Todo empezó con un trapo y la leyenda «Las Malvinas son argentinas» después del triunfo de la selección albiceleste ante Inglaterra en la semifinal del Mundial de fútbol. Fue la chispa que encendió una variante rara de nacionalismo que voló desde el estadio de Atlanta, en Estados Unidos, para desparramarse como consigna en las calles argentinas. Menos de un mes más tarde, «La patria no se vende» se sumó al grito malvinero en las afueras del Congreso cuando el jueves 6 el Senado trató el proyecto de ley sobre inviolabilidad de la propiedad privada. El proyecto inicial del gobierno era tremendo. Contenía, por ejemplo, disposiciones que autorizaban a cada provincia a vender hasta el 25 por ciento de su territorio a ciudadanos o empresas extranjeros, incluso en zonas de frontera. Otras apuntab...
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