¿Qué hay de nuevo sobre el mayo del 68? - Semanario Brecha
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Libro. de Camille Gapenne

¿Qué hay de nuevo sobre el mayo del 68?

Desde hace décadas, ríos de tinta han sido escritos sobre el mayo francés de 1968. Los sucesos ocurridos en París durante ese año bisagra en la historia de la Guerra Fría suscitaron, desde ese mismo momento, la producción de una enorme cantidad de artefactos culturales dedicados a intentar comprenderlo, extraer enseñanzas políticas para el futuro o incluso revalorizar la experiencia desde el plano estético o artístico. En el ámbito académico, una extensa renovación bibliográfica se ha encargado de descentrar el eje de análisis de la capital parisina y ha analizado la experiencia de protesta del 68 como un fenómeno global, incluso latinoamericano, con sus especificidades y temporalidades particulares. Hace pocos años, en 2018, durante su 50 aniversario, como sucede con frecuencia con las efemérides, se produjo de nuevo un boom de análisis, eventos conmemorativos y charlas políticas en gran parte de América Latina, Europa y Estados Unidos.

Dicho esto, ¿qué novedad puede presentar un nuevo libro sobre el mayo del 68 en el Uruguay? La obra de la historiadora francesa Camille Gapenne, resultado de su tesis doctoral y publicada el año pasado tras haber obtenido el premio Tesis de Historia otorgado por la Asociación Uruguaya de Historiadores, supone una gran novedad para el campo académico nacional y también para los estudios globales sobre la «experiencia transnacional del 68».

El libro no es un estudio sobre las dinámicas de los disturbios parisinos ni tampoco sobre el desarrollo de las protestas que tuvieron lugar en Montevideo de forma contemporánea, sino que es, fundamentalmente, un estudio sobre la construcción del mayo francés como evento mediático desde el momento de su explosión hasta sus reverberaciones años después. Fruto de un profundo trabajo de archivo, tanto en Francia como en Uruguay, Gapenne analiza fuentes diversas: medios impresos, documentación diplomática, correspondencia privada, producciones audiovisuales, archivos de partidos políticos y de gremios, con el objetivo de evidenciar cómo el acontecimiento francés se convirtió en objeto de información y análisis de los medios masivos de comunicación, así como también de revistas político-culturales o de sectores políticos como el Partido Comunista Francés y el Partido Comunista de Uruguay.

Dividida en tres partes, la obra inicia con un análisis de los meses de mayo y junio de 1968, momento del estallido de la protesta parisina y el de mayor circulación de información, en particular a través de los medios masivos de comunicación. Posteriormente, se detiene en el semanario Marcha y su cobertura y narrativas sobre el acontecimiento desde 1968 hasta 1971. Por último, examina revistas, libros, afiches y eslóganes que, desde 1968 hasta 1974, impulsaron diversas miradas e interpretaciones sobre el tema.

Volviendo al asunto de las novedades que presenta el libro, me gustaría resaltar dos en particular. Para entender cómo un evento se construye mediáticamente en los años sesenta, Gapenne desarrolla un panorama extenso y complejo sobre los medios de comunicación en el contexto de la Guerra Fría cultural en América Latina y su rol como herramienta para diseminar noticias, ideas y propaganda. En este marco, repasa la situación material de los medios de comunicación en el Uruguay de esa década y profundiza en sus vínculos con canales de información y contenidos procedentes del extranjero. El análisis permite ver la situación de dependencia informativa de los medios de comunicación uruguayos como El País, El Debate, Acción, El Popular o Extra, con relación a las grandes agencias de prensa –en lo que atañe a las noticias internacionales–, lo que muestra los medios materiales a través de los cuales la prensa diaria uruguaya dependía de infraestructuras tecnológicas sustentadas por empresas privadas o gobiernos nacionales extranjeros (como la agencia francesa Agence France-Presse o la estadounidense United Press International). De esta manera, el libro exhibe la estructura de un sistema mediático que consolidaba a las principales potencias mundiales como centros de producción de información y circulación hacia el resto del mundo, y cómo ello repercutía también en concreto en Uruguay.

Marcha y su francofilia

La otra novedad interesante se encuentra en la segunda parte del libro, en la que se detiene en un proyecto cultural y político específico, actor fundamental del campo intelectual latinoamericano de los largos años sesenta: el semanario Marcha. Sobre el semanario uruguayo se podría decir algo similar a lo ocurrido sobre el mayo francés, en tanto que ha sido un reiterado objeto de estudio en numerosos libros y artículos. Sin embargo, en este caso la virtud de la historiadora reside en focalizarse no solo en las ideas desarrolladas en el semanario sobre el mayo francés, sino en su estudio como objeto transnacional, inserto en redes de personas, revistas y editoriales a lo largo de múltiples regiones del mundo. Su atención a la condición material de la circulación de ideas, estudiando sus proyectos editoriales, cinematográficos o también su amplia red de corresponsales, permite reconstruir la contingencia en la construcción del acontecimiento por parte del semanario. Y la contingencia es aquí una parte clave del análisis: hay un especial reparo, por ejemplo, en cómo afectó la huelga general francesa, que paralizó también la circulación de información desde Francia al resto del mundo en el abastecimiento de información que Marcha recibía a través de una de sus corresponsales en el país.

Por último, Gapenne se centra en el análisis del conocido latinoamericanismo de Marcha, pero también en su menos estudiada francofilia, fruto –fundamentalmente– de la estrecha relación de Carlos Quijano con el país europeo, algo que provocó tensiones y movimientos en las posiciones del semanario sobre cómo informar y analizar lo que estaba sucediendo.

El libro implica un aporte muy importante, que permite vislumbrar la masiva y también duradera mediatización del mayo francés, al tiempo que revela la existencia de una multiplicidad de interpretaciones y representaciones en Uruguay. Variados actores, medios y soportes en la circulación de la información dan la medida de la importancia del 68 como una experiencia transnacional y aportan elementos para el análisis de la compleja relación entre cultura, información y política en el contexto de la Guerra Fría cultural. Pero, además de todo ello, la obra es también un buen ejemplo sobre cómo mirar, interpretar y problematizar un pasado altamente revisitado por el arte, la política y la academia, y todo ello a partir de preguntas de investigación y problemas historiográficos innovadores.

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