Revolución militar - Semanario Brecha
La apuesta de Estados Unidos a la ia para competir con China

Revolución militar

Estados Unidos protagoniza una revolución militar con la inteligencia artificial en tierra, mar, aire y espacio, así como en drones y robots, apostando a la ventaja que le da respecto a China para contrarrestar su desventaja en capacidad industrial.

Miembros del Batallón de Ingenieros en Oregón, Estados Unidos, durante la tarea de acoplar un torpedo Bangalore a un dron. US Army, Mayor Wayne Clyne.

La inteligencia artificial (IA) fue introducida en 2017 en las fuerzas armadas estadounidenses por el coronel de inteligencia de Marines Drew Cukor y su equipo, todos excombatientes de las guerras posteriores al 11 de setiembre de 2001 frustrados con las derrotas y con la burocracia del complejo industrial-militar, según reveló la periodista de Bloomberg Katrina Manson. Manson tuvo un insólito y amplísimo acceso a los más altos mandos estadounidenses sobre aspectos reservados de esta transformación tecnológica de la estrategia militar para el libro que publicó a fines de 2025: Project Maven: A Marine Colonel, His Team, and the Dawn of AI Warfare («Proyecto Maven: un coronel, su equipo y el alba de la guerra de la IA», aun sin traducción al español).

Cukor obtuvo la colaboración de gigantes tecnológicos de Silicon Valley como Microsoft, Amazon y Google por fuera del aparato de suministros del Pentágono y de las tradicionales empresas fabricantes de armamentos (Lockheed Martin, Northrop Grumman, Boeing, Raytheon, BAE Systems). Su objetivo era hacer visible el campo de batalla, penetrar la neblina de la guerra utilizando grandes modelos de lenguaje entrenados con millones de datos provenientes de satélites, radares, censores y directamente del terreno para ubicar blancos, procesarlos y destruirlos con rapidez, acortando exponencialmente la cadena de matar y aniquilar. Esta tecnología se fue perfeccionando en operaciones militares y de combate de las fuerzas especiales en Somalía, Afganistán, Irak, Siria y Yemen, y en la colaboración con Israel y Ucrania.

Desde la invasión rusa de Ucrania en febrero de 2022, Maven fue utilizada para seleccionar blancos rusos para las fuerzas militares ucranianas, reveló Mason en su libro ya de referencia sobre la IA y la guerra. Con anterioridad, la plataforma permitió a Donald Trump y sus mandos seguir en directo en sus pantallas la eliminación por comandos estadounidenses del líder del Estado Islámico Abu Bakr al-Bagdadi junto a cuatro mujeres y un hombre, en octubre de 2019, en la aldea siria de Barisha, donde fue ubicado gracias a la IA. En enero de 2020 pudieron seguir al general iraní Qasem Soleimani desde su salida del aeropuerto de Bagdad hasta el disparo del misil que lo asesinó.

Israel desarrolló su propia plataforma de IA, Lavender, utilizada masivamente en sus bombardeos de Gaza (véase «Máquinas de matar», Brecha, 19-IV-24).

En la guerra de 12 días que Israel lanzó contra Teherán entre el 13 y el 24 de junio de 2025, Lavender le permitió destruir defensas antiaéreas iraníes en la primera jornada de ataques y luego bombardear sus sitios nucleares conocidos e instalaciones, así como perpetrar asesinatos selectivos de mandos militares y de científicos. Estados Unidos contribuyó el 22 de junio con el ataque de tres sitios nucleares iraníes gracias a sus superbombas.

El 28 de febrero Estados Unidos e Israel lanzaron una demoledora ofensiva aérea contra Irán en medio de negociaciones diplomáticas. Pero si bien quedó demostrada la capacidad ofensiva de los dos países, potenciada por las plataformas de IA (The Economist habló de una guerra «hipermoderna»), también quedaron en evidencia sus limitaciones. Los objetivos de la guerra eran un rápido cambio de régimen y el fin del programa nuclear iraní, que no fueron alcanzados. Irán contraatacó con misiles y drones a Israel, a las bases estadounidenses y otras instalaciones en los países árabes del Golfo y Jordania, y, sobre todo, bloqueó el estrecho de Ormuz, por donde transita el 20 por ciento del petróleo y el gas que consume el mundo.

La guerra asimétrica que se instaló en el golfo Pérsico empantanó a Estados Unidos y frustró a Israel, que pretendía demoler la capacidad productiva de Irán y provocar su desmembramiento, como ya había ocurrido con Irak, Siria y Libia.

Mientras tanto, la guerra de Ucrania entró en su quinto año. China la sigue atentamente, y, aunque no envía armamento, ayuda a su socia Rusia tras el fracaso de su ofensiva inicial de 2022, que debía hacer caer el gobierno de Kiev en pocos días.

