Pa’ que agite todo el mundo - Brecha digital

Pa’ que agite todo el mundo

La uruguayita, Sondor, 8.438-2, 2017.

La uruguayita, Sondor, 8.438-2, 2017.

Parece ser muy joven. Viene haciendo un carrerón en el circuito folclórico uruguayo. En el festival de Durazno de 2017 Anita Valiente fue premio Revelación, y en el de este año ganó el premio máximo, el Charrúa de Oro. Firmó con una marca de ropa –que la viste para cada uno de sus shows– y con el sello discográfico Sondor, que tiene la mayor tradición uruguaya en el sector folclorístico.

Mañana sábado 1 en la sala Zitarrosa, a las 21 horas, va a dar inicio a su nueva gira nacional, Bailar la vida. En la foto promocional, al igual que en la de la tapa del disco, aparece con el rostro hacia arriba, los ojos cerrados y una contagiosa sonrisa eufórica que sugiere algo así como si estuviera recibiendo y disfrutando intensamente la energía positiva del cielo. Ella produce algo del efecto de cuando surgió Soledad Pastorutti: el folclorismo está asociado a tradición, pero ella, además de dominarlo como si fuera mayor, le insufla el entusiasmo, el agite, la alegría y la imagen de una estrella pop juvenil (casi un oxímoron contenido en su propio nombre: el diminutivo Anita seguido del adjetivo “valiente”).

Canta muy bien, está respaldada por músicos competentes, el disco suena. Anita figura como coautora de un par de temas, y por lo demás interpreta composiciones ajenas. Algunas parecen haber sido escritas especialmente para ella (“La uruguayita” termina convocando “pa’ que agite todo el mundo y la canten con Anita”). Es interesante constatar qué distante está su visión de folclore de la que tenían los grandes referentes históricos uruguayos de los sesenta: es como si Lauro Ayestarán nunca hubiera existido. La idea de folclore que este disco propone vuelve a ser un rebote de la movida mucho más poderosa del folclorismo argentino. Anita no recurre a ningún género rural específico de nuestro territorio, y todas las referencias musicales están en ritmos hemiólicos argentinos, pero utilizados bajo el paradigma de representar “lo propio”. “La uruguayita” y “Canción para el río Uruguay crecido” son chacareras; “Peligro de amor” es una composición de autoría del santafecino Jorge Milikota, y “Abre los ojos, amor”, de Aníbal Sampayo, es una litoraleña.

Los arreglos combinan lo acústico y lo eléctrico, pero además el ámbito estilístico busca abarcar distintas zonas del entretenimiento popular. Hay acercamientos al pop, al melódico, a lo tropical, al candombe, componiendo un menú completo para evocar el terruño y la identidad. La propuesta se redondea con sentimientos amorosos, una excursión por el barrio Sur y un poco de bailongo. No hay de esas hondas letras reflexivo-filosóficas de un Lena o un Zitarrosa, ni tampoco la elaboración poética que era moneda corriente en el folclorismo de antaño. Los temas bailables incluyen acentuaciones incorrectas que aparecen mucho en letras melódicas, como “corázon”, y frases pensadas para situaciones de levante (“yo sería capaz de darte tanto amor que ni te lo imaginas”, “toma conmigo este tren, yo te invito a viajar”). La balada pop “De oro y plata”, curiosamente, se apoya en imaginería rural (“los arrozales”, “aquel tordillo que anda pechando el freno”, “mi bombilla”). “El calor del cielo” es otra balada pop, pero en este caso tiene sutiles elementos de zamba. “Todo este amor” suena a candombe de comparsa, pero “Bailar la vida” puede verse también como un candombe adaptado a la pisada más terrestre del tropical uruguayo. “La uruguayita” aparece en dos versiones: una con el sonido más de chacarera pop a la manera del grupo argentino Los Nocheros, y otra como chacarera tradicional acústica (Anita tiene la garra suficiente como para imponerse también cantando así). “Canción para el río Uruguay crecido” es la única canción que alude a las vicisitudes prácticas del trabajador del campo. En la voz de Anita Valiente y en un disco en el que predomina el amor de pareja, la canción gana una interesante potencialidad metafórica: el río que avasalla e inunda, a quien ella le habla, puede ser el varón objeto de su amor. Ese río/hombre ingrato que se llama Uruguay, podría ser el país mismo.

 

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