aquí una aproximación: un tanteo que tal vez permita ver a Milei como sintomatología y, entonces, vislumbrar qué procesos o degradaciones generaron ese síndrome expresionista.
Nietzsche también tenía problemas con las mujeres y una relación enrarec...
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