Según The Economist, Estados Unidos ya sabía que Rusia iba a invadir y advirtió a Ucrania, que cambió de lugar sus defensas antiaéreas. Rusia no disponía de una plataforma de IA como Maven, que le hubiera permitido rectificar sus blancos.

Estados Unidos, además, le ha mostrado a China todo lo que no puede hacer Pekín en la actual correlación de fuerzas: ni reincorporar a Taiwán a la soberanía china, ni organizar un bloqueo petrolero como el que sufre Cuba, ni secuestrar «a la venezolana» al presidente independentista taiwanés Lai Ching-te, ni atacar a los navíos que llevan armas a su isla rebelde, ni ocupar militarmente islas que rodean sus costas.

Paradójicamente, la administración guerrerista de la superpotencia militar, aun con supremacía en tierra, aire, mar y espacio, con bases alrededor de China y Rusia y otras partes del mundo, con las flotas más poderosas de portaaviones y submarinos nucleares, y más del doble de ojivas, optó por la estabilidad estratégica, porque carece de una base industrial que le permita considerar siquiera una guerra con China. Pekín tiene la mayor base industrial del mundo y se arma con rapidez. Además, las guerras de Ucrania y de Irán vaciaron los arsenales de Estados Unidos en sistemas de defensa antiaérea, misiles, municiones de artillería, y el país carece de capacidad de producción para reemplazarlos en el mediano plazo.

Estados Unidos precisa ganar tiempo para una eventual confrontación con China si esta llegase, de todos modos, a invadir Taiwán. El Pentágono consideraba inicialmente que China estaría en condiciones de atacar la isla en 2027, lo que actualmente descarta dada la desventaja que China tendría en IA aplicada a la guerra.

China cuenta con empresas de IA como DeepSeek, que en enero de 2025 impactó con su chatbot, mucho más barato que los estadounidenses y de open source (código abierto). Las grandes tecnológicas chinas cooperan entre sí y con el ejército, pero el país aún no puede fabricar los chips más avanzados, que Estados Unidos prohíbe exportar a la potencia asiática a su diseñador, Nvidia, la empresa más rica del mundo, valuada en 5 billones de dólares.

El Ejército chino no ha estado involucrado en combate en la última década, lo que ha limitado su experimentación con IA aplicada a la guerra.

EL PROYECTO MAVEN

El libro de Katrina Manson da la impresión de haber sido publicado en el marco de la campaña de disuasión emprendida por Estados Unidos contra China, por lo que revelan las altas fuentes militares que cita. La periodista cuenta que preguntó el año pasado a un alto mando estadounidense si toda la alharaca de los últimos tiempos en torno al proyecto no sería una operación de inteligencia y propaganda destinada a intimidar e inhibir a Pekín. El oficial le respondió que, si bien no fue intencional, desde luego que tuvo ese efecto.

La guerra contra Irán de este año fue la demostración práctica de las capacidades de Maven.

Manson escribe que la iniciativa fue lanzada en 2017 «ostensiblemente para utilizar visión computacional para analizar miles de horas de video filmadas por drones a lo largo de Asia y Oriente Medio», pero quien la ideó e impulsó, el coronel Cukor, siempre quiso usar la IA para mucho más que vigilancia. «Desde el inicio se apuntó a ubicar blancos, gente y objetos, para dispararles con la ayuda de la IA», señala Manson.

Cukor reclutó compañías de alta tecnología. Amazon Web Services y Microsoft desarrollaron algoritmos para Maven. Nvidia, la diseñadora de los chips más avanzados, estuvo en el proyecto desde el inicio. Anthropic y OpenAI se involucraron con el Pentágono porque precisaban poderosas fuentes de datos y de computación para sus plataformas de IAG (inteligencia artificial generativa). Google y Microsoft, que ya trabajaban en defensa, las absorbieron. Palantir renació gracias a Maven.

La introducción de grandes modelos de lenguaje (GML) en una plataforma inspirada en Maven Smart Systems (MSS) fue realizada en 2025 por las empresas Anduril y Microsoft. La plataforma, llamada Thunderforge, permite que la IA desarrolle prototipos de campañas de combate y de planificación de decisiones militares, escribe Mason. La periodista cita a un funcionario de inteligencia geoespacial para quien la visión computacional permitió pasar de menos de 100 blancos diarios a 1.000, y, con la incorporación de GML, de 1.000 a 5 mil.

Casi diez años después de su fundación, los sistemas para la toma de decisiones desarrollados por Maven y algunos de los otros 800 proyectos de IA del Pentágono fueron utilizados en los campos de batalla. MSS, la plataforma de software que desarrolla blancos con la ayuda de la IA, está hoy desplegada en las seis armas de las fuerzas estadounidenses en todo el mundo, incorpora más de 150 fuentes de alimentación de datos y el trabajo de más de 50 compañías.

La OTAN adoptó MSS en la primavera boreal de 2025. En octubre pasado, diez países miembros de la alianza adquirieron versiones nacionales.

Maven apunta a desarrollar armas autónomas que ubican blancos, los procesan y disparan sin intervención humana, según Mason.

La política del Departamento de Defensa sobre autonomía no dice nada sobre la intervención humana en o sobre los mecanismos de la IA. Establece únicamente que se requiere que comandantes y operadores ejerzan «niveles apropiados de juicio humano sobre la utilización de la fuerza», destaca la periodista.

LA CARRERA CON CHINA

Antes de su encuentro con su par chino Xi Jinping en mayo, Trump llevó adelante operaciones y ataques militares que le permitieron exhibir el poderío de sus fuerzas armadas. Trump y Xi se pusieron de acuerdo en «una relación constructiva de estabilidad estratégica» y el presidente estadounidense se plegó a la única condición del chino: no alentar una declaración de independencia de Taiwán.

La carrera armamentista con China se desarrolla sobre todo bajo el agua, el único ámbito en el cual Estados Unidos le saca ventaja a China en el plano tecnológico y que tiene un papel fundamental en la disuasión nuclear.

La inteligencia estadounidense estima que China podría alcanzar a Estados Unidos en este sector antes de 2031. La carrera es para lograr el máximo sigilo bajo el agua de submarinos cargados de misiles balísticos con cabezas nucleares. Pekín tiene dificultades con esta tecnología. Estados Unidos cuenta con la flota de submarinos nucleares con la mayor ventaja tecnológica, superior a la de Rusia, aunque comparable cuantitativamente. Los submarinos nucleares desempeñan un papel clave en caso de ataque nuclear, porque aseguran un segundo golpe de respuesta.

La Marina estadounidense dispone de una plataforma, Replicator, que incorporó mucho del modo operativo de Maven y a varios de sus efectivos, indica Manson. Pekín trabaja desde 2017 en su propia red de sensores acústicos, conocida como la Gran Muralla Submarina, y drones submarinos para operar en las dos cadenas de islas que rodean sus costas.

El Pentágono encargó a dos grandes tecnológicas, Anduril y L3Harris Technologies, desarrollar una embarcación dron para la guerra con China, informó Mason, y explicó que a Estados Unidos le falta capacidad industrial, tecnología, doctrina y entrenamiento para utilizar los drones. Ucrania consume 4 mil drones al día, tantos como produce el Departamento de Defensa estadounidense en un año. Por cada dron comercial que produce Estados Unidos, China fabrica 100. La capacidad de construcción naval de China es 230 veces superior a la de Estados Unidos.

El Pentágono aumentó su presupuesto de 2026 para sistemas autónomos a 13.400 millones de dólares. El déficit en drones ha alimentado una nueva generación de start-ups de defensa. En una de ellas, Unusual Machines, tiene inversiones Donald Trump Jr.

Uno de los sistemas de armamentos letales autónomos de que dispone la Marina estadounidense es Goalkeeper, que libera en el agua o en el aire «municiones merodeadoras expedicionarias» buscadoras de blancos. Cuando los detectan, los destruyen.

Los peligros

El espectro de la guerra en megaciudades, con drones y robots autónomos disparando a toda velocidad a una escala nunca imaginada, debería ser una pesadilla para la humanidad. La conducción de la guerra desde consolas con armamento automatizado separará al soldado del acto de matar. La guerra se transformará en algo similar a un videojuego, vaciada del traumatismo de matar y del miedo a morir.

La IA y la guerra autónoma ya han dado muestras de su letalidad con el medio millón de soldados rusos y ucranianos muertos en Ucrania o los más de 75 mil palestinos muertos en Gaza en menos de tres años. Los bombardeos rusos en Ucrania mataron a 15 mil civiles.

La Convención de Ginebra de 1949 y el derecho consuetudinario humanitario internacional requieren que los atacantes distingan entre combatientes y civiles, y prohíbe ataques que puedan a sabiendas matar cantidades «excesivas» de civiles.

En su libro Project Maven, la periodista Katrina Manson cita al secretario de Defensa de Estados Unidos, Pete Hegseth, cuando escribió en The War on Warriors: «Nuestros muchachos no deben combatir con reglas escritas por hombres dignificados en cuartos de caoba hace ochenta años».

Estados Unidos considera a la IA una contribución positiva a la guerra y se opone a regulaciones. China –ubicada por detrás de Washington en este terreno– pide a su vez que todos los países –en particular los de mayor poderío– se abstengan de usar su superioridad militar absoluta a través de la IA y afecten los intereses de seguridad de los demás. Reclama también alcanzar un consenso sobre el tema y evitar una carrera armamentista, que se respete la ley, se reduzcan las bajas colaterales y se aumente la seguridad, la confianza y el control de las tecnologías de IA.

